Convivencia

Plan de Formación Ciudadana: PARA QUE LA CIUDADANÍA SE EJERZA DENTRO DE LA ESCUELA

20/12/16 por reveduc

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Juan Eduardo García Huidobro, jefe de la División de Educación General (DEG) del Ministerio de Educación (MINEDUC) y Marco Antonio Ávila, coordinador de Educación Media de la DEG, conversan con Revista de Educación sobre las iniciativas que está impulsando el MINEDUC en materia de formación ciudadana.

El reto que enfrentan hoy las escuelas y liceos públicos de nuestro país en materia de formación ciudadana es completamente nuevo. La Ley Nº. 20.911, que se promulgó este año, no sólo establece la creación de una asignatura de Formación Ciudadana para los niveles de 3° y 4° medio, sino que además señala que todos los establecimientos educacionales reconocidos por el Estado deberán contar con su propio Plan de Formación Ciudadana.

Para conocer más acerca de estas iniciativas que está impulsando el MINEDUC, conversamos con Juan Eduardo García Huidobro, jefe de la División de Educación General (DEG) del Ministerio de Educación y Marco Antonio Ávila, coordinador de Educación Media de la DEG.

 

¿Por qué es tan importante promover la Formación Ciudadana hoy? ¿Y por qué es necesario que todos los establecimientos escolares cuenten con un Plan en este ámbito?

JEG: Lo que estamos viviendo como país no es algo nuevo. Desde el 2006 hasta ahora, hemos tenido movilizaciones de jóvenes, y lo que vemos allí es un genuino interés por los temas ciudadanos. Por otro lado, vemos que los jóvenes no votan, que las formas de hacer valer sus opiniones no son las que nos gustaría. Entonces, una reflexión a nivel de la juventud sobre qué es lo que significa ser ciudadano o ciudadana, qué significa incluirse en una sociedad y hacerse responsable de esa sociedad y de su futuro, me parece que es muy importante. Y esto es algo que, con diferentes niveles de profundidad, se debe dar desde la primera infancia hasta cuando están por salir del colegio.

 

¿Por qué el MINEDUC se ha empeñado en fomentar el tema de la formación ciudadana?

JEG: Creo que este año se ha impulsado este tema por lo que dije al comienzo: tenemos, es cuestión de mirar lo que ha sido el movimiento universitario y escolar, un nivel de efervescencia “política” o de participación juvenil muy alta. Esa efervescencia, esas ganas de participar, ese ánimo crítico –porque no están aplaudiendo a nadie, están más bien oponiéndose al orden que tenemos, siendo tremendamente críticos con la forma en la cual el gobierno está tratando de dar respuesta a sus mismas demandas- es complejo y por lo tanto, eso hace ver que éste es un tema central. A la importancia que ha tenido siempre, se le suma la coyuntura que de alguna manera obliga a relevarlo. Tenemos, además, otra cosa que considerar y es que éste es un año electoral, entonces hay un clima país que hace que esto sea más fácil de hacer.

MAA: Quisiera destacar tres cosas:

1) Tenemos que pensar que hay una Ley General de Educación del año 2009 que señala en su art. 2 que la misión o tarea de la educación es la formación integral de la persona. El Plan de Formación Ciudadana viene a poner en relieve el componente actitudinal que tiene el currículum. A principios de los 90 se empezó a transversalizar este tema, pero ello en muchos casos significó invisibilizar. La idea es que este Plan vuelva a destacar ese aspecto actitudinal que acompaña contenidos y habilidades, que está puesto en el currículum.

2) En ese mismo contexto, la democracia no es un estado natural, por lo cual hay que trabajarla en la escuela. Se empieza a vivenciar la democracia desde que uno es pequeño y entiende cómo son las reglas del juego democrático; eso hay que explicitarlo. Por eso, la idea de levantar un Plan.

3) Y probablemente un tercer elemento es que este Plan es bastante coincidente con los procesos de Reforma y la Ley de Inclusión. Se están haciendo todos los esfuerzos para entender a las escuelas, los liceos y jardines infantiles como comunidades donde existen instancias como el Consejo Escolar, por ejemplo, que también pueden ayudar a profundizar la experiencia de la democracia.

 

¿Qué exigirá este Plan de los establecimientos escolares por una parte y del MINEDUC, por otra?

MAA: El Ministerio tiene tres obligaciones muy concretas:

1) La primera es entregar orientaciones. Ya está a disposición de directivos y docentes el documento “Orientaciones para la elaboración del Plan de Formación Ciudadana”.

Vamos a tener un segundo grupo de orientaciones, que son curriculares, disponibles para el sistema a partir del segundo semestre. Ahí se abordan asignaturas específicas, de niveles específicos, y se muestra cómo la formación ciudadana también se puede trabajar desde Artes Visuales, Matemática, Música, etc., relevando el componente actitudinal. Por lo tanto, la primera tarea del Ministerio es orientar y en eso hemos cumplido. Además, abrimos un sitio web: www.formacionciudadana.mineduc.cl, donde hay recursos y ejemplos de buenas prácticas.

2) La segunda es asesorar a los establecimientos educacionales. Dice la ley que los que así lo requieran, pero en la práctica las capacidades nuestras son bastante limitadas. Entonces, con la ayuda de algunas universidades, vamos a trabajar con 502 establecimientos de todo el país, en experiencias piloto para ayudarlos a construir sus Planes de Formación Ciudadana. Eso empieza el 1 de agosto, en las 15 regiones del país.

3) Y la tercera obligación es impulsar el año 2017 la presentación de una asignatura que está preparando hoy la Unidad de Currículum y Evaluación (UCE), que irá al Consejo Nacional de Educación para su evaluación. Se incorporará junto con el cambio curricular de 3º. y 4º. medio, en 2019 y 2020.

Ésas son las tres obligaciones que tiene el Ministerio. Probablemente las primeras, que consisten en dar orientaciones y difundir ejemplos de prácticas ciudadanas, son las que más nos entusiasman. Hoy está disponible un banco de prácticas, elaborado en conjunto con el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) y en alianza con otras instituciones como el Consejo para la Transparencia, la Biblioteca del Congreso Nacional, que tienen experiencia de trabajo en ciudadanía. Eso ayudará a los establecimientos a guiarse y elaborar buenas prácticas.

Cabe destacar que los establecimientos tienen, por ley, la obligación de construir su Plan de Formación Ciudadana. En las orientaciones damos ejemplos de cómo hacerlo, a propósito del PEI (Proyecto Educativo Institucional) o del PME (Proyecto de Mejoramiento Educativo); y de cómo hacer colaborativamente este trabajo con los profesores, los asistentes de la educación, los padres, los estudiantes y la comunidad en su conjunto. Y también señalamos en las orientaciones, que hoy hay posibilidades muy concretas, espacios garantizados como los Consejos Escolares, que existen en los establecimientos escolar, donde se puede ejercer la ciudadanía democráticamente. También están las reuniones de apoderados; los centros de alumnos; los centros de padres; los consejos de profesores.

 

A nivel de establecimientos escolares, ¿quién o quiénes serán los encargados de liderar esta iniciativa? ¿Considera a los apoderados en algún punto?

MAA: En todas las acciones de difusión de la política de Formación Ciudadana con sostenedores, directores de establecimientos y representantes del Ministerio en regiones, la tendencia es –porque naturalmente así ha sido- a pensar que el profesor de Historia debería ser el responsable del Plan de Formación Ciudadana. Ése es un primer error y lo decimos de inmediato, lo que no quita que pueda participar. Primero, porque éste es un Plan que puede implicar recursos y hay decisiones que tomar, por lo tanto, aquí lo más importante es el equipo directivo, que debe abrirse a una dinámica distinta para recoger el sentir, la opinión, el trabajo y las capacidades de sus profesores y luego, de los asistentes de la educación, de sus estudiantes y de los padres y apoderados. ¿Quién debería ser el responsable de esto? Un equipo dentro de la escuela, donde esté presente el cuerpo directivo.

 

¿A ellos les compete un rol crucial para que esto no se quede en letra muerta?

JEG: Claro.

 

“Vamos a pedir a todas las comunidades escolares que piensen la ciudadanía y cómo la desarrollan”

 

¿Qué diferencia hay entre el Plan de Formación Ciudadana que impulsa el MINEDUC y un ramo de Educación Cívica?

JEG: En este caso, no viene un plan hecho, sino que lo que se pide es que la ciudadanía se ejerza dentro de la escuela, vale decir, que la escuela como una unidad ciudadana dentro de la ciudad se piense a sí misma y reflexione sobre lo que le va a entregar a sus estudiantes, desde las condiciones que tiene, desde su realidad particular. Y eso es bastante novedoso. Es muy diferente a un curso de Educación Cívica, porque no sólo vamos a asegurar que un conjunto de contenidos le llegue a todos los estudiantes, sino que le pedimos a todas las comunidades escolares -donde hay papás, profesores y estudiantes- que piensen la ciudadanía y cómo la desarrollan, cómo la hacen carne en su colegio y en la formación que están dando.

 

Pero, ¿cuál es el sentido de que las escuelas construyan sus propios Planes de Formación Ciudadana si el MINEDUC justamente está trabajando para establecer una asignatura para abordar el tema?

JEG: Eso es sólo una parte de lo que se entiende por formación ciudadana. Por un lado, están los conocimientos básicos que todo ciudadano debe tener, pero por el otro las dimensiones como el respeto al otro, que son centrales en la ciudadanía y se aprenden a los 3 ó 4 años de edad. No sólo en 3º o 4º medio vamos a tener formación ciudadana, sino a lo largo de la trayectoria escolar. Este Plan toma al establecimiento en su conjunto.

 

¿Por qué se decidió contar nuevamente con una asignatura en materia de formación ciudadana? ¿No debiera ser una materia transversal, ya que atañe a toda la persona y su relación con la sociedad?

JEG: Lo que pasó cuando se discutió el currículum en los años 90 fue que dada la relevancia de la educación ciudadana, se consideró que debía estar presente en todo el currículum. Se tuvo cuidado en que los diferentes contenidos que existían en la educación cívica quedaran cubiertos a través de otros ramos, concretamente Ciencias Sociales.

Sin embargo, hoy se juzga necesario volver a poner los temas ciudadanos en una asignatura, tal vez para intensificar esos contenidos antes de que el estudiante salga del colegio y generar una reflexión y una discusión más informada sobre las formas de participación, las leyes, la Constitución, etc.

En todo caso, esta es una discusión que se ha dado en todos los países del mundo y en ellos ha pasado lo mismo, van para atrás y para adelante. Hay momentos en los cuales estos contenidos se disuelven en el currículum y momentos en los cuales se vuelven a instalar como asignatura. Existen dos estudios internacionales amplios, uno de muchos países del mundo y otro de América Latina. Y en ambos vemos que las formas en cómo abordar este tema, en cómo expresar la ciudadanía en el currículum, son variadas y las finalidades muy convergentes.

MAA: Otra diferencia es que desde la concepción más tradicional de la educación cívica se es ciudadano a propósito de la Constitución y de las leyes, independientemente que se piense que no es así. Pero si estudio la Constitución de un país, es probable que entienda que el derecho a voto después de cierta edad es lo que me va a permitir participar como ciudadano.

En cambio, en el desarrollo de una educación para la ciudadanía se piensa en cómo las distintas formas de participación se comienzan a incentivar desde la primera infancia. Por ejemplo, tomando decisiones locales que tienen impactos más inmediatos. Esto lo vemos en el jardín infantil cuando los niños deciden reglas en conjunto para saber cómo van a convivir o en el liceo cuando participan para la elección de su centro de alumnos.

Una es una mirada más tradicional, que es importante porque permite que uno conozca cuáles son los elementos más importantes de un país y la forma de organizarse; y la otra, está asociada a la constitución de una comunidad. Las escuelas también son comunidades.

 

Un Plan que se perfecciona año a año

 

¿Cómo se evalúa el Plan de Formación Ciudadana? ¿Se puede evaluar un Plan de estas características, que está vinculado a valores y conductas?

JEG: Absolutamente. Destaco el reconocimiento del otro y el respeto al otro, porque desde ahí parte cualquier concepto de ciudadanía. Entonces, una evaluación inmediata es qué clima escolar se está produciendo. Si tengo una escuela o liceo donde el clima escolar es pésimo o donde no nos respetamos cotidianamente y hay bullying en los recreos, puedo hacer un plan que considero exitoso. Pero si después de un año sigue pasando lo mismo, quiere decir que no funcionó. No se necesita hacer un Simce de ciudadanía, es cuestión de mirar un poco si las relaciones básicas de incorporación del otro a la comunidad y las reglas comunes que nos damos las respetamos democráticamente o no. Eso nos indica si el Plan está funcionando.

MAA: Lo otro es que los establecimientos educacionales reciben hoy día  información muy valiosa, que entrega la Agencia de Calidad de la Educación. Me refiero a los Indicadores de Desarrollo Personal y Social, en donde se evalúa precisamente un ámbito de la formación ciudadana, la vida democrática dentro de la escuela. Nosotros en el contexto del Sistema de Aseguramiento de la Calidad estamos coordinándonos con la Agencia para aportar con estas orientaciones y con esta política al cuestionario que se hace a los docentes, padres y apoderados, y estudiantes, sobre cómo es la participación en el colegio.

 

¿Qué posibilidad tiene un establecimiento educativo que hace un Plan de Formación Ciudadana de modificarlo o perfeccionarlo al año siguiente?

JEG: La idea es que este Plan se inserte en el Proyecto Educativo Institucional (PEI) y/o el Plan de Mejoramiento Educativo (PME) de cada comunidad escolar. La orientación de lo que hemos llamado Proyecto Educativo Institucional es que sea justamente un proyecto, con metas y acciones, que se enriquezca todos los años. Desde ese punto de vista, el Plan pasa a ser parte de esa mirada del colegio y va a tener ciertamente un reacomodo cada año. Habrá que reflexionar: “Nos propusimos estas cosas y no resultaron”, o “esto resultó bien e hicimos poco”, en fin. Hay una evaluación y a partir de ahí, se puede mejorar”.

El sentido de la ley al promover el Plan de Formación Ciudadana no es decir “haga tal cosa”, sino “métase a trabajar en esta línea, pero de tal forma que le permita ver si va avanzando o no”. Cuando se dice a la escuela “haga un Plan”, lo que se le está diciendo es “póngase metas”, póngase medios” y sea capaz de ver al final del año o del plazo que se impuso si esos medios lo llevaron a las metas que quería. Y si no, cambie los medios o las metas. Es esa idea de entrar en un círculo de proyecto, capaz de mirarse críticamente y de enriquecerse, lo interesante del concepto de Plan.

MAA: Reconociendo el gran esfuerzo que se hace en los establecimientos, la abundante carga de trabajo que tienen los directivos y profesores, es que hemos pensado que se recoja, por lo menos este primer año, elementos que ya están señalados en el PEI. Por ejemplo, al observar los sellos educativos -la misión y visión- de un colegio, uno encuentra declaraciones que señalan metas, y se podría pensar cómo incorporar desde ahí la ciudadanía, a propósito del sello particular que cada uno de los establecimientos tiene.

Y podemos afirmar algo parecido con el PME. Si alguien tiene un PME porque su establecimiento está adscrito a la ley de subvención escolar preferencial, en el ámbito de la dimensión de la convivencia hallará una subdimensión asociada a la formación ciudadana. Se podría aprovechar eso para levantar desde ahí las acciones pertinentes. No hay que hacer nada adicional. La idea es aprovechar los recursos que la escuela ya tiene.

 

En ese documento hay una frase que dice: “Se hace necesario contar con una ciudadanía consciente y crítica, por lo que las escuelas y liceos tienen el desafío de soñar una convivencia distinta entre sus actores a través de la creación de un Plan de Formación Ciudadana. En otras palabras, el Plan busca promover una nueva manera de desarrollar el pensamiento crítico y deliberativo, a través de espacios de convivencia más participativos”. ¿De qué espacios de convivencia participativa estamos hablando?

JEG: Los que haya en la escuela, nosotros tenemos en todos los cursos desde que se crea la figura del profesor jefe -más o menos con la Reforma de Frei Montalva, a finales de los años 60- el Consejo de Curso. Esta instancia está pensada para que el curso se analice, haga propuestas, apoye a los más débiles, busque qué acción social hacer, etc. Hay un montón de elementos ahí que permiten que se vaya sintiendo y sabiendo de manera muy concreta si ese establecimiento está más abierto al país, si está más preocupado de los que hoy día tienen necesidades, si es capaz de interactuar con otros establecimientos semejantes, pero que son mirados en más o en menos, de una manera democrática. Ahí tenemos muchos indicadores fáciles de percibir.

 

Entiendo que con el fin de apoyar a los establecimientos educacionales en la elaboración de sus planes de Formación Ciudadana, el Ministerio de Educación y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) crearon el sitio www.ciudadaniayescuela.cl, espacio que reúne prácticas de comunidades educativas que pueden vincularse con los objeticos que debe cubrir el plan? ¿Qué le parece esta iniciativa y qué destacaría de ella?

JEG: Tenemos escuelas que han logrado llevar ideas generales a prácticas pedagógicas. Hay un aprendizaje que se pone a disposición del resto. La generosidad de estas comunidades es un primer paso hacia un sistema que no es de competencia ni de mercado, sino de colaboración.

MAA: Hay una invitación en el sitio web para subir prácticas. Se presenta cómo se hizo la recogida de información, y siguiendo el mismo esquema, un establecimiento podría contar su experiencia. Hace unos días estuvimos con una profesional de la UCE, en los colegios de una congregación religiosa, hablando de esto. Nos dimos cuenta que había dos establecimientos que estaban haciendo una labor asociada a voluntariado (social), y este trabajo perfectamente podría incorporarse al sitio web. También hay liceos que están haciendo talleres de debates. Todas estas prácticas podrían ser subidas a este sitio.

Si esas experiencias tienen una resonancia respecto de la reflexión que el profesor hace a propósito de una asignatura cualquiera, si son el punto de partida para abordar cuáles son las condiciones en que viven los ancianos o qué pasa con las leyes de la tercera edad en el país, si dan pie a una reflexión más profunda y el estudiante sale de su individualismo para vincularse con otros y se orienta a la búsqueda del bien común, estamos frente a una experiencia de ciudadanía. Entonces la idea es que –y eso hay que mirarlo a largo plazo- esto sea un observatorio de prácticas.

 

¿Los jóvenes tienen conciencia de que son sujetos con deberes y no sólo con derechos?

JEG: Tengo la impresión que se ha dicho con mucha ligereza que los movimientos juveniles expresan la conciencia de tener derechos y no la de tener deberes. No estoy tan claro en eso. Con todo lo improcedente que encuentro ese tipo de acciones, a mí me parece que si estudiantes pasan un mes en toma, no se mueven a una acción de esa envergadura si no sienten que tienen un deber con la sociedad.

Desde ese punto de vista, las movilizaciones que hemos tenido en los últimos ya casi 10 años muestran una juventud preocupada de lo que viene y muy crítica, pero yo no diría que no tienen conciencia de deberes.

MAA: Desde las reflexiones del propio Plan y al mirar otras políticas, hemos intentado quebrar el binomio derechos y deberes, porque los derechos no están sujetos a los deberes. Los derechos son por sí solos. Lo señala así el derecho internacional y la política de infancia. La Convención Internacional de los Derechos del Niño no es la Convención Internacional de los Derechos y Deberes de los Niños. Por eso, cuando hablamos de los estudiantes, de los niños y de la infancia, los derechos van por un carril y no están sujetos necesariamente al cumplimiento de los deberes. Otra cosa es que el sistema educativo, el mundo adulto, no haya necesariamente trabajado para los deberes, pero por separado. Por ello, en las orientaciones en vez de hablar de deberes hablamos de responsabilidades, que siempre están asociadas al concepto de la alteridad. Las responsabilidades tienen que ver con el otro. Yo me hago responsable de mis materiales cuando soy más niño, me hago responsable de un clima dentro de la sala de clase pero no porque tenga que cumplir un deber sino porque me hago responsable de los otros que están ahí. Es una visión distinta, ahí quebramos el binomio. Derechos y deberes juntos es un poco riesgoso porque pareciera que, y está muy instalado en el discurso del mundo escolar, de alguna manera los deberes están asociados a los derechos.

 

¿Hasta qué punto un Plan de Formación Ciudadana exige un cambio cultural o de mentalidad? ¿Cómo se llega al individuo?

JEG: El Plan lleva a un cambio. Pero para yo poder cambiar, tengo que tener un primer gran cambio que es “querer” cambiar. Y desde ese punto de vista, ésta es una invitación a un cambio cultural, a un enriquecimiento cultural.

Hoy se habla mucho de inclusión y tenemos una ley al respecto. Creo que lo que hay detrás de todo esto es el concepto de una educación inclusiva, que incorpore al país y que al hacerlo de una forma democrática, transforme ese país. Ésa es la ambición que hay detrás de un Plan de esta naturaleza.

 

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