Zona pedagógica

A través del ejercicio y las artes: la pedagogía de los afectos se fortalece

25/10/21 por Reveduc

Acerca de esta innovadora forma de trabajo en el aula, Revista de Educación conversó con María Antonieta Mendoza, profesora de Pedagogía en Educación Musical y con amplia experiencia en salas de clases de los más variados niveles educativos, quien recientemente publicó el libro “Pedagogía de la Afectividad ¿Cómo implementar su práctica?”, de Editorial Signo.

¿Qué es la pedagogía de la afectividad? “Es una forma de trabajo en el aula que busca crear un clima organizacional de calidad, de gran efectividad en torno a las relaciones humanas y a las comunicaciones. Y que considera la necesidad de facilitar los espacios de reflexión para dar curso libre al pensamiento y al desarrollo de la imaginación creadora. En otras palabras, se trata de intervenir el clima organizacional de la clase para que sea más cálido, más cercano, más atractivo. Eso es lo que hay que hacer con la afectividad, ése es el propósito amplio”, asegura la docente y formadora de profesores, María Antonieta Mendoza.

Recientemente publicó su libro “Pedagogía de la Afectividad ¿Cómo implementar su práctica?”, de Editorial Signo, en el que explica cómo se puede llevar a cabo dicha intervención en el aula. Algunas prácticas esenciales:

1. Trabajar la corporeidad.

Contempla tres tipos de contacto: personal (ejercicios de respiración diarios), interpersonal (para ello, son propicios los juegos de imitación, de espejo, de roles, de mimos y bailes, etc.) y grupal. Respecto de este último punto, en el libro se señala que aquí “la actividad comunicativa corporal está en función de un grupo que se moviliza libre y espontáneamente. Ello puede ser estimulado y apoyado con elementos musicales propicios como el ritmo de una melodía que invite al movimiento y la distensión generalizada, o algún juego grupal dirigido, entre otras actividades estimuladoras del libre movimiento corporal. Sólo en ese instante, es factible generar el contacto grupal y la organización de dinámicas de conversación”.

2. Desarrollar la capacidad de escucha.

En ese contexto, se señala que es “imprescindible considerar en todo diseño curricular los espacios de discusión guiada y un rol docente centrado en la mediación y la moderación, con lo cual se favorece el intercambio afectuoso de las ideas, el desarrollo del lenguaje discursivo debidamente fundamentado, y el despertar de la curiosidad científica en concordancia con un ambiente de mutuo respeto”.

3. Potenciar la educación artística.

Se hace hincapié en que “sus componentes teóricos están permanentemente al servicio de la sensibilidad humana, lo que la convierte en un recurso didáctico de inigualable valor”. Y se propone que cada una de las disciplinas curriculares sean abordadas en un alto porcentaje mediante acciones vinculadas con las artes musicales, plásticas y visuales, escénicas, literarias, la expresión psicomotora y el juego como una recreación muy importante de socialización.

Reportaje completo en: Revista de Educación N° 395.

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