

Logros que fueron posibles porque contaron
con la asesoría de la educadora diferencial
y especialista en audición y lenguaje, Mary
Gross, quien tiene una vasta experiencia
en niños con Síndrome de Down. “Nos
ayudó y nos guío todo el tiempo, porque la
idea era que los niños entraran al colegio
escribiendo, sumando y restando. Felipe
lo hizo y trabajaba como cualquier niño
de su edad, desarrollando las habilidades
cognitivas y motoras correspondientes”,
comenta Trinidad Gutiérrez.
En 1998 ingresó al Colegio Concepción
de Temuco, donde el director Domingo
Corea abrió las puertas a otros cinco niños
con Síndrome de Down. A pesar de que
la escuela no contaba con un proyecto
de integración en ese tiempo, había
una educadora diferencial para ayudar
a los niños con necesidades educativas
especiales.
“Felipe no tuvo Prekínder ni Kínder, entró
directamente a 1º básico. Nuestro objetivo
en la agrupación era que llegara más
adelantado que sus compañeros de curso”,
explica su madre.
Efectivamente, llegó muy bien preparado
en términos académicos, lo que
contribuyó a que sus compañeros nunca
hicieran diferencia con él ni con José
Daniel, otro niño con Síndrome de Down
que fue compañero de ellos hasta quinto
básico.
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En la Escuela Llaima, dicta talleres
donde aborda temas como el
crecimiento de las plantas. Siempre
usa material concreto con sus alumnos.