

Por ello, cuenta que en su universidad
(UManresa, en Cataluña) han puesto
en marcha un proyecto -que la llena de
orgullo- y que consiste en la creación de
un espacio de ciencias, llamado “Lab 0_6”,
abierto para niños y niñas de hasta seis
años. Son 200 m
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en los cuales instalaron
variadas propuestas o actividades, todas las
cuales tienen que ver con el ámbito de la
ciencia. Por ejemplo: un arenero está lleno
de conchas y restos de animales que viven
en el mar. También hay un lugar lleno de
rocas, otro con lupas y una biblioteca con
libros y otros materiales.
“¿Qué entendemos nosotros por un espacio
de ciencia? Pues sencillamente un espacio
configurado, que se dispone por propuestas
que se encierran en sí mismas, fáciles de
modificar y donde los niños tienen libre
elección, es decir, van a donde quieren,
con quien quieren y el rato que quieren –
afirma la investigadora-. Esto requiere una
intervención del adulto, no en el sentido de
‘yo para todo’, sino respetando lo que hacen
los niños porque estamos convencidos que
ellos son capaces e inteligentes, por eso
actúan de manera decidida y a veces nos
sorprenden. Si tratamos de entenderlos,
siempre hay una lógica detrás de lo que
hacen. El adulto debe mirar mucho a los
niños y decidir cuando intervenir y cuando
no”.
Ese tipo de reflexiones fueron hechas en
el marco del seminario internacional “El
pensamiento científico en la formación
inicial y permanente de educadores
de párvulo”, a cargo del profesor Mario
Quintanilla y organizado por la Facultad de
Educación de la PUC (Pontificia Universidad
Católica de Chile). Participaron también
como expositoras Nora Bahamondes
(Argentina) y Rosa Nidia Tuay Sigua
(Colombia), quienes al igual queMontserrat
dieron a conocer las últimas tendencias
internacionales para acercar la ciencia a
los niños desde la primera infancia.
ESPACIOS
GENERADORES DE
CONOCIMIENTO
Según Montserrat Pedreira, en Cataluña
existe un movimiento importante de
innovación en las escuelas, y “una de las
cosas que ha comenzado a ocurrir es el
abandono de los conceptos ‘mi sala’,
‘mis niños’, ‘mi tiempo’ para pasar a
modificar una parte del tiempo escolar y
convertirlo en momentos en que las salas
se transforman en espacios temáticos: de
ciencia, de arte o de expresión corporal. Los
niños circulan por éstos de manera libre
y van actuando con los materiales que
encuentran. Esto ha sido un cambio muy
gratificante para las maestras y los niños
que lo viven de manera positiva”.
La preocupación de la experta es que este
cambio no se puede hacer de cualquier
manera. “No porque alguien ponga cuatro
hojas, un poco de arena y un juego con agua,
se estará haciendo ciencia con los niños. El
desafío es cómo hacemos para que estos
espacios de ciencia, donde los niños actúan
con libre elección, se conviertan en sitios
realmente educativos”, señaló.
“Tenemos que romper la idea de
que aprender tiene que ver con
el silencio. Los niños están en
movimiento y eso no tiene por qué
ser sinónimo de caos. Si les dicen que
su clase es ruidosa, hay que defender
la actividad diciendo que es ‘ruido de
calidad’, porque es ruido orientado al
aprendizaje”.
Montserrat Pedreira Álvarez,
Doctora en Educación (España)
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