

Las pandemias
en la historia de
la humanidad
El término pandemia se asocia con peste, azote, agelo, plaga, infección, tiempo
de crisis, oscuridad y muerte. La palabra –que deriva del griego “pan” (totalidad)
“dem” (gente)–, desde mediados de siglo XVIII el idioma español la adoptó para
aludir a “una enfermedad contagiosa que afecta a la población humana en un área
geográ camente extensa”. A la luz de esta de nición hoy el Covid 19, provocado
por el coronavirus SARS Cov-2 y que se ha propagado en casi la totalidad de los
países del mundo, es claramente una pandemia.
Revista de Educación •
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ultura
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Cuadro "El Triunfo de la Muerte" de Pieter Bruegel. Foto dominio público, Wikipedia.
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Revista de Educación •
Cultura
L
os estudiosos de la historia y los científicos coinciden
en una inapelable realidad: las pandemias han azota-
do a la población humana desde que hay vestigios.
Un ejemplo es la peste de Atenas, año 430 a.C, época
del gran estratega de la guerra del Peloponeso, Pericles.
Se dice que el mal entró por el puerto El Pireo, donde se
comercializaba toda la mercadería que consumían los ate-
nienses. Ésta causó más muertes que la situación bélica que
mantenían con Esparta.
”El individuo se veía súbitamente preso de un violento
dolor de cabeza, los ojos se veían rojos e inflamados, la
lengua y la faringe asumían aspecto sanguinolento, la respi-
ración se tornaba irregular y el aliento fétido. Luego el dolor
se localizaba en el pecho, aparecía una tos violenta y cuan-
do atacaba el estómago provocaba náuseas y vómitos con
regurgitación de bilis…la mayor parte moría a los 7 o 9 días
consumido por el fuego interior. Los pájaros y los animales
carnívoros no tocaban los cadáveres a pesar de la infinidad
de ellos que permanecían insepultos. Si alguno lo tocaba
caía muerto”, es el crudo relato de Tucídides en su obra “La
guerra del Peloponeso”.
Más adelante hubo muchas más pestes. Durante el
Imperio Romano (27 a.C al 476 d.C) famosa fue la peste
“antonina”, llamada así por el emperador Marco Aurelio
descendiente de la familia de los antoninos, ésta provocó
estragos matando a millones de personas. No había forma
médica de combatirla. Se extendió a toda Italia y a la Galia
(Francia). El médico y filósofo griego Galeno describió los
síntomas: “ardor inflamatorio en los ojos, enrojecimiento sui
generis de la cavidad bucal y de la lengua, aversión a los
alimentos, sed inextinguible, temperatura exterior normal,
contrastando con la sensación de abrasamiento interior,
piel enrojecida y húmeda, tos ronca, signos de flegmasía
laringobronquica, erupciones y fístulas, diarrea, agotamiento
físico, gangrenas parciales y separaciones parciales de ór-
ganos, perturbación de las facultades intelectuales, delirio
tranquilo o furioso y muerte entre el día 7 o 9. Una de las
víctimas de la plaga fue el propio Marco Aurelio.
Otra, descrita por el obispo de Cartago, es una peste
originada en Egipto y que se expandió con rapidez a Grecia
e Italia en el siglo III a.C: “Se iniciaba con un fuerte dolor de
vientre que agotaba las fuerzas. Los enfermos se quejaban
de un insoportable calor interno. Después les venía angina
dolorosa, vómitos acompañados de dolores en las entrañas,
los ojos inyectados en sangre. Unos perdían la audición y
otros la vista”. En Roma y en ciertas ciudades de Grecia mo-
rían cerca de 5 mil personas por día.
En Oriente, en tanto, aparece la temida “Plaga de Jus-
tiniano” (542 d.C), que pasó de Egipto a Palestina y luego
los barcos se encargaron de extenderla a todo el territorio
imperial, tanto oriental como accidental. Se describe como
una fuerte fiebre acompañada de hinchazones bubónicas en
las axilas, detrás de las orejas y en los muslos. Los enfermos
caían en un coma profundo o en estado delirante. Algunos
morían rápido, otros duraban unos días y varios se lanzaban
al agua en ataques frenéticos. Se estima que esta pandemia
redujo la población del Imperio Romano a la mitad, ya que
acarreó consigo oleadas de epidemias de otros males como
la influenza, viruela, disentería bacilar, cólera y difteria.
LOS ESTRAGOS DE LA PESTE BUBÓNICA O PESTE
NEGRA (1347 A 1382)
Arribó desde el Oriente por Venecia, ciudad muy comercial.
En algunas zonas la peste, que se caracteriza por la infla-
mación de los ganglios linfáticos o bubones, produjo una
mortandad del 60 al 90% de quienes la contrajeron. Los
cronistas de la época hablan de que desapareció una cuarta
parte, la mitad o incluso nueve décimas partes de la pobla-
ción. Se convirtió así en uno de los brotes más mortales en
la historia de la humanidad.
Fue tremendamente letal y hubo mucha ignorancia
respecto a ella, según relata el historiador argentino, Felipe
Pigna: “Hubo una matanza de gatos, asociados a Lucifer
que se creía habían traído el mal, lo que propició una proli-
feración de ratas y éstas transportaban pulgas con el vector
(virus o bacteria que la provocaba). Y agrega que esa fue
una época muy dogmática, todo lo que no se entendía se
le achacaba a Dios y cualquier posible respuesta, a la mala
Cuadro "Máscara Peste Negra del Doctor Schnabel von Rom".
Foto dominio público (versión color), Wikipedia.