Historia

Revista de Educación: aniversario N° 92

07/12/20 por reveduc

Este mes, en un nuevo aniversario, ya suma un total de más de 600 ediciones, que constituyen un valioso patrimonio educativo, cultural e histórico a nivel nacional. Su edición N° 1 circuló en diciembre de 1928, bajo la dirección de Tomás Lago y la dependencia de la Subsecretaría del Ministerio de Educación.

¿Sabía usted que uno de los impulsores de la instauración del Premio Nacional de Literatura fue Tomás Lago, el primer director de la Revista de Educación? Efectivamente, este escritor chileno, pionero en la protección y difusión del patrimonio cultural, fue uno de los mentores de esta idea, junto a Joaquín Edwards Bello, Manuel Rojas y Rubén Azocar.

La iniciativa se propuso al Presidente Pedro Aguirre Cerda, quien ordenó la elaboración de un proyecto de ley, pero esto se interrumpió por la muerte del mandatario. El anhelado premio tuvo lugar en 1942, bajo la presidencia de Juan Antonio Ríos, quien dictó la ley N° 7.368 que lo hizo posible.

No es raro que Tomás Lago tuviera interés en una iniciativa como ésta. Él fue miembro fundador de la Sociedad de Escritores de Chile (1932) y de la Alianza de Intelectuales de Chile. Y fue justamente en la Sociedad de Escritores de Chile donde surgió con fuerza la inquietud por la orfandad social en la que vivían los escritores chilenos. Esa orfandad a la que aludían se refería básicamente a la incapacidad de vivir de sus derechos editoriales y de ser parte de los trabajadores que no estaban protegidos por las leyes previsionales y que no contaban con beneficios asistenciales.  Por ello, esa entidad, respaldada por un círculo de parlamentarios de avanzada y un grupo de intelectuales con cargos en el gobierno, se abocó a la tarea de preparar un pre-proyecto que finalmente se tradujo en el Premio Nacional de Literatura.

Pero los intereses de Tomás Lago eran más amplios: fue fundador y director por años del Museo de Arte Popular Americano, autor de Rugendas pintor romántico de Chile, Arte Popular Chileno y de otros documentados trabajos de indiscutible valor cultural. Su famoso ensayo El huaso (1953), aborda las costumbres campesinas desde una perspectiva histórica y antropológica, y “se convirtió en una obra de referencia obligada para el conocimiento de la cultura tradicional chilena”.[1]

En la Revista de Educación trabajó junto a Isaías Cabezón, precursor del oficio de cartelista en Chile; ambos figuran como “directores”, pero Isaías permaneció en ese cargo solo unos meses, mientras Lago se desempeñó en esa tarea hasta 1931.

LA PRIMERA REVISTA DE EDUCACIÓN

En este ejemplar, que data de 1928, Tomás Lago publicó una entrevista memorable que él mismo le hizo en Buenos Aires al español José Ortega y Gasset, uno de los más grandes filósofos del S. XX.

Allí el entrevistado cuenta que su hijo, de 17 años, parece un americano y no tiene el menor interés por saber lo que ocurrió con los griegos durante el siglo de Pericles y se pregunta: ¿qué puede importarle a él la sabiduría clásica, entre los campos de sport y sus novelas de aventura? Luego, reflexiona sobre el fenómeno generacional en Europa y asegura que está empezando una era inédita en la historia del mundo.

Lago le pregunta acerca de la posibilidad de contar con un arte americano y conversan sobre la falta de tradición de los pueblos y su impacto en el ámbito artístico, la modernidad que se ha puesto de moda en el Viejo Continente y la realidad chilena en ese contexto.

También le pide al filósofo su opinión acerca de la “Escuela Activa” o “Escuela Nueva”. Un tema en boga en aquella época, en que las ideas del norteamericano John Dewey, impulsor de esta corriente, seguían causando controversia. Dewey afirmaba que cuando el niño llega al aula ‘ya es intensamente activo y el cometido de la educación consiste en tomar a su cargo esta actividad y orientarla”’.[2]

Al respecto, Ortega y Gasset señaló:

“Yo no creo que se pueda contestar a primera vista: la escuela activa es buena o la escuela activa es mala. Estas cosas no tienen ningún valor tomadas en abstracto. Eso sí, considero un error que porque un sistema da gran rendimiento en una parte, se le aplique a fardo cerrado en otra. Especialmente la educación necesita para cada caso un método particular”.[3]

Cabe recordar que la Escuela Activa era entendida como “‘un lugar que tendría el mínimo de salas, sólo las indispensables para ciertas clases que requieren escritorios. La verdadera enseñanza se daría en los talleres y en los campos de cultivo y de crianza, la verdadera escuela sería la que más se acerque a la naturaleza, la que tuviera el cielo por techo y el césped y la arena por pavimento, el horizonte por ventana y las flores, los frutos y los insectos, y los árboles por libros de estudio’”.[4]

PRIMERA ÉPOCA: LAS DÉCADAS DEL 30 Y DEL 40

Una de las principales funciones de la Revista de Educación en esta etapa fue ser un medio de formación docente. En 1930, cuando inauguró su sección “Consultorio Pedagógico”, explicitó que el objetivo de esa sección era ayudar a los maestros “en la técnica de los diferentes sistemas de la Escuela Nueva, en la realización de algún proyecto educacional, en los procedimientos, etc”.

Cerrada durante 1932, fue rápidamente reinstalada en 1933 bajo el segundo gobierno de Arturo Alessandri, con el objetivo de contribuir a la formación técnico-pedagógica y especialización del profesorado nacional.

“Dirigida por individuos comprometidos, como Moisés Mussa, quien asumió su dirección a mediados de 1933 y César Bunster, autor del famoso texto escolar “El niño chileno” y quien fuera su director hasta 1941, en sus páginas se publicarían constantemente textos de exponentes de la Escuela Nueva como María Montessori, Ovide Decroly y, evidentemente, John Dewey”.[5]

1. Moisés Mussa Battal

Educador de origen árabe. Ingresó a la Escuela Normal de Preceptores, posteriormente Escuela Normal Superior “José Abelardo Nuñez”. Luego al Instituto Pedagógico, graduándose de Profesor de Estado en Castellano y Filosofía, en 1925.

Dos años después ganó una beca y partió a EE.UU. donde obtuvo el Master of Arts y el Diploma de Profesor de Educación en la Universidad de Columbia de Nueva York. Y en 1928 recibió el grado de Doctor en Filosofía y Letras, en la Universidad Central de Madrid.

En Chile fue jefe de la sección pedagógica del Ministerio de Educación, jefe del Departamento de Enseñanza Normal, designado por don Claudio Matte, y director de la Revista de Educación desde 1933 a 1937.

Consciente de que era fundamental enfrentar el mayor problema del país, el educacional, una constante en su trayectoria fue la búsqueda de soluciones en ese ámbito. De ahí que trabajó intensamente junto a Darío Salas para hacer realidad la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria y producir un cambio total en la enseñanza. Pocos años después, aparece como uno de los impulsores -desde la Asociación General de Profesores- de la reforma integral de 1928.

Con ocasión de un artículo publicado en la Revista de Educación de diciembre de 1982, solicitado a la profesora Gertrudis Muñoz de Ebensperger, para rendir un homenaje a quien fuera uno de sus directores, ella destaca:

“Me parecen muy justas las palabras que el Ministro de Educación, señor Álvaro Arriagada Norambuena, le dedicó en su discurso de celebración N° 100 de esta publicación oficial, el miércoles 8 de septiembre de este año en la Biblioteca Nacional y que transcribo textualmente:

Cuando proyectamos esta reunión, pretendíamos rendir un homenaje a este gran maestro y agradecerle personalmente su tarea como director de la revista durante los cuatro últimos años de la primera época. Desgraciadamente, su existencia se apagó en los últimos días del mes de julio. La Revista de Educación a la cual entregó su esfuerzo y su entusiasmo, se siente heredera de su palabra y de su ejemplo, y se proclama a sí misma como una acción más entre aquellas que son fruto de su enseñanza y de su magisterio’”.[6]

2. César Bunster Calderón

Profesor y abogado, ya siendo estudiante de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, ingresó a las tareas periodísticas.

Posteriormente realizó sus estudios de Pedagogía en Castellano y Educación Cívica. Fue autor de varias obras de teatro. Y durante las presidencias de Pedro Aguirre Cerda y de Juan Antonio Ríos estuvo a cargo de la Subsecretaría del Ministerio de Educación. Previo a eso, ejerció como director de la Revista de Educación.

En su aniversario N° 78, la propia Revista le dedica un artículo donde destaca una nota de Claridad, de 1923. Allí se lo define como “una personalidad de artista, por sobre todas las cosas, es este muchacho austero que sabe el valor del silencio y del orgullo. Desde temprano huyó asqueado de la plaza pública, donde se comercia con las cosas del espíritu”.[7]

“Este joven estudiante llegó a ser uno de los más importantes catedráticos de Literatura Universal del Instituto Pedagógico; famoso era su difundido curso de Historia del Cuento Universal, que contaba cada año con más de 200 estudiantes. Distinguidos profesores, como Juan Durán Luzio y Grínor Rojo de la Rosa, se formaron bajo su alero. En la primavera de 1923, César Bunster publica en Claridad un poema, titulado Elogio, una alabanza de la naturaleza”.[8]

Una anécdota muy ilustrativa de cómo era Bunster es la siguiente, también publicada en el artículo precedente: caminaba por la Alameda cerca de Teatinos, rumbo al Ministerio de Educación, cuando decidió lustrarse los zapatos. “El muchacho que lo hacía tatareaba canciones mientras hacía relucir el calzado. Don César llevó al joven a la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, que a la sazón dirigía Domingo Piga, porque notó en él un don artístico. El joven se convirtió en un gran estudiante, llegó a ser director de teatro, y un cantautor de nota, que murió trágica y valientemente en 1973; se trataba de Víctor Jara”.[9]

MARÍA MONTESSORI Y MUCHOS OTROS EXPONENTES

Personajes tan distinguidos como Gabriela Mistral, Hernán Díaz Arrieta (Alone), Ricardo Latcham, Luis Durand, Mariano Latorre, Marta Brunet, Nicomedes Guzmán, Joaquín Edwards Bello, Darío Salas, Moisés Mussa, Roberto Munizaga, Amanda Labarca, Luis Gómez Catalán, Juan Gómez Millas, Luis Galdames, Guillermo Feliú Cruz y Eugenio Pereira Salas, entre muchos otros próceres de la educación chilena, tuvieron su espacio en la Revista de Educación.

Y a nivel internacional, también se hicieron presentes personalidades como Federico Froebel, Jean Piaget y el ya mencionado Dewey. Y así se empezó a dar forma a la llamada “Primera Época” de la Revista de Educación, que se extendió hasta 1941.

Años más tarde, en 1949, la publicación realizó incluso un homenaje a Dewey por sus 90 años y en ese mismo número se “publicó el Credo Pedagógico del educador norteamericano Leopoldo Seguel -quien no había estudiado con Dewey en Teachers College, pero sí había tenido como tutor a Hollis Caswell-, quien fue enfático en señalar que el pensamiento de Dewey podía verse reflejado en momentos clave de la historia reciente de la educación chilena, como el Primer Congreso de Educación Secundaria de 1912, la Asamblea Pedagógica de 1926, la Reforma Educacional de 1928, la fundación del Liceo Experimental Manuel de Salas de 1932 y el Plan de Renovación Gradual de Educación Secundaria de 1945”.[10]

Cabe señalar que en la década del 30 la Revista tuvo una circulación discontinua. “Probablemente fuera reflejo de la etapa de retroceso general que vivió la educación chilena como efecto de la inestabilidad política y la crisis económica y del financiamiento público”[11], señala el docente e investigador Iván Núñez Prieto, Premio Nacional de Ciencias de la Educación 2015. Resalta que en ese período tuvo lugar la caída del régimen de Carlos Ibáñez del Campo (1931), el “crash” de 1929 y el quiebre de la industria salitrera.  

“La inversión pública en educación cayó gravemente, deteriorando todos los indicadores de desarrollo educacional, en un contexto de fuerte crisis en la calidad de vida de los chilenos. Agréguese a lo anterior que el gobierno de Arturo Alessandri llevó a cabo una política conservadora en materia educacional. En estas condiciones, mantener una Revista de Educación fue casi un milagro”[12], concluye.

GABRIELA MISTRAL, LA COLABORADORA ESTRELLA

Si hay alguien que ha traspasado el límite impuesto por los tiempos, incluso el de su propia muerte, y se ha hecho presente a lo largo de toda la historia de la Revista, ésa es Gabriela Mistral (1889 – 1957).

Este ejemplar corresponde a los N° 69, 70 y 71, que abarca el período de marzo de 1957 a diciembre de 1958.

La poetisa falleció justamente en 1957, el 10 de enero, a los 67 años, a causa de un cáncer al páncreas. Aún cuando escribió en su testamento que quería morir en su “amado pueblo de Montegrande”, donde vivió desde los tres a nueve años, eso no fue posible.

Además, en la Revista de Educación N° 326 de 2006 -número especial con el que se celebraron los 78 años de la publicación-, quedaron plasmadas sus impresiones en el Congreso de Protección a la Infancia efectuado en Ginebra (Suiza) en 1928, donde participaron “franceses risueños y ordenados; alemanes cargados de folletos; polacos muy ansiosos de contar la nueva Polonia pujante; ingleses y yanquis”[13].

En ese texto ella daba a conocer su profunda admiración al educador suizo M. Adolfo Ferriere, quien pese a no asistir al evento envió a su prima para leer un resumen de su trabajo sobre las escuelas al aire libre. Para la poetisa, este hombre, sordomudo, era de otro planeta y trabajaba con vehemencia para un mundo que desconocía gracias a una suerte de poder de “adivinación sobrenatural del él, haciéndose a puro anhelo una especie de duplicación de los sentidos que le faltan”.[14]

Y sería justamente en la Revista de Educación N° 326 donde ella también aborda cómo se puso en funcionamiento una escuela granja en México, luego de su estadía en ese país en 1923.

Y casi 50 años después de su muerte, la Revista de Educación le dedicó un número especial a la poetisa. “El 2007 culminó glorioso para nosotros y para ella. Más de dos toneladas de material mistraliano, procedente de Estados Unidos y perfectamente transportado en cajas especiales, fueron oficialmente recibidos en Chile. Gabriela se posa una vez más en su patria. Esta vez más misteriosa y contundente que nunca”, concluye la editorial e invita a los lectores a conocer a una Gabriela Mistral, íntima y total.

LA SEGUNDA ETAPA

La primera portada de 1941 destaca el lema: “Gobernar es Educar”, escrito sobre la caricatura de lo que podría ser una profesora o una alumna. La frase, como es de público conocimiento, la acuñó el Presidente de la República el 24 de abril, mientras pronunciaba un discurso en la Universidad de Chile.

Pero desafortunadamente, por diversas razones, la Revista quedó suspendida en el tiempo.

Siete años después, en octubre de 1948, fue retomada en el gobierno de Gabriel González Videla y el N° 50 fue recibido con aplausos por parte de los profesores de todo el país y mereció positivos comentarios de la prensa:

“En sus ocho años de existencia, la Revista de Educación ha desarrollado una magnífica labor de divulgación y orientación en materia educacional. Sus columnas han estado también abiertas para todo cuanto lleva una manifestación literaria o científica, lo que se ha evidenciado con la publicación de abundante material de este género” (La Hora, 6 de octubre de 1948).

“En ese número se advierte a simple vista la alta finalidad de dicha publicación, en el sentido de servir como tribuna orientadora de nuestras actividades educacionales, a la vez que de órgano de difusión de la cultura en general” (El Diario Ilustrado, 6 de octubre de 1948).

Pero, a pesar de los elogios, se suspendió su circulación entre 1959 y 1967. ¿Qué ocurrió? Hasta mayo de 1959, la Revista se mantuvo con una regularidad aceptable, pero la educación pública no contaba con una base económica sólida para alcanzar sus objetivos.

Así lo señala Iván Núñez en un artículo publicado en la edición N° 326 de 2006, allí explica que se comenzaron a construir cada vez más escuelas por todos los rincones de Chile, se contrató cada vez a más profesores -aparecieron los “profesores Marmicoc”-, y todo ello con recursos escasos. “Por otra parte, en esos años se introducía en el sistema un nuevo modo de reformar la educación, el del ‘planeamiento integral’, de base científico-tecnológica. En ese escenario, una Revista de Educación no era prioridad, cuando los recursos seguían siendo escasos”,[15] explica.

PROTAGONISMO EN LA REFORMA DE LOS AÑOS SESENTA

En octubre de 1967 tuvo lugar la segunda refundación de la Revista de Educación (N° 1, Nueva Época), durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva. A partir de esta edición, la publicación adquirió una regularidad y continuidad promedio mucho mayor que en su pasado y sus páginas fueron clave para dar a conocer la Reforma Educacional del gobierno.

En el primer número de la “Nueva Época” (N° 1, Año I), de octubre de 1967, anuncia: “La Enseñanza de la Ciencia para un Mundo que Cambia”, del profesor Paul Dehart Hurd, de la Universidad de Stanford; “Acerca del Nihilismo del Nuevo Estudiante”, del profesor Herbert A. Deane, vicedecano de las Facultades de Graduados de la Universidad de Columbia; “El Profesor como Especialista en Relaciones Humanas. Su preparación emocional frente al alumno”, de la profesora Esther P. Rothman, directora del Livingston School, N.Y.; “¿Pueden los Profesores sobrevivir a la Revolución Educacional?”, del profesor John W. Loughary, de la Universidad de Oregon; entre otros.

En esa edición hay un espacio dedicado a la Reforma Educacional. Y se publicaron íntegros los cuatro ejes de dicha Reforma: el Decreto N° 27.952 que modifica el sistema educacional (establece ocho años para la enseñanza básica y cuatro para la media); el Decreto N° 27.953 que crea el 7º básico; el Decreto N° 27.954 que establece la promoción automática en 1º y 2º básico y el Decreto N° 13.451 que fija el plan de estudios y normas de funcionamiento para 7º y 8º.

Los nuevos programas de enseñanza circularon como parte de la Revista. Basta ver la “Edición Especial N° 12” de agosto de 1969. En sus 296 páginas están impresos los nuevos programas de enseñanza básica. Y hasta la década de los 90 es frecuente encontrar los planes y programas oficiales de estudio para la enseñanza preescolar, básica, media y diferencial en las páginas de la publicación.

La Revista de Educación N° 9, de agosto de 1968, da cuenta de la nueva sede del Centro de Perfeccionamiento e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) del Ministerio de Educación, ubicada en Lo Barnechea. La obra fue inaugurada el 14 de agosto de ese año por el Presidente de la República, Eduardo Frei Montalva, junto al ministro de Educación, Máximo Pacheco y el ex ministro del ramo, a quien se debió la idea de la creación del Centro, profesor Juan Gómez Millas.

La Revista de Educación, que desde su creación dependió de la Subsecretaría de Educación (Decreto N° 975 bis de fecha 6 de abril de 1929), en 1976 pasó a cargo del CPEIP, en conformidad con el Decreto Supremo N° 536 de Educación.

FUNDAMENTAL PARA EL PERFECCIONAMIENTO DOCENTE

En el gobierno de Salvador Allende (1970 – 1973), la Revista continuó siendo entendida como el boletín técnico informativo del Ministerio de Educación y en sus ediciones N° 43-46, correspondiente a septiembre – diciembre de 1972, informó en profundidad acerca de la propuesta de Reforma Educacional, que consistía básicamente en la Escuela Nacional Unificada (ENU). La idea, según se argumentó, era debatir al respecto, sin embargo, la mencionada reforma quedó sin efecto.

Posteriormente, entre los años 1973 – 1990 del gobierno militar, la Revista de Educación circuló profusamente difundiendo las políticas educacionales instauradas por las autoridades de la época así como los nuevos planes y programas de estudio oficiales.

Es en este período cuando la publicación queda a cargo del CPEIP.  En su N° 57 (de julio – agosto 1976) señala: “al Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas, le ha sido transferida la responsabilidad de continuar las ediciones de la “Revista de Educación”, y luego puntualiza que el propósito es “hacer de la Revista un LUGAR DE ENCUENTRO”. Además, por primera vez, entró a competir en los quioscos de diarios.

Abordaba múltiples temas de interés para los docentes. Por ejemplo, en el N° 71 de 1979 se publica variado material de aula con ocasión de la celebración del Mes del Mar, elaborado por Teresa Clerc M., profesora de Estado y jefe del Departamento de Castellano del CPEIP y Ester Precht B., educadora de párvulos y jefe del Departamento Técnico-Pedagógico (JUNJI).

En el N° 168 de 1989 la portada anuncia la educación en la época de O´Higgins, un texto escrito por el profesor Roberto Munizaga Aguirre, Premio Nacional de Educación. Y en el N° 169 de ese mismo año la portada incluye el llamado: “¿Cómo se comportan las plantas?, que alude a un amplio despliegue de actividades para 7° básico elaboradas por el Departamento de Ciencias Naturales del CPEIP (proyecto Cibex).

VUELVE AL ALERO DE LA SUBSECRETARÍA

En junio de 1996 la Revista de Educación experimentó un nuevo cambio en términos institucionales: el Decreto Supremo N° 448 del 11 de ese mes, firmado por el Presidente de la República Eduardo Frei Ruiz-Tagle y el ministro de Educación, Sergio Molina Silva, estableció que “la Revista de Educación dependerá de la Subsecretaría de Educación”.

En ese Decreto se señala explícitamente: “La Revista de Educación es el Órgano Oficial de difusión del Ministerio de Educación y será uno de los medios que dicha Secretaría de Estado usará para el logro de los objetivos que le señala la ley y especialmente los que dicen relación con el desarrollo de la educación en todos sus niveles; contribuir a asegurar a toda la población el acceso a la educación básica; estimular la investigación científica, tecnológica y la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la nación”.

El regreso a la democracia en 1990 -Patricio Aylwin asumió como Presidente de la República y Ricardo Lagos como ministro de Educación- no podía estar ausente de las páginas de la Revista de Educación. En la primera edición de ese año (N° 174) se informó sobre esta nueva etapa y los desafíos que enfrentaba la educación chilena.

Por esos días en sus páginas se publicaron íntegramente los Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios de la Educación Básica Chilena (1996); se transcribió el discurso del entonces Presidente Ricardo Lagos con ocasión de la promulgación de la Reforma Constitucional que estableció 12 años de escolaridad obligatoria y gratuita (2003), se dio a conocer el texto completo de la LOCE o Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (2006); se informó acerca del impacto de la Ley SEP o de Subvención Escolar Preferencial (2008); se anunció la nueva institucionalidad que se implementaría para mejorar la calidad de la educación, a raíz de la promulgación de la Ley General de Educación (2009); entre otros  avances significativos.

HOY EN FORMATO DIGITAL 

A partir de marzo de 2018 se inició un segundo mandato del Presidente Sebastián Piñera. Y la Revista rápidamente dio a conocer la hoja de ruta de lo que se espera lograr en educación inicial, básica y técnico-profesional, pilares fundamentales para mejorar la calidad de la educación. Hay un crucial cambio de mirada, un cambio que consiste en poner el foco en la sala de clases.

Todos los avances de esta nueva reforma están quedando y seguirán siendo registrados en las páginas de la Reveduc, las que actualmente -debido a la pandemia por Covid-19- se están desplegando solo en formato digital, acomodándose así a los tiempos que corren.

En su última edición de noviembre-diciembre 2020, se pone el acento en el Nuevo Sistema de Educación Pública, que es mucho más que una simple transferencia de los establecimientos educacionales desde la dependencia municipal a la administración del Estado, tarea que ya están asumiendo los llamados Servicios Locales de Educación Pública. Detrás de esta nueva arquitectura hay tres pilares: calidad en la enseñanza, fortalecimiento de las comunidades educativas y una nueva institucionalidad.

¡Los invitamos a leerla!

www.revistadeeducacion.cl


[1] En sitio web: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-100812.html. Tomás Lago Pinto (1903-1975). Santiago de Chile.

[2] WESTBROOK, Robert B. John Dewey (1859-1952). Este texto se publicó originalmente en Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIII, nos 1-2, 1993, págs. 289-305. Cita a Dewey, 1899, pág. 25.

[3] LAGO, Tomás. Cuatro preguntas a Ortega y Gasset. Revista de Educación n° 326, 2006. Santiago de Chile. Pág. 21.

[4] REYES, Leonora. Profesorado y trabajadores: Movimiento educacional, crisis educativa y reforma de 1928. Docencia Nº 40, mayo 2010. Pág. 43. Citando a Luis Gómez Catalán, quien fue uno de los máximos líderes de la Asociación General de Profesores, en Revista de Educación Primaria (1928), pág. 30-33, 36-42.

[5] SERRANO, Sol; PONCE DE LEÓN, Macarena; RENFIGO; Francisca y MAYORGA; Rodrigo. Historia de la Educación en Chile (1810-2010). Tomo 3.

[6] Moisés Mussa Battal, una inteligencia y una vocación. Revista de Educación n° 103, Diciembre 1982. Santiago de Chile. Pág. 58.

[7] César Bunster, profesor de Literatura. Revista de Educación n° 326, 2006. Santiago de Chile. Pág. 13 y 14.

[8] César Bunster, profesor de Literatura. Revista de Educación n° 326, 2006. Santiago de Chile. Pág. 14.

[9] César Bunster, profesor de Literatura. Revista de Educación n° 326, 2006. Santiago de Chile. Pág. 14. Fuente original: César Bunster, Profesor de Literatura, en Anales de la Universidad de Chile, Sexta Serie, N° 17, diciembre de 2005. Link: http://web.uchile.cl/vignette/anales/CDA/an_sub_simple/0,1280,SCID%253D19113%2526ISID%253D665%2526GRF%253D19041%2526ACT%253D1%2526PRT%253D19102,00.html

[10] SERRANO, Sol; PONCE DE LEÓN, Macarena; RENFIGO; Francisca y MAYORGA; Rodrigo. Historia de la Educación en Chile (1810-2010). Tomo 3.

[11] NUÑEZ Prieto, Iván. Etapas en 78 años de historia de la Revista de Educación. Revista de Educación N° 326. Santiago de Chile. Pág. 6.

[12] NUÑEZ Prieto, Iván. Etapas en 78 años de historia de la Revista de Educación. Revista de Educación N° 326. Santiago de Chile. Pág. 6.

[13] MISTRAL, Gabriela. Informaciones: Un Congreso de Protección a la Infancia. Revista de Educación N° 326. Santiago de Chile. Pág. 26.

[14] MISTRAL, Gabriela. Informaciones: Un Congreso de Protección a la Infancia. Revista de Educación N° 326. Santiago de Chile. Pág. 26.

[15] NUÑEZ Prieto, Iván. Etapas en 78 años de historia de la Revista de Educación. Revista de Educación N° 326. Santiago de Chile. Pág. 7.

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