Ciencias

Roxana Nahuelcura: LA DOCENTE QUE LIDERA LA CIENCIA CON SUS ESTUDIANTES

19/02/18 por reveduc

Su destacada carrera como profesora de Biología en el Liceo de niñas Nº1 Javiera Carrera, de Santiago, la ha forjado con perseverancia y trabajo. Esto la ha hecho destacar con sus alumnas en dos proyectos, que las han llevado a hacer ciencia a otro nivel, encabezando proyectos innovadores, con los cuales han viajado hasta Estocolmo, Suecia, a representar a Chile al certamen “Junior Water Prize”, donde fueron ganadoras.

 

El taller partió el 2012, con la idea de hacer proyectos de ciencia, después del horario de clases. Este se dicta hasta hoy, una vez por semana. “El único requisito para asistir a sus clases es tener las ganas de investigar y aprender”, advierte.

Entre las estudiantes que se inscribieron en su taller estaban Andrea Arias y Antonia Campos, ambas de 2º medio. Ellas hoy en conjunto con su profesora de biología están desarrollando un proyecto innovador. Se trata de una acuciosa investigación, a partir de la cual han logrado aislar genes de una bacteria llamada (f. nucleatum) cancerígena, con lo que podrían llegar a determinar la presencia de cáncer colorrectal en las personas. Proyecto que en este momento aún se encuentra en su etapa experimental.

La novedosa idea partió a raíz de unos “Kits” de toma de muestras que tenía el profesor José Manuel Pérez, de la Universidad Andres Bello. Él ofreció estos sets para que las alumnas investigaran y obtuvieran muestras de piel de mucosa de la boca de las personas, para luego analizar las diferentes tipos de bacterias, quedando en las manos de las estudiantes el seguir indagando sobre el tema.

Partieron estudiando la incidencia en el estómago de las personas del lácteo “Chamyto”. Luego de eso la microbiota del intestino (conjunto de bacterias que vive dentro del conducto intestinal) y todos los comportamientos que éste adopta cuando la persona ingiere alimentos. En paralelo, Andrea y Antonia tuvieron la posibilidad ser parte de una Academia de Biotecnología Escolar, impartida por BioClass. Programa dirigido por Ana Elola y Rodolfo Ávila, ambos ingenieros en biotecnología, quienes son apoyados por la Escuela de Ingeniería en Bioquímica de la Universidad Andres Bello, CORFO y Fundación Chile entre otros. En esta instancia, los alumnos y docentes que participan tiene posibilidades de trabajar en laboratorios de la UNAB y además aprenden ciencia moderna, técnicas de biología molecular, ingeniería genética y microbiología.

“En la academia éramos 12 equipos de colegios y dos niñas por colegio. Y de los doce equipos, todos tenían que exponer sus ideas en la ceremonia final. Nosotros tuvimos la suerte, de ser elegidas y dimos a conocer nuestro proyecto en el auditorio de la UNAB, frente a profesores y público general”, cuenta la docente y agrega: “Esta experiencia fue una muy buena oportunidad para ellas, ya que les permitió experimentar y ahondar en su investigación de una forma más teórica”.

Esta incursión en la investigación formal les dio el impulso que les faltaba.  “Ahí fue cuando nos surgió la idea de hacer una investigación bibliográfica a una bacteria, al seguir la pista nos dimos cuenta que ésta estaba presente en el colon y en la boca y además pudimos determinar que en realidad son dos tipos de bacterias y que poseen diferentes características. Luego quisimos edificarla en el cuerpo humano”, explica Antonia. Así surgió la idea de tomar muestras intestinales a través de las deposiciones con la ayuda de los “Kits”.

 

 Las alumnas  Andrea Arias y Antonia Campos

 

De esa manera la investigación de un mes y medio comenzó a dar sus primeros frutos. Luego de leer y buscar los comportamientos de esa bacteria, que es poco común en el cuerpo humano,  el profesor José Manuel  les ayudó con el planteamiento y el aspecto formal de la idea. El principal objetivo era detectar la enfermedad antes que se reproduzca y además, poder disminuir la incidencia del cáncer colon rectal en una fase inicial. Proyecto que finalmente denominaron “Biosensor de Fusobacterium nucleatu”.

“La bacteria a analizar por mis alumnas tiene un componente silvestre (normal) y uno patógeno, pero los genes de ésta se ven a través de una proteína, la cual se marca y con una luz ultravioleta se puede reconocer su gen. Si ésta reacciona ante la florescencia, podríamos tener la presencia de genes patológicos. Esto prendería una luz de alerta ante el paciente para que ponga mayor atención en sus hábitos alimenticios”, explica la profesora. “Pero para llegar a ese resultado, las niñas proponen “hacer” esa proteína, la que se puede hacer. Y para esto estamos buscando un laboratorio y financiamiento con el fin de comprar los materiales faltantes”, advierte.

La profesora y su grupo de investigación saben que les falta mucho por hacer e investigar, y concretar nuevas muestras en el colon, para asegurar que la proteína se adhiera al gen que se requiere y no a otro, ya que las estudiantes saben que si eso ocurre pueden producirse falsos positivos.

Las alumnas esperan continuar con su proyecto y seguir asistiendo al taller. Andrea, por su parte, desde niña sintió que le interesaba la ciencia: “Mis padres siempre me dieron el apoyo y tuve las herramientas para seguir investigando, a pesar de que hubo gente que me incitaba a hacer otra cosas con mi tiempo. Nunca perdí el gusto por la ciencia y cuando entré al taller de la profesora Roxana, me di cuenta que eso era lo que yo quería hacer”. Andrea al terminar el liceo, estudiará Microbiología.

Antonia también recibió el mismo apoyo de su compañera. Sus padres jugaron un rol crucial en su incursión en el mundo de la ciencia. Su madre es profesora, por ende se encarga de motivar pedagógicamente a su hija reforzando algunas materias de estudio. Si bien su familia es más ligada al arte, ella siente que lo suyo son los números y la investigación científica, aunque todavía no tiene claro una carrera específica.

Dentro de este año esperan conseguir mayores avances en la investigación y al mismo tiempo tienen la intención de brindar ayuda social para salir del colegio promoviendo la ciencia. “Me interesaría hacer ciencia en lugares inimaginables, para entregar conocimiento a personas que no lo han tenido. Los mismos talleres que llevo a cabo aquí en el liceo, hacerlos en otros colegios de la comuna o a párvulos de Santiago, creo que eso sería un gran aporte”, señala Roxana.

 

DE ALUMNA A DOCENTE

Roxana fue alumna del liceo donde hoy trabaja. Volver al establecimiento que la vio crecer no fue por azar. Ella quería desarrollarse en el campo de la ciencia, le interesaba retribuirles a las estudiantes del liceo todo lo aprendido. Su primer acercamiento fue en la Cruz Roja, allí  se inscribió cuando estaba terminando 4º medio, allí aprendió lo básico de medicina, lo cual no le gustó del todo, ya que colocar inyecciones no estaba en sus planes.

Luego de esa experiencia decidió estudiar biología porque se dio cuenta que era lo que más le apasionaba, aunque presentía que al terminar la carrera no le sería  fácil encontrar un trabajo, ya que el campo laboral es reducido. En ese momento, pasó por su cabeza estudiar Pedagogía en Biología en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE). “Preferí especializarme bien en la parte pedagógica, porque las herramientas que entrega la carrera son increíbles, por eso me alegra mucho haber estudiado en el pedagógico, en ese ámbito me siento segura”, señala.

Gracias a su elección esta maestra, que ahora tiene 42 años, se convirtió en la segunda profesora de su familia. Parte de su entusiasmo y metodología la adquirió de su prima mayor, quien también es docente y como Roxana tiene facilidad para las manualidades, desde chica le ayudaba a hacer adornos para la sala de clases.

Ideas que replica hasta hoy. Cada vez que tiene jefatura de curso se dedica a decorar y a preparar material para todas sus clases, confiesa que es la mejor forma de demostrar su amor por enseñar.

La didáctica es una de sus aliadas a la hora de crear ambiente de aprendizaje. Esta metodología la acompaña con dibujos explicativos alusivos a la materia tratada, por ejemplo tarjetas con definiciones de conceptos, que les ayudan a las estudiantes a entender mejor. “No siempre llevar a los alumnos al laboratorio me asegura tener buenos resultados. Uno como docente debe ser capaz de desarrollar un pensamiento científico en la sala de clases, sin necesidad de que siempre sean actividades fuera de ella”, relata.

Al conversar con ella se nota su amor por la ciencia, y su compromiso por enseñar también. Es acreedora de una sensibilidad especial para guiar a sus estudiantes, sin dejar afuera a quienes no son las mejores alumnas del liceo. Para ella, eso no es lo más importante, sino el interés que sus  discípulas puedan tener.

Roxana cree que un profesor debe aprender a identificar la mirada y la forma de aprendizaje de su estudiante, ya que así estará al tanto, si ese alumno aprende mejor a través de dibujos o su aprendizaje puede ser más bien formal, mediante el uso de apuntes, libros o películas relativas a la asignatura.

 

VIAJE A ESTOCOLMO 

 El experimento “Biosensor de Fusobacterium nucleatu” no es el único proyecto con gran impacto que Roxana Nahuelcura ha liderado. Durante el año 2012, cuando partió el taller, junto a sus alumnas Omaira Toro y Naomi Estay, fueron ganadoras del concurso “Junior del Agua”, organizado por la Dirección General de Aguas, del Ministerio de Obras Públicas.

Al ser las vencedoras del certamen, tuvieron la posibilidad de asistir a la competencia mundial del “Junior Water Prize” en Estocolmo, Suecia. Las dos alumnas de 17 años, del Liceo Nº1 Javiera Carrera, presentaron el proyecto “Búsqueda de microorganismos antárticos capaces de degradar fenantreno para uso en biorremediación de suelos y aguas contaminadas con hidrocarburos aromáticos policíclicos”. Idea que tenía el propósito de aminorar el impacto del petróleo en las costas de chile.

En el concurso las estudiantes junto a la docente enfrentaron proyectos de más de 30 países, siendo Chile el país vencedor, obteniendo US$ 5 mil dólares y el reconocimiento de la Princesa Victoria de Suecia.

Pero este no fue el único concurso donde ambas participaron, con Roxana y el doctor en bioquímica José Manuel Pérez, del Centro de Bioinformática y Biología Integrativa de la Universidad Andrés Bello. El grupo también fue parte del campamento científico “Kimlu” de la Fundación Ciencia Joven, en donde obtuvieron un galardón en la Feria Antártica Escolar del Instituto Antártico Chileno, lo que les permitió viajar a la Antártica el año 2013.

En la actualidad, Naomi Estay estudia Medicina y Omaira, Recursos Naturales. Cada vez que pueden vuelven al liceo a ayudar a la profesora en el taller, “para retribuir de alguna forma toda el conocimiento que están adquiriendo”, aseguran.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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