Cultura

Las pandemias en la historia de la humanidad

24/08/20 por reveduc
Cuadro “El Triunfo de la Muerte” de Pieter Bruegel. Foto dominio público, Wikipedia.

El término pandemia se asocia con peste, azote, flagelo, plaga, infección, tiempo de crisis, oscuridad y muerte. La palabra –que deriva del griego “pan” (totalidad) “dem” (gente)–, desde mediados de siglo XVIII el idioma español la adoptó para aludir a “una enfermedad contagiosa que afecta a la población humana en un área geográficamente extensa”. A la luz de esta definición hoy el Covid 19, provocado por el coronavirus SARS Cov-2 y que se ha propagado en casi la totalidad de los países del mundo, es claramente una pandemia.

Los estudiosos de la historia y los científicos coinciden en una inapelable realidad: las pandemias han azotado a la población humana desde que hay vestigios.

Un ejemplo es la peste de Atenas, año 430 a.C, época del gran estratega de la guerra del Peloponeso, Pericles. Se dice que el mal entró por el puerto El Pireo, donde se comercializaba toda la mercadería que consumían los atenienses. Ésta causó más muertes que la situación bélica que mantenían con Esparta.

“El individuo se veía súbitamente preso de un violento dolor de cabeza, los ojos se veían rojos e inflamados, la lengua y la faringe asumían aspecto sanguinolento, la respiración se tornaba irregular y el aliento fétido. Luego el dolor se localizaba en el pecho, aparecía una tos violenta y cuando atacaba el estómago provocaba náuseas y vómitos con regurgitación de bilis…la mayor parte moría a los 7 o 9 días consumido por el fuego interior. Los pájaros y los animales carnívoros no tocaban los cadáveres a pesar de la infinidad de ellos que permanecían insepultos. Si alguno lo tocaba caía muerto”, es el crudo relato de Tucídides en su obra “La guerra del Peloponeso”.

Cuadro “Máscara Peste Negra del Doctor Schnabel von Rom”.
Foto dominio público (versión color), Wikipedia.

Más adelante hubo muchas más pestes. Durante el Imperio Romano (27 a.C al 476 d.C) famosa fue la peste “antonina”, llamada así por el emperador Marco Aurelio descendiente de la familia de los antoninos, ésta provocó estragos matando a millones de personas. No había forma médica de combatirla. Se extendió a toda Italia y a la Galia (Francia). El médico y filósofo griego Galeno describió los síntomas: “ardor infl amatorio en los ojos, enrojecimiento sui generis de la cavidad bucal y de la lengua, aversión a los alimentos, sed inextinguible, temperatura exterior normal, contrastando con la sensación de abrasamiento interior, piel enrojecida y húmeda, tos ronca, signos de flegmasía laringobronquica, erupciones y fístulas, diarrea, agotamiento físico, gangrenas parciales y separaciones parciales de órganos, perturbación de las facultades intelectuales, delirio tranquilo o furioso y muerte entre el día 7 o 9. Una de las víctimas de la plaga fue el propio Marco Aurelio.

Otra, descrita por el obispo de Cartago, es una peste originada en Egipto y que se expandió con rapidez a Grecia e Italia en el siglo III a.C: “Se iniciaba con un fuerte dolor de vientre que agotaba las fuerzas. Los enfermos se quejaban de un insoportable calor interno. Después les venía angina
dolorosa, vómitos acompañados de dolores en las entrañas, los ojos inyectados en sangre. Unos perdían la audición y otros la vista”. En Roma y en ciertas ciudades de Grecia morían cerca de 5 mil personas por día.

En Oriente, en tanto, aparece la temida “Plaga de Justiniano” (542 d.C), que pasó de Egipto a Palestina y luego los barcos se encargaron de extenderla a todo el territorio imperial, tanto oriental como accidental. Se describe como
una fuerte fiebre acompañada de hinchazones bubónicas en las axilas, detrás de las orejas y en los muslos. Los enfermos caían en un coma profundo o en estado delirante. Algunos morían rápido, otros duraban unos días y varios se lanzaban al agua en ataques frenéticos. Se estima que esta pandemia redujo la población del Imperio Romano a la mitad, ya que acarreó consigo oleadas de epidemias de otros males como la influenza, viruela, disentería bacilar, cólera y difteria.

Reportaje completo en: Revista de Educación N° 390.

Comparte este artículo en: