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Prácticas exitosas: Tres Liceos Bicentenario nos comparten sus secretos

18/11/20 por reveduc
El ministro de Educación, Raúl Figueroa, en una actividad del Programa Liceos Bicentenario. Éste se sustenta en cinco pilares: altas expectativas, foco en la sala de clases, nivelación y re-enseñanza, libertad y autonomía, y liderazgo directivo.

Con ocasión del llamado para que 100 nuevos establecimientos educacionales se integren a esta red, cumpliendo el compromiso del gobierno de alcanzar los 300 Liceos Bicentenario, que beneficiarán a cerca de 250.000 estudiantes en el país, damos a conocer las experiencias de tres establecimientos de esta categoría: sus proyectos innovadores y sus prácticas pedagógicas para lograr aprendizajes significativos.

El Programa Bicentenario se sustenta en cinco pilares: altas expectativas, foco en la sala de clases, nivelación y re-enseñanza, libertad y autonomía, y liderazgo directivo.

Aunque cada colegio tiene su sello y prácticas propias, hay puntos en común. La retroalimentación a los docentes, con tiempos dedicados a la reflexión, un sentido de mejora y levantamiento de compromisos, es básica para todos. Tal como explica el director del Liceo Bicentenario Camilo Henríquez de Lanco (Región de Los Ríos), Patricio González Tereucán, “no se trata de que un directivo u otro profesional entregue recomendaciones doctorales al docente, sino de co-construir”, de hecho, en la pauta de observación de clases que utiliza este colegio, y que fue consensuada con los docentes, estos últimos evalúan la calidad de la retroalimentación.

Establecer espacios de desarrollo profesional a través de comunidades de aprendizaje, donde se lleva a cabo un trabajo colaborativo y de reflexión en temas académicos y formativos, es también una práctica bastante compartida. El director del Liceo Bicentenario Colegio Cardenal Raúl Silva Henríquez de Arica (Región de Arica y Parinacota), Víctor Guerrero Yáñez, pone acento en este punto: “En cuanto a la preparación de la enseñanza hemos promovido comunidades de aprendizaje profesional, eso nos ha permitido identificar y atender de manera pertinente y oportuna las necesidades de los estudiantes, tanto en lo académico como en lo formativo”.

Y, por supuesto, la estructura de la clase en función de un ordenamiento planificado de tres momentos (inicio, desarrollo y cierre), y con protagonismo de los alumnos, cumple un papel crucial para todos ellos. Coinciden en que las tres etapas son importantes, incluso la de cierre, donde muchas veces con breves preguntas del docente se propicia la reflexión por parte de los estudiantes, quienes se quedan con la sensación de que sí aprendieron y toman conciencia de eso. Más aún: esas preguntas son una suerte de monitoreo del aprendizaje, no tienen nota y muestran al docente dónde están las debilidades para reforzarlas en la próxima clase y llegar a una evaluación sin problemas de aprendizaje.

Desde Puerto Natales (Región de Magallanes y de la Antártica Chilena), la directora del Liceo Bicentenario María Mazzarello, Ana María Güenchumán Bórquez, cuenta que en todas las clases se pone en conocimiento de las alumnas cuál es el objetivo de aprendizaje y de ese modo, al finalizar la clase cada alumna puede ver la trayectoria que hizo para comprender ese nuevo aprendizaje. “Esta dinámica está tan instaurada que cuando el profesor/a olvida poner el objetivo, las estudiantes se lo recuerdan. Es una práctica que se ha incorporado: saber qué voy a aprender y para qué”, afirma.

Reportaje completo en: Revista de Educación N° 391.

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