

La educación parvularia con las instituciones y
formas que conocemos, fue creada en el ámbito
occidental hace más de 300 años como parte
del establecimiento de la educación moderna
sustentada en paradigmas y metodologías
construidas a partir de bases científicas. Así, se
estudió al párvulo con sus características propias,
se descubrió que el juego era fin y medio, que la
familia era constituyente básico del trabajo, y
que la forma básica del aprendizaje tenía que ser
concreta y vivencial para que construyeran sus
aprendizajes. Esta pedagogía fue la que llegó a
Chile en el siglo XIX, y que dio origen a las primeras
experiencias (1864, Escuela de párvulos en el
Municipio de Santiago, de inspiración francesa),
y posteriormente a las influencias froebelianas,
montessorianas y decrolianas.
Desde fines del siglo XX, en el ámbito histórico-social
y de construcción del conocimiento, una nueva etapa
ha empezado a tener lugar en el mundo. Identificada
con diversos nombres, en términos generales, la
postmodernidad es un período que pretende
ir más allá de los avances de la época moderna
que construyó sus bases científicas generando
universalidad de los planteamientos, y la certeza
no cuestionable de las verdades que se descubrían.
A ello se agregó en el caso de la pedagogía, una
limitada participación de los actores involucrados en
los proyectos, por ser materia de expertos.
María Victoria Peralta, educadora de párvulos y directora
del Instituto Internacional de Educación Infantil (IIDEI) de la
Facultad de Educación de la Universidad Central, asegura
que este enfoque educativo ha estado presente en el país
normativamente desde las Bases Curriculares de 2001 y se
mantieneen laactualizaciónquesehahechoenestegobierno,
aunque destaca las dificultades para su implementación
debido a la limitada concepción de educación parvularia
existente en gran parte de la sociedad chilena.
La necesidad de avanzar a
una educación parvularia
postmoderna
OPINIÓN
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