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“LA CIENCIA

DE LOS NIÑOS

NO ES LA CIENCIA DE

LOS LABORATORIOS”

Las propuestas del “Lab 0_6” están

hechas con material cotidiano. “Somos

conscientes de que en las escuelas no hay

grandes laboratorios ni mucho dinero. La

ciencia de los niños no es la ciencia de

los laboratorios, es la ciencia cotidiana,

de las cosas que pasan, que nos hacen

surgir preguntas. Entonces, el material que

usamos siempre es muy fácil de conseguir”,

explica Montserrat Pedreira.

Pero, al mismo tiempo, ese material

cotidiano es de calidad pues, tal como

destaca la experta, los niños merecen igual

que los adultos que las lupas funcionen, que

no estén rayadas, que los legos tengan las

piezas que deben tener y que todo esté en

buenas condiciones.

“Si bien estas experiencias funcionan sin

que nadie diga a los niños qué hacer, actúan

bajo su criterio, tampoco deben ser un caos

porque entonces no tenemos espacios de

aprendizaje. Tiene que haber un cierto clima

de tranquilidad que favorezca que se puedan

concentrar en aquello que les ha llamado la

atención. Ése es un aspecto importantísimo

que debiera conseguirse”, afirma.

Algunos requisitos que deberían tener

todas las propuestas o actividades para

convertirse en experiencias de aprendizaje:

1)

Constituir un desafío para los niños,

donde el juego cumple un rol crucial.

“Hemos descubierto que una propuesta

con reto, con sorpresa, con misterio,

con pregunta, siempre engancha más

a los niños. Y el juego es una actividad

natural de ellos, por lo tanto nos

interesa muchísimo que lo vivan como

un juego”, señala Montserrat Pedreira.

2)

Tener un concepto científico detrás.

Por ejemplo, en un acuario, se busca

que los niños se hagan preguntas sobre

las relaciones entre los seres vivos y su

medio: ¿Los peces son todos iguales?,

¿Cómo pueden vivir adentro del agua?,

¿Los peces hacen caca o pipí?, ¿Cómo

puede vivir una planta adentro del

agua? En otras actividades el concepto

científico será la luz o la relación entre

el peso y el movimiento.

3)

Tener sentido para los niños sin

que ellos tengan que esperar que

venga un adulto para saber qué

hacer.

Cada actividad por sí misma

debe sugerir a los niños una serie de

posibles acciones.

El adulto debe tener una intención

clara de qué quiere que suceda con

cada propuesta. “Una pregunta que me

encanta para las educadoras de infantil

es: ‘¿Qué quieres que pase con esa

actividad?’ Así, puede valorar el material

y lo puede cambiar si es necesario.

Entonces, tenemos que tener claridad

al respecto, pero esto no debe ser tan

reestrictivo en términos de suponer que

el niño solo puede apretar un botón o

una palanca como ocurre en algunos

museos interactivos. No queremos

eso. Queremos una propuesta que de

posibilidades de respuestas abiertas, y a

menudo posibilidades que nos sorprendan

porque los niños no siempre hacen lo que

nosotros queremos”, dice la experta.

Por otra parte, en “Lab 0_6” se han

incorporado también actividades para

niños de primer ciclo básico. Por ejemplo,

una estructura con partes fijas y canales

que se mueven, donde al interior puede

transitar una pelota. “Si vemos a una

niña ahí, veremos que con la mirada está

anticipando por donde quiere que vaya la

pelota. En ese momento en que hay una

intención de intervenir la realidad con una

finalidad, entendemos que aquí ya no hay

juego exploratorio, sino experimentación

entendida como procedimiento científico:

tengo una intención, actúo sobre la

realidad, miro qué pasa, veo si consigo lo

que quiero y voy actuando, modelando

mi acción, hasta conseguir lo que quiero.

Esto nos interesa muchísimo en los niños,

queremos que hagan experimentación

también. En definitiva, que tengan

múltiples oportunidades de exploración y

de experimentación”.

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