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“Es así como un educador va motivando y

creando conocimientos en sus alumnos,

dedicándoles tiempo, conversando con

ellos, mirándolos a la cara cuando hablan.

‘Tía lo logré, tía lo hice’, esa alegría en sus

caritas es lo que me llevo a mi casa. Es ahí

cuando me doy cuenta que el tiempo que

dediqué a planificar valió la pena”, afirma

sonriente.

INCLUSIÓN

PREESCOLAR

Los niños en estos niveles son sensibles en

cuanto a su desarrollo cerebral, la evolución

y aprendizaje de emociones e interacciones

sociales. Por esta razón es que en la sala de

Kínder no existen los sobrenombres. ¿Cómo

se erradicó esa situación? Los alumnos

aprendieron a tratar a sus compañeros

por el nombre, si existen dos o más chicos

con el mismo, se les debe llamar por su

nombre y apellido. Una sencilla medida,

que ha ayudado a eliminar por completo

los apodos que aluden a las condiciones

físicas o que menoscaban.

Para Úrsula es muy importante conversar

con sus alumnos. Está consciente que

obviamente influye en ellos lo que

escuchan en sus casas y por eso, explica,

el colegio trabaja muy de cerca con los

apoderados en temas como la integración

en la sala. Asimismo, se preocupa de

arreglar las situaciones de conflicto de

forma inmediata, porque tiene claro que

si les sucede algo a los pequeños ellos

inmediatamente lo comentan en su casa

y generalizan, aun cuando el problema

haya ocurrido una sola vez. “Siempre me

molestan en el colegio” es una frase que

grafica muy bien esto, según la docente.

Por otra parte, los chicos especialmente

en la edad preescolar imitan los

comportamientos de los adultos a su

alrededor, por eso es tan importante

reforzar las actitudes positivas ante los

demás. “Debemos estar atentos a las

señales de los niños, si uno de ellos está

caminando solo en el patio yo lo invito a

jugar. Así, cuando los demás se dan cuenta

que la tía está con ese niño, también

quieren jugar con él. Después, yo me salgo

de la actividad y veo que todos quieren

interactuar con ese compañero que nadie

había visto”, señala.

Además, a pesar de su corta edad hablan

mucho entre ellos. Úrsula recomienda a

los padres apagar la TV y sus celulares,

sentarse a comer y conversar. Dice que es

la instancia para preguntarles: ¿Cómo te

fue en el colegio?, ¿Qué hiciste hoy? “Todos

merecen ser escuchados, más allá de lo que

aprendieron en la clase. Quizás alguno no

comprendió tanto, pero sí practicó cómo

ser perseverante”, recalca.

Hay pequeños que son indiferentes cuando

ven llegar a sus padres después del trabajo.

No se acercan a saludarlos. En cambio otros

gritan de felicidad. La educadora cree que

hay que lograr que todos los niños corran

a abrazar a sus padres, que les cuentan

sus cosas, porque si no al crecer se van

a dar cuenta que su familia no sabe nada

de ellos, y entonces comenzarán a confiar

más en los amigos o en cercanos, fuera de

su núcleo afectivo. “Es el inicio de muchos

problemas en la adolescencia, porque los

padres no saben quiénes son sus amigos”,

concluye.

“Debemos estar atentos a las

señales de los niños, si uno de ellos

está caminando solo en el patio

yo lo invito a jugar. Así, cuando

los demás se dan cuenta que la

tía está con ese niño, también

quieren jugar con él. Después, yo

me salgo de la actividad y veo que

todos quieren interactuar con ese

compañero que nadie había visto”.

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PROTAGONISTAS

REVISTA REVEDUC

MINISTERIO DE EDUCACIÓN

Nº 378 /2017