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Mariano Ruperthuz Honorato, psicólogo y escritor: A PROPÓSITO DE “FREUD Y LOS CHILENOS”

03/06/16 por reveduc

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Doctor en Psicología de la Universidad de Chile y miembro de la Societé Internacionale D Historie de la Psychiatrie et la Psychanalyse (SIHPP), en este libro rescata las huellas de la llegada de las ideas de Sigmund Freud a Chile y su implantación en distintos ámbitos: la medicina, la criminología y la cultura de masas. Su autor reconstruye, en una investigación de seis años, los itinerarios de personajes que van cimentando las ideas freudianas en nuestro país al inicio del siglo XX.

 

¿Cómo nació la idea de hacer este trabajo de investigación?

Este libro es el resultado de mi investigación doctoral en la Universidad de Chile. En 2007 inicié mi doctorado y con este tema comencé a trabajar un año después. Ya sabía algo en 2005. Cuando empecé a estudiar la maestría en Psicoanálisis en la Sociedad Chilena de Psicoanálisis, un profesor argentino habló sobre un médico chileno que había sido referido por Freud y eso me pareció fascinante. Era curioso que si alguien tan importante como Freud habló de algún chileno, nosotros no supiéramos nada. Me puse a investigar y así llegué a la historia del doctor German Greve, quien en 1896 estuvo con Freud en Viena e intercambiaron un par de cartas. Él fue el primero que habló de psicoanálisis en español en Sudamérica.

Ahí me decidí a hacer una historia del psicoanálisis que no fuera solo la historia de los psicoanalistas, porque ellos forman su asociación en los años 50. Mi enfoque apuntó a hacer una historia cultural. Eso me permitió innovar en el modo de pensar el tema, porque antes era solo clínico. Abordé el psicoanálisis como discurso o teoría, cómo llegó y se empapó con los chilenos, por eso el libro se llama “Freud y los chilenos”.

 

Freud en la sociedad chilena

¿Cómo penetró Freud en nuestra sociedad y qué impacto tuvo?

Cuando el psicoanálisis llegó no pasó mucho, porque era una teoría que ponía énfasis en la sexualidad. Chile era un país conservador, inspirado en Francia y los franceses rechazaron a Freud por sexual.

Sin embargo, los gobiernos radicales (1938 – 1952) le dieron muchas posibilidades a Freud porque su lema era “gobernar es educar”. Ellos eran pro, más liberales y decían que la sexualidad era un asunto del Estado. Antes de Freud, era un asunto privado. Con Freud, la sexualidad se pudo hablar públicamente y eso se tradujo en publicaciones y conferencias. En educación había gente hablando de él, ¿por qué?, porque reconocía un costado instintual que debía ser educado y eso era compatible con los proyectos nacionales de esa época.

El psicoanálisis comenzó a ser visto como una herramienta de mejora social, ya no era “anda y sicoanalízate”, sino que aprende psicoanálisis para ser una persona que pueda sublimar, que pueda crecer. Ahí viene el tema de la crianza, hasta antes de la llegada del psicoanálisis las teorías de las enfermedades mentales señalaban que éstas eran producto de la herencia. Se hablaba de los “degenerados”, el criminal, el loco, incluso la prostitución era parte de la genética. En cambio con Freud, eran producto de la crianza porque la infancia era lo que determinaba la vida futura. Eso permitía tener una salida, muchos chilenos -especialmente médicos, intelectuales, jueces, escritores y abogados- leyeron a Freud con esperanza.

¿Se podría decir que Freud se puso de moda en el mundo?

Sí, era un hit, un personaje mundialmente reconocido. Vivíamos en un Chile entre guerras y muchos chilenos lo leían. Se desarrollaron estrategias para que el ciudadano promedio pudiera conocer esas ideas, a través de la publicación masiva de ediciones baratas, de bolsillo, libros introductorios que se llamaban “Freud al alcance de todos”. Así se “psicologizó” la sociedad chilena, se empezó a hablar en clave psicológica de traumas, de infancia, de fijación; antes de eso se hablaba de otros términos. Se renovaron las pautas de sociabilidad.

¿Cómo era esa época en Chile? ¿Qué se hacía con los enfermos mentales en los años 50’ o antes de eso?

Los enfermos mentales iban al asilo, al encierro. Las terapias eran más bien biológicas, no farmacológicas (eso vino después), y la explicación era que tenían malformaciones cerebrales que se expresaban en la locura. Después se empieza a investigar la vida de las personas, antes también se hacía, pero ahora freudianamente.

Los jueces comienzan a indagar las motivaciones inconscientes de los crímenes. Samuel Gajardo Contreras, por ejemplo, fue uno de los más grandes difusores del psicoanálisis en Chile junto con el médico Juan Marín, quien escribió “La India eterna” y el “Egipto de los Faraones”. Gajardo decía: antes los jueces sancionaban conductas, ahora los jueces tienen que investigar la mente de los delincuentes, sus experiencias de vida, especialmente en la infancia. Se empezó a renovar un panorama de lenguajes, de prácticas y de modos de ver la sociedad chilena. Con esto no quiero decir que la teoría de la degeneración fue superada.

Sin ir más lejos, Germán Greve fue el médico perito de un anarquista que quiso asesinar a Roberto Silva Renard, quien fue el ejecutor de la orden de la Matanza de Santa María de Iquique. Lo tomaron preso y le hicieron pericias médicas, las que estuvieron a cargo de Greve y Hugo Lea Plaza, que era degeneracionista. Estos últimos les medían la cabeza y el cuerpo a los criminales. Las pericias muestran que le hicieron eso y, al mismo tiempo, le interpretaron los sueños freudianamente. Lo más probable es que el doctor Greve le haya dicho: “cuénteme los sueños que ha tenido” y ahí se hablaba de sueños traumáticos por la muerte del hermano en la Matanza ya referida. Entonces, el psicoanálisis compartió espacio social con otras teorías de la mente y los chilenos empezaron a combinarlas.

Freud nunca impulso mucho el tema de la educación, pero los chilenos tenían bastante autonomía y decían que esta teoría no solo habla de las enfermedades mentales, sino también de la infancia, y como la educación es terreno de la infancia hubo profesores freudianos.

 

Los albores del psicoanálisis

¿Qué nombres famosos están asociados a Freud?

El espectro es amplio y transversal. Los primeros capítulos del libro mencionan a médicos, siquiatras, criminólogos, pero después se hace referencia a profesores, políticos, religiosos, legisladores, gente de izquierda y derecha, incluso el Padre Hurtado y Pablo Neruda, porque fue una teoría que impactó transversalmente a la sociedad chilena.

Al escritor chileno Joaquín Edwards Bello lo incluyo en la segunda edición del libro, que se publicó recientemente. Él tenía en los años 33’ o 34’ una columna en La Nación llamada “Los Freudianos”. Allí cuenta que va caminando por la Alameda y ve salir un tumulto de gente de la Universidad de Chile. Les pregunta: ¿De dónde vienen? Eran hombres y mujeres de clase media, gente con niños. Le responden que de una conferencia de psicoanálisis. Y él sigue caminando y se pregunta: ¿Será que ellos pueden entender lo que están escuchando? Y ahí empieza a discutirse si el psicoanálisis se debe circunscribir a un público especializado o tiene que estar circulando ampliamente por la sociedad. Un abogado de Valparaíso, Juan Andueza, que era profesor de medicina legal, decía: “Está mal que Freud esté en cada librería de pueblo, en ediciones baratitas para que la gente lo pueda leer”. Por tratar temas de sexualidad, creía que la gente podía distorsionarlo y desvirtuarse. Entonces, había dos facciones en pugna: unos decían “Freud para todos” y otros, “Freud para algunos”.

Son interesantes estas discusiones. El Padre Hurtado decía: “no todo puede ser explicado por la sexualidad”. Él era un cura, pero los jesuitas apoyaron mucho al psicoanálisis. Freud fue disputado por distintos circuitos sociales. Los católicos lo adaptaron al catolicismo, decían que el psicoanálisis clínico se parecía a la confesión y que la sublimación era el mecanismo para elevar el espíritu. Los de izquierda sostenían: Freud individual sí, pero somos muy burgueses. Carl Gustav Junge (discípulo de Freud) hablaba del inconsciente colectivo, decía que lo colectivo es más social, entonces es más socialista.

Alejandro Lipschutz, un intelectual de la época, decía que la endocrinología va a permitir que el psicoanálisis se ligue a lo biológico, por lo tanto era más compatible con el marxismo materialista.

La cualidad de cualquier público que reciba una idea internacional es adaptarla transformarla, subvertirla. El libro “Freud y los chilenos” muestra ese ejercicio social y es un ejercicio cultural porque impactó. En la propia Revista de Educación, Humberto Díaz Casanueva –poeta, educador y Premio Nacional de Literatura (1971)- habló sobre “el deber de preocuparnos de una nueva ciencia” y esa nueva ciencia era el psicoanálisis. Uno podría preguntarse: ¿por qué un grupo de profesores tienen que saber de Freud? Porque hablaba de la infancia y la conformación del carácter, y eso es un problema fundamental de la educación. Ya en la Revista de Educación de los años 20’ y 30’ pude detectar discusiones sobre los factores inconscientes del profesor, si había profesores sádicos que podían maltratar a sus alumnos o niños con complejos paternos, complejos inconscientes, se hablaba en esos términos.

¿Descubrió algún político en su investigación?

El jefe de campaña de Pedro Aguirre Cerda, Héctor Arancibia, quien fue diputado del Frente Popular, dijo en un discurso: “El cambio, el verdadero cambio de la sociedad va a venir desde el inconsciente”. Promovía que desde ahí va a venir el verdadero cambio, no solamente de una idea, sino del fondo de nosotros mismos.

Freud se convirtió en una caja de herramientas compatible con el proyecto político de la época, que era la superación, la educación y la clase media. “Don Tinto” (fue popularmente conocido Pedro Aguirre Cerda) era el primer presidente profesor. Entonces, ya no era tomar el psicoanálisis europeo como ejemplo.

 

Inicios del movimiento del psicoanálisis

¿Hay algún hito que marque oficialmente la constitución del movimiento psicoanalítico en Chile?

Como movimiento sí, la fundación de la asociación local en el año 49. Después de la Segunda Guerra Mundial, en el primer congreso que se hizo en Suiza se reconoció a la asociación local como parte de la asociación internacional de psicoanálisis que fue fundada por Freud, y ahí el médico Ignacio Matte Blanco fue clave.

Históricamente hacia atrás, mencionaría 1910, cuando Greve leyó en el “Primer Congreso Internacional Americano de Medicina e Higiene” en Buenos Aires, su trabajo “Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos”.

Pero en mi investigación llegué a 1894, cuando a este médico chileno lo enviaron a recorrer Europa para conocer los manicomios. Hay una fotografía en un congreso donde está él y Freud. Sospecho que tuvieron contacto, creo que eso se puede reconocer como un hito, porque hay una fotografía y porque Freud habló después del chileno. Hubo un vínculo, quizá no tan denso porque él nunca tuvo un vínculo estrecho con los latinoamericanos.

¿Cómo miraba Freud a Latinoamérica?

Pronto voy a publicar otro libro, está vez con Mariano Plotkin, quien fue mi tutor del doctorado en Argentina, donde abordo este tema, la relación de Freud con los peruanos, argentinos, brasileros y chilenos. Él era bien distante con Latinoamérica, nunca discutió de tú a tú con latinoamericanos. Por lo menos registro no hay.

A este nuevo mundo, lo veía como un espacio donde era todo nuevo. Hay una frase bien interesante que él le dice a alguien: “mire, su paciente está complicado, mándelo arriba de un barco a Sudamérica, donde él pueda hacer su vida, expandirse y desarrollarse”. Tenía la idea de que el mundo nuevo estaba ahí, pero también con un dejo despectivo, porque él era un representante de un tipo centroeuropeo, imperial, de la clase burguesa. Era un médico judío, en ese siglo no tenía ninguna vinculación con la ciencia oficial y en 20 ó 30 años se hizo conocido por todas partes, en tiempos en que no había internet o youtube.

El primer idioma al que sus obras se tradujeron fue el español. La oficina de distribución de la edición de Freud en español estaba en Santiago de Chile. Los europeos dijeron: “Vamos a distribuir en Sudamérica, ¿dónde vamos a poner una oficina importante?” Y eligieron Santiago. La edición fue impulsada por Ortega y Gasset, uno de los más grandes filósofos del S. XX, quien vino a Chile.

En 1929 Tomás Lago, escritor y nuevo director de la Revista de Educación, publicó en este medio una entrevista a José Ortega y Gasset.

Freud ya había salido en El Mercurio el año 27’ y la asociación chilena de psicoanálisis se fundó casi en los 50’. Eso habla de que mucho antes, Freud era un personaje social conocido, iba a la vanguardia del pensamiento intelectual.

La revista Zig-Zag lo publicó muchas veces. En el período que investigué, desde los 20’ a los 50’, en cada época tenía presencia, ya sea a través de reportajes o charlas.

Encontré una página en El Mercurio donde había una columna de un médico, Fernando Allende Navarro, quien iba a dar clases de psicoanálisis en el circuito católico, y dos columnas más allá estaba el juez Gajardo hablándole a los empleados del comercio sobre Freud.

Es una teoría que no pasó inadvertida, que abrió posibilidades que estamos investigando a nivel regional. En Brasil, la lectura fue social y racial. Y así como allí los médicos querían blanquear la sociedad brasilera y explicarse la sexualidad de la raza negra, en Argentina se intentó explicar la mixtura por la emigración italiana y la emigración española. En Perú había un médico, Honorio Delgado, que fue biógrafo de Freud en 1926. Fue el único latinoamericano que estuvo 20 ó 30 años escribiéndose cartas con Freud y se encontró con él públicamente, lo fue a ver a su casa y le compraba regalos a los nietos.

¿Es machista la mirada freudiana? Se ha dicho que Freud era un poco despectivo con las mujeres, no sé si es un mito o no.

Se ha acusado a Freud, a su teoría, por ser altamente misógena, pensando en este concepto de la envidia del pene, de la supremacía de lo fálico. Se puede pensar críticamente que Freud era un hijo de su tiempo, no se podía esperar que en esa época tuviera una postura más progresista.

Pero el psicoanálisis se caracterizó por ser una de las teorías que más espacio dio a las mujeres. Muchas psicoanalistas mujeres se integraron al movimiento. Incluso muchas discípulas de Freud eran mujeres, Melanie Klein es una de las más destacadas.

¿Es cierto que a Freud no le gustaba atender a mujeres?

No, eso es un mito. Él construyó su teoría sobre la histeria, una enfermedad que se da principalmente en las mujeres. Y si uno revisa sus casos clínicos está plagado de mujeres.

 

Impacto del psicoanálisis para el mundo

¿Qué vigencia tiene Freud en nuestra sociedad contemporánea?

Es tanta que la primera edición de “Freud y los chilenos” se agotó. Si el libro lo hubiera titulado “Ruperto y los chilenos” no lo compra nadie. En cambio, “Freud y los chilenos” tiene un magnetismo social importante.

Freud murió en el año 39’, pero sigue despertando un interés notable. La editorial “Debate” publicó una biografía, escrita por la francesa Elizabeth Rubine, que se vende en Chile. Y la revista Paula hizo una reseña de ese libro, al lado del mío.

En un seminario, pregunté: “¿Quién conoce a Freud?” Levantaron casi todos la mano. “¿Quién sabe lo que es pulsión?” Levantaron la mano, “¿Quién sabe que es el inconsciente?” Y así. Después dije: “¿Quién fue al psicoanalista?” Sólo dos personas levantaron la mano de 50. Entonces se ve que Freud no es una teoría clínica, son ideas que implican una mirada del mundo, hablamos freudianamente sin haber ido necesariamente a un psicoanálisis. Eso es impregnación cultural.

Hoy es natural que hablemos así, pero hasta antes de la llegada de Freud no lo era. Hay algunas novelas populares donde los personajes dicen:

  • ¿Oye has leído a Freud?
  • No lo leí.
  • Ahora debes saber que dentro tuyo hay un inconsciente, lo tienes que saber.

 

Y ahí está la transmisión cultural. Amanda Labarca también difundía a Freud.

¿Es aplicable el psicoanálisis hoy? ¿Ayuda a enfrentar el mundo en que vivimos?

Sí. El psicoanálisis sigue siendo una herramienta terapéutica importante.

¿Y compite con otras corrientes?

Sí, todo el rato. Es una opción más desde un punto de vista que implica trabajar sobre sí mismo, no tomarse la pastilla y no pensar.

Los psicoanalistas debemos hacer mucho esfuerzo todavía para integrarnos al mundo público, al Ministerio de Salud y conversar sobre la salud mental. Yo he dicho en varias entrevistas que la salud mental hoy es un lujo, pero eso no significa que no tengamos el deber moral de estar donde las papas queman.

¿Hay alguna sociedad que los agrupe bien?

Pertenezco a la Sociedad Chilena de Psicoanálisis (ICHPA), que tiene una tendencia fuerte de compromiso social y cultural. Este libro es en respuesta de eso, no es la historia de quién se analizó con quién, o cuántos años estuvo alguien en psicoanálisis.

¿Qué es lo que usted rescata más del psicoanálisis como corriente?

El psicoanálisis tiene la gracia de que compromete el sufrimiento con la vida. Lo que uno sufre tiene vinculación con lo que uno ha vivido y con lo que se es. Esto tiene complicaciones también porque desentrañar toda esa maraña de sufrimiento a veces es largo y complejo, pero hoy sigue siendo una oferta contracultural a la vida acelerada individual, a la vida sin historia, a este sufrimiento por la felicidad constante y permanente, pero fugaz. El psicoanálisis es una apuesta ética por el sujeto que se construye a sí mismo, un sujeto que vive con el tiempo. No vive sin él, un sujeto con historia que se compromete con la memoria, con la verdad de las cosas, ésa es la gracia.

¿Cuál es el diagnóstico de la sociedad chilena actual?

Estamos todos cansados, es la sociedad del cansancio, el filósofo Chul Han habla de eso. En general, tenemos seguridad, vivimos más o menos bien, pero a costos impresionantes, por ejemplo, con profesores que ya no creen en sus alumnos, padres que quieren la escolarización de sus hijos pero los colegios los expulsan y que recorren horas en las micros para ir y volver de su trabajo, etc.

Y si pensamos en los femicidios, eso no solamente se combate con cárcel, sino con modos de buen trato desde la infancia, el respeto a la mujer y al hombre.

Actualmente, el 17% de la población chilena tiene depresión y del presupuesto nacional solo el 1% va a salud mental.

¿Se puede llegar a ser feliz o cuál es su concepto de felicidad?

En eso soy freudiano. Con mis pacientes trato de desterrar las promesas de felicidad, porque es un término que varía según la época. Quizá para muchas personas tener el auto de última moda es felicidad y yo no me comprometo con ese tipo de cosas.

En cambio, tomo dos conceptos que Freud usó y que me hacen muchos sentido: amar y trabajar. Cuando alguien ama a alguien o ama lo que hace y lo puede vivir, con todas las implicancias que tiene, eso es un signo de sanidad. Se sale de sí mismo y se vincula con otros; trabaja en la realidad, se desarrolla, se frustra, mueve las piedras y sale a buscar su mamut todos los días. Eso se educa. Amar y trabajar nos da esa posibilidad de desarrollo, conocer cuáles son nuestros límites y perfeccionarnos. No es el sueño del conquistador español, de hacerse la América para llevarse la plata a Europa. En las largas filas cuando se acumula el Kino, ahí a todos se nos despierta el fantasma inconsciente del conquistador español. Ahora no, la clave es amar y trabajar.

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