

En marzo de 2006 hizo un reemplazo en
la oficina de contabilidad de la Sociedad
de Instrucción Primaria de Santiago (SIP),
tuvo contacto con docentes y decidió
dar un vuelco: se matriculó en Educación
Parvularia, en la Universidad Arturo Prat.
Una vez que aprobó su examen de grado, la
SIP le dio la oportunidad de trabajar en uno
de sus colegios. Ella no lo dudó e ingresó
al Colegio Rafael Sanhueza Lizardi, donde
hizo su práctica como educadora y trabaja
hasta hoy, destacando por su entusiasmo,
energía y capacidad innovadora.
Esto le ha valido ser elegida la mejor
profesora del establecimiento. Una
distinción otorgada por sus pares como un
reconocimiento al excelente desempeño,
compromiso con el proyecto educativo,
capacidad de liderazgo y trabajo en equipo.
Muy emocionada, participó en una sentida
ceremonia en el Liceo Bicentenario donde
recibió la medalla institucional.
EDUCANDO PARA
REVERTIR FUTUROS
Para esta docente de 33 años, trabajar
con niños es la instancia donde se puede
moldear sus habilidades y potenciarlos, de
modo que ellos después puedan decidir lo
que quieren para sus vidas. “Yo era de las
alumnas que ayudaba a mis compañeros a
estudiar para las pruebas y con las tareas,
para mí era muy importante motivarlos
para que aprendieran bien”, comenta.
Aficionada a la cocina y al patinaje, esta
educadora divide sus tiempos, ya que
su quehacer como maestra le demanda
muchas horas del día. “Para mí es
fundamental preparar material para mis
clases y planificar, no me gusta copiar lo
que hicimos el año pasado. Creo que ahí
está la gran desventaja de algunas de mis
colegas, cuando me dicen: ‘No se me ocurre
qué hacer para mis clases’. Creo que eso
sucede porque se han acostumbrado a
repetir lo del año anterior y no a innovar.
“Para mí es fundamental preparar
material para mis clases y
planificar, no me gusta copiar lo
que hicimos el año pasado”.
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