

LA VOLUNTAD VALE MÁS
QUE UNA INTELIGENCIA
AGUDA
Los padres de Felipe le inculcaron la
importancia de tener hábitos de estudio
y ser responsable. Esto le sirvió para ser
constante y terminar la enseñanza básica
sin mayores problemas.
En 1ºmedio, se desempeñó sin dificultades.
Situación que cambió drásticamente
cuando en el colegio se hizo una
reestructuración que trajo como resultado
la llegada de una nueva directora, que
además hacía clases de matemáticas en
enseñanza media.
No solo cambió la gente que dirigía la
escuela, también la actitud y el corazón
de los que trabajaban allí. “Yo no sabía qué
pasaba, pero empecé a sacarme notas rojas,
esto también les ocurrió a mis compañeros
del ‘Sendero’ que habían entrado al colegio
conmigo. Como uso anteojos, siempre me
sentaba adelante, así podía ver mejor,
escribir todo y hacer preguntas al profesor
cuando no entendía. El día que entró la
nueva directora a la clase, me miró raro
y preguntó: ‘¿Qué hace ese niño aquí?’,
apuntándome. Yo no sabía por qué decía
eso”, recuerda Felipe. Al terminar ese año,
él repitió de curso.
De nada le sirvió trabajar con una psicóloga
educacional cuya misión era apoyar a los
niños y a la vez trabajar con los profesores
del colegio. “A Felipe siempre le daban
libros más cortos para que los alcanzará
a leer, porque lo que interesaba era su
comprensión lectora. Recuerdo que le
pidieron leer la Odisea y la Ilíada, libros
muy abstractos y complejos. La psicóloga
y yo hablamos con la profesora y no hubo
caso”, agrega Trinidad. Durante ese año,
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Junto a dos kinesiólogas, participa
activamente en la hipoterapia de niños
con Síndrome de Down.