

HITOS DE LA
EDUCACIÓN
El 6 de febrero pasado se cumplieron 140 años de
la promulgación del llamado “Decreto Amunátegui”,
que facultó a las mujeres chilenas para optar a
un título universitario. El hito ocurrió durante el
gobierno del presidente Aníbal Pinto y su principal
actor fue el Ministro de Justicia e Instrucción
Pública, Miguel Luis Amunátegui, quien gestionó y
sacó adelante este mandato que dio derecho a las
mujeres chilenas a estudiar en la universidad igual
que los hombres.
La insistente petición de Isabel Lebrun de Pinochet
y Antonia Tarragó, directoras de los dos liceos
femeninos particulares más importantes de
Santiago, al Consejo de Instrucción Pública, logró
ser escuchada y, durante el verano de 1877 el
ministro Amunátegui dictó el anhelado decreto.
Sin embargo, no fue instantáneo, porque el
deficiente nivel académico de los liceos femeninos
en las materias y en la profundidad de los
contenidos que se enseñaban, hacía muy difícil
que las alumnas aprobaran el examen de admisión
ante la Universidad de Chile. Se ajustó entonces
el currículo escolar femenino, que incluyó las
asignaturas de: aritmética, gramática castellana,
geografía general y física, historia universal,
francés, inglés, filosofía, química, historial natural,
cosmografía, entre otras.
Este cambio curricular dio pie a la fundación de
liceos fiscales para mujeres. El primero fue el Liceo
Nº 1 de Valparaíso (1891) y el segundo el Liceo Nº
1 de Santiago (1894). Pero aún faltaba otro paso, ya
que estos planteles eran destinados a la enseñanza
de jóvenes de las capas altas de la sociedad. Recién
en 1906 se creó el primer establecimiento que
se enfocaba en los grupos medios: el liceo Nº 5
de Santiago, ubicado en la calle San Diego. Era
gratuito y alentaba a las mujeres a insertarse en
el mundo laboral como profesionales o dueñas
de un oficio.
Cuatro años después de la promulgación del
decreto, Eloísa Díaz rindió con éxito la prueba
de admisión e ingresó a estudiar medicina en la
Universidad de Chile convirtiéndose, en 1887, en
la primera doctora chilena y sudamericana. Poco
después, ese mismo año, se recibió de médico
Ernestina Pérez y le siguieron: Matilde Troup,
abogada en 1892; Dorila González, profesora
universitaria en 1895; María Griselda Hinojosa,
farmacéutica en 1899 y Justicia Espada, ingeniera
civil en 1919. Los datos dicen que entre 1900 y
1935 el número de graduadas universitarias subió
del 1% al 19%.
Por otra parte, también hubo mujeres de sectores
medios y bajos que se especializaron en oficios más
domésticos. En 1877, el ministro Amunátegui firmó
otros dos decretos que permitieron la creación
de dos escuelas taller en el Departamento de
Valparaíso. La primera ofrecía clases de costura
y otras labores de mano; y la segunda, enseñaba a
hacer cigarros de hoja y papel.
En 1887 la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA)
presentó al gobierno un proyecto para abrir dos
escuelas: una de artes y otra de oficios paramujeres.
Finalmente, al año siguiente y por razones de
presupuesto, se creó una sola que reunía ambos
intereses: la “Escuela de Artes y Oficios para
Mujeres”, en el gobierno del Presidente JoséManuel
Balmaceda. En sus comienzos impartía las siguientes
asignaturas: comercial, modas, lencería y costura,
bordados, guantería, cartonaje y marroquinería,
cocina, lavado y planchado y dibujo. Eran ramos
muy distintos de los impartidos por la Escuela de
Artes yOficios para hombres, creada en 1849. En este
ámbitoquedaba aún un largo camino por recorrer.
RE
MUJERES A LA EDUCACIÓN SUPERIOR
DECRETO AMUNÁTEGUI:
Foto: Colección Museo Histórico Nacional.