Ciencia y Tecnología

Isabel Behncke, primatóloga chilena: ¿Qué podemos aprender de nuestros “primos” los bonobos?

29/10/20 por reveduc
Foto: Gentileza Isabel Behncke.

La chilena Isabel Behncke tuvo la valentía y el privilegio de desplazarse a la localidad de Wamba, en la República Democrática del Congo (África), donde trabajó por tres años. Allí recorrió más de 3 mil kilómetros en la selva y se dedicó a estudiar la conducta social de estos primates y sus similitudes con los humanos. Sus descubrimientos han dado la vuelta al mundo y han convertido a la primatóloga -PhD en Antropología Cognitiva y Evolutiva de la Universidad de Oxford- en una referente mundial del estudio del comportamiento primate y humano. Hoy es investigadora colaboradora del Centro de Investigación en Complejidad Social (CICS) de la Universidad del Desarrollo.

¿Qué propósito tiene estudiar la biología evolutiva?

Es una tremenda pregunta. Podemos partir por dos respuestas. En primer lugar, el conocimiento sirve en sí mismo y hay un elemento de curiosidad involucrado, es fascinante entender los mecanismos detrás de cómo surge la vida, cómo funcionan las especies y cómo cambian en el tiempo. En segundo lugar, hay muchísimas aplicaciones prácticas porque al acercarnos a los procesos que hay detrás del cambio en la vida, el ser humano se hace preguntas, por ejemplo, en educación: ¿cuánto podemos aprender?, ¿cuánto tenemos de fijo y cuánto de plástico? Éste es un ejemplo de pregunta que se informa mucho con la biología evolutiva porque permite mirar hacia atrás y eso da una dimensión de lo que puede ocurrir más adelante.

Otras preguntas tienen que ver con la crisis ecológica actual y la biología evolutiva sirve para eso, porque da respuestas. Por ejemplo, en cuanto a la pérdida de biodiversidad. La extinción es natural, sí, en el tiempo las especies se extinguen, pero podemos conocer cuál es la tasa que más o menos uno puede esperar en cuanto a la extinción de las especies y cuál se necesita para seguir teniendo ecosistemas que funcionen.

INTERÉS EN EL ÁRBOL GENEALÓGICO DEL SER HUMANO

¿Por qué se centró en el estudio de los bonobos?

Cuando los ‘descubrí’ (para mí misma) y me di cuenta de su potencial importancia dije: “Guau, ésta es una especie que en realidad me gustaría estudiar”. No solamente son muy interesantes en sí mismos, muy especiales, sino también muy cercanos a nosotros. Tenía un interés genealógico, fue como estar haciendo una investigación sobre la familia, los ancestros, y encontrarse con una rama de primos que no conoces y que ayudarían a entender una parte de uno mismo, porque tienen un lado bien interesante y que es evidentemente muy humano.

Ud. dijo que se interesó en los bonobos cuando descubrió su importancia, pero ¿cómo ocurrió eso y cuál es su importancia?

No es algo que uno descubra de un momento a otro, sino que se me fue construyendo de a poco. En una clase de evolución de primatología en la Universidad de Londres (Reino Unido) tuve un profesor que nos hizo un resumen básico de las especies vivas más cercanas al hombre, que son parte de nuestro árbol genealógico (porque nuestros ancestros más inmediatos a nivel de especies están extintos). Entonces pensé: “¡Qué fascinante! Aquí se puede combinar el estudio de la conducta animal con una mejor comprensión acerca de dónde venimos nosotros”. Elegí hacer un ensayo del tema de los bonobos. Era fin de año, estaba apurada, me organicé mal. Estaba escribiéndolo y dije: “No debí haber dejado tan poco tiempo para esto, es muy interesante, hay que seguir investigándolo”. Ése fue el principio, pero pasaron casi 10 años antes de que los pudiera estudiar en la naturaleza.

Foto: Gentileza Isabel Behncke.

En términos de aprendizaje, ¿somos muy distintos o muy parecidos a los bonobos?

Nosotros y ellos somos mamíferos y primates sociales, lo que quiere decir que gran parte de nuestro aprendizaje es de una u otra manera social: tiene significancia social, ayuda a desarrollarse en el mundo social, aprendes “con” otros, mediado por otros, en interacción social. Ésa es una semejanza muy importante.

Además, ambas especies tienen infancias extendidas, si bien en los bonobos no es tan larga como en los humanos. En general, en los mamíferos el período de infancia tiene correlación con el período de aprendizaje y eso a su vez tiene relación con la complejidad del mundo que esa especie tiene que “aprehender”. Obviamente, eso tiene un costo, el tener infantes por más tiempo significa que hay que alimentarlos, no se valen por sí mismos. Si uno es un animal salvaje, tener infantes “inútiles” por mucho tiempo es peligroso porque se los van a comer o quién les va a dar comida, etc. Pues bien, en el caso de los bonobos ellos son infantes por un largo tiempo, por lo que juegan bastante, y eso los construye como son.

La infancia de ellos, ¿cuánto dura en promedio?

Los bonobos en general se empiezan a reproducir alrededor de los 12 años. Nosotros decimos que un bonobo es infante hasta los 3 años; entre los 4 y los 7 lo llamamos juvenil; y entre los 8 y los 10, adolescente o sub-adulto.

¿Y respecto de las diferencias entre los bonobos y los humanos?

A diferencia de ellos, nosotros tenemos enseñanza activa. Nos resulta obvio que hay niños en una clase y el profesor les enseña, eso es lo que ocurre hoy en las sociedades desarrolladas. O los padres le dicen al niño: “Oye, te muestro cómo se hace esto”, ya sea el uso de una herramienta, cómo se construye algo, etc.

¿Los bonobos van descubriendo solos lo que funciona y lo que no?

Solos y con otros. Descubren al observar y al participar con otros bonobos juveniles y adultos. Por ejemplo, aprenden de sus mamás el uso de las herramientas para alimentarse. Y la manera de ocuparlas -un cierto grupo las usa de una manera y no de otra- se transfiere culturalmente, o sea, se aprende socialmente. Las diferencias culturales también están presentes en nuestros aprendizajes, por ejemplo ocupamos utensilios para comer, pero en Occidente ocupamos los cubiertos de una forma y en Oriente de otra.

ANIMALES CON UNA VASTA RIQUEZA SOCIOEMOCIONAL

En cuanto a los aspectos socioemocionales, ¿hay diferencias significativas entre los bonobos y los humanos?

Son animales con una riqueza y una sofisticación socioemocional muy alta. Son capaces de exhibir empatía, de cambiar su conducta si ven que el otro está estresado o con dolor. Ellos tienen esa capacidad de entender los estados emocionales de los otros.

Si ven a otro de sus pares estresado o enojado o sufriendo, ¿reaccionan a eso?

Sí, pueden hacerlo. Y al igual que nosotros esa reacción dependerá del contexto: qué es lo que está pasando y el vínculo con ese individuo. Eso es muy relevante, porque darse cuenta y querer hacer algo al respecto son cosas distintas. Algo que vemos bastante son las conductas de “reassurance”, de apaciguar, de dar seguridad. Un bonobo se pelea con otro, le pegan, grita -el equivalente de estar llorando- y va su amigo, lo abraza, lo calma.

Es decir, ¿en los aspectos socioemocionales más que diferencias, hay semejanzas?

Sí, hay muchas semejanzas. Y tambien hay diferencias, que van por el lado mayor complejidad en el caso humano. ¿A qué me refiero con eso? La complejidad tiene varios componentes:

1) El elemento temporal. Los bonobos pareciera que vivieran más en el presente, aunque no estamos totalmente seguros, y la línea divisoria no es absoluta ni blanco-y-negro. Antiguamente muchos filósofos decían que una de las diferencias principales entre los animales no humanos y nosotros es que solo nosotros viajamos con nuestra imaginación en el tiempo, nos proyectamos hacia el futuro y hacia el pasado. Hemos empezado a ver que no es tan así. De hecho, sabemos que hay pájaros de la familia de los cuervos que sí tienen capacidad para proyectarse hacia el futuro, por lo menos unos pocos días hacia adelante, y planifican sus acciones concretas de acuerdo a eso. Pero yo diría que la capacidad que tenemos nosotros para estar en el futuro nos diferencia de los bonobos, porque planificamos interacciones anticipadamente, en forma constante y con mucha sofisticación, por eso construimos ciudades, tenemos proyectos a cinco o 10 años y nos preguntamos cuál va a ser nuestro legado. Creo que ahí hay una diferencia significativa.

2) El lenguaje simbólico. Nosotros por medio de éste manejamos conceptos abstractos, desde el 0 hasta las mitologías.

3) Y el tamaño de los grupos sociales. En el caso nuestro, es mucho más grande que el de ellos. Es distinto ser un animal social que vive en una comunidad con 40 o 50 individuos a vivir en una comunidad de 2 mil individuos o más, y por supuesto en ciudades de varios millones de personas, a una sociedad global de varios billones.

La resiliencia, la capacidad de sobreponerse a los problemas, ¿es algo exclusivamente humano?

Es una propiedad humana, pero también de otros animales, y también de las plantas y de los ecosistemas naturales en general. Uno puede mirar ecosistemas y decir: “éste es más resiliente que el otro”, dependiendo obviamente de cómo definamos resiliencia. Yo la entiendo como la capacidad que tiene un sistema para frente a una perturbación -sea un incendio, un trauma, un golpe o una enfermedad- poder volver a su forma y recuperar su fuerza y su funcionamiento.

¿Algún ejemplo de resiliencia de los bonobos?

Hubo un evento que fue bien terrible al principio. Resulta que en el bosque hay trampas de cables muy gruesos que están diseñadas para atrapar jabalíes. Dos bonobos hembras con crías pequeñas cayeron en estas trampas y quedaron atrapadas. “¡Qué terrible! Van a morir cuatro bonobos en un día”, pensé. Pero el pistero, el ayudante de campo que nos acompañaba, tomó su machete y cortó el cable para liberarlas. Igual perdieron parte de la funcionalidad de sus manos, pues el cable quedó haciendo presión en sus muñecas y el tejido se necrosó. Es un trauma, un gran dolor.

Finalmente sobrevivieron gracias a una combinación de cosas, una de ellas fue que son animales fuertes y resilientes, que lograron seguir alimentándose. Pero lo otro que pasó es que miembros del grupo cambiaron la velocidad con que viajaban y se adaptaron a ellas. Las acompañaron, se desplazaron más lento, las acicalaron más. Esta historia muestra cómo la resiliencia tiene componentes sociales también.

Foto: Gentileza Isabel Behncke.

LOS BONOBOS Y LOS JUEGOS DE LA CONFIANZA

¿Cuál es el hallazgo más sorprendente que hizo de los bonobos?

Lo que más me llamó la atención fue la sofisticación socioemocional. Son animales muy sociales, que están muy pendientes de sus pares.

Y esto se expresa de varias maneras, una de ellas es el juego. Es una conducta compleja, que requiere cierta sofisticación socioemocional. En el juego astán presentes elementos conductuales que usualmente pertenencen a la agresión y la caza (por ejemplo perseguir, botar, morder, gruñir), entonces ¿cómo sé yo que el otro está jugando? Cuando uno mira estos animales es posible observar cómo se están comunicando entre ellos para darse a entender, cómo se establecen feedbacks de interacción, si eso no ocurriera esas conductas no serían posibles. Esa sofisticación en la comunicación me llamó mucho la atención.

¿Algún juego en particular que pueda describir?

Hay un grupo de juegos que llamé: “los juegos de la confianza”, que me parecieron muy interesantes porque reunían una serie de atributos: requerían de confianza para que ocurrieran, pero a la vez tenían elementos de riesgo y de vulnerabilidad. Por ejemplo, hay un bonobo sentado en una rama alta, llega otro más chico voluntariamente –no hay coerción, el menor se somete al riesgo porque quiere y lo encuentra entretenido, hay mucha risa y diversión aparente- y el adulto lo agarra del brazo y lo balancea desde lo alto. Lo podría soltar, hay un potencial de daño, pero eso no sucede. Requiere confianza, y también la genera.

Es como los papás cuando toman a los hijos de los brazos y los hacen girar.

Sí, claro, y los niños disfrutan. Y pasa lo siguiente: el papá entiende cuánta fuerza tiene que ocupar para seguir en la interacción, porque no ocupa toda la que tiene. Lo mismo ocurre si juega “a los combos”, podría noquear a su hijo, pero no lo hace. Esos tipos de juegos se ven mucho en los bonobos, donde los más fuertes regulan su fuerza para seguir interactuando con los más chicos.

¿Los bonobos les temen a los humanos? Hay una foto suya donde aparece abrazada a uno de estos animales.

Normalmente sí y es bueno que este temor exista, porque los humanos los cazan y destruyen sus hábitats. Esa foto que mencionas es de un momento muy especial, que tuvo lugar en un centro de rehabilitación, único en el mundo, que está en las afueras de Kinshasa -la capital de la República Democrática del Congo.Allí una mujer belga Claudine André creó este centro porque lamentablemente los bonobos jóvenes son víctimas del tráfico ilegal de animales, entonces llegan acá muy traumatizados porque han matado a sus madres y han experimentado condiciones horribles. Es una especie de “nursery” o jardín infantil donde los ponen con otros bonobos a jugar y crecer juntos y como no tienen mamás, les ponen “mamás humanas” que los cuidan, los retan y los abrazan si están demasiado estresados. Así, de a poquito, empiezan a jugar de nuevo y a insertarse en un grupo social.

¿Es factible reinsertarlos después en su hábitat natural?

Se hace, pero es muy difícil. Ellos lo han hecho, y continuan un trabajo importante en esa dirección. En general eso sí en términos de esfuerzos de conservación tiende a ser más eficiente conservar el hábitat de especies más que pensar en rehabilitación. Son procesos complejos: es caro, pasan accidentes, se intenta reinsertar animales que ya se formaron en otro contexto y que deben aprender todo de nuevo: qué comer, qué no comer, dónde comer, cómo hacer un nido en la noche, incluso necesitan aprender a temerle a los humanos cuando se criaron con ellos. Idealmente no tendríamos que llegar al punto de necesitar reinsertarlos, sino que actuaríamos mejor en el paso previo, el de dejarlos vivir en su habitat.

EL MIEDO ATÁVICO DE LOS HUMANOS

La biología evolutiva, ¿podría ayudarnos a comprender las causas de la pandemia y la manera en que reaccionamos a ella?

Hay varios elementos que ayudan. Primero, tenemos que entender que en la historia de la vida en general, y de nuestra vida como especie en particular, hemos coexistido y coevolucionado con virus. Son parte del funcionamiento sano de un ecosistema, los encontramos en todos lados, no son siempre solo algo que nos quiere matar y que podemos erradicar por completo. Parte del ecosistema en que estamos insertos y nuestro propio sistema inmunológico se han desarrollado en respuesta a los virus, por lo que también a ellos les debemos nuestro sistema inmunológico.

Y, segundo, la diversidad evolutiva nos sirve para entender no solamente nuestras respuestas fisiológicas frente a la pandemia, sino las respuestas psicológicas: el por qué este miedo fundamental, atávico, al contagio. Porque no solo nos da miedo, sino que se producen otras respuestas: empezamos a desconfiar más de otras personas, estamos más dispuestos a colaborar y darlo todo por unos y no por otros. Entonces, desde la biología evolutiva podemos comprender mejor una serie de respuestas de nuestra psicología social.

Ese miedo atávico al contagio, ¿de dónde nace?, ¿es algo negativo o positivo?

Ocupo la palabra atávico para referirme a algo que es muy antiguo. La sensación de asco, por ejemplo, es algo que no es exclusivamente humano. Y los contextos en que se da están asociados a patógenos. Somos todos seguramente hijos de ancestros que tuvieron asco al contagio y gracias a eso escaparon de estímulos que de otra manera los hubieran enfermado.

Al ser humano, ¿le falta conciencia o desarrollo de lo socioemocional que destruye los hábitats de estos animales y sigue exponiéndose a virus peligrosos?

La respuesta es multifactorial. Pero la principal es que nos cuesta mucho entender las causas y consecuencias de nuestras acciones en el largo plazo. La ciencia y el pensamiento empírico son relativamente nuevos para nosotros. Eso quiere decir que de cierta manera, intelectualmente estamos en nuestra infancia en relación a donde podríamos estar. Es como si a nuestras mentes les hiciera falta un “upgrade 2.0” para pensar de forma crítica y científicamente. Nos cuesta muchísimo, reflexionamos en términos de historia, mitología, asociaciones emocionales, pero el pensamiento crítico-científico no se nos da automáticamente.

Por otro lado, somos muchas personas en la tierra y los efectos globales de nuestras acciones nos cuesta percibirlos porque nuestras mentes están diseñadas para que nos importe más lo que nos pasa a nosotros y a nuestros familiares y amigos. Aquello que está lejos en distancia espacial –si hago algo en Chile y tiene consecuencias en China- o temporal –si hago algo ahora y tiene efecto en el medioambiente en 10 años más- simplemente es más difícil de ver. Además, nos importan más nuestras comunidades que las de otros. Hoy necesitamos mentes que sean capaces de entender que hay consecuencias globales a largo plazo, que vivimos en complejas inter-dependencias sociales y ecológicas. Ése es un comienzo para poder conjugar mejor los conflictos entre lo presente y lo futuro, lo local y lo global, lo mío y lo de los otros, etc.

INVITACIÓN A MOVERSE Y EXPLORAR LA NATURALEZA

Finalmente, ¿alguna sugerencia o mensaje que quiera dar a los docentes de escuelas chilenas? ¿Qué deben tener en cuenta al hacer clases presenciales?

Los invitaría a fomentar el juego libre y en el patio. Es difícil poner un límite en términos de edad, pero diría que hasta los 10 – 12 años es importante tener mucho cuidado con la noción de que el aprendizaje es necesariamente sentado frente a un escritorio o una pantalla. Los niños están hechos para moverse y jugar. Les diría a los docentes que confíen en la tecnología de aprendizaje que inventó la naturaleza, que es el juego. ¡Y que los dejen moverse! Ojalá afuera. Eso involucra riesgos por supuesto, porque van a trepar, se van a caer y se van a hacer una herida, pero creo que esos riesgos son menos graves que los riesgos de consecuencias cognitivas, físicas y emocionales, que pueden ser heridas de largo plazo, de niños que no pudieron jugar afuera, con otros, calibrar sus propios riesgos y aprender de ese modo.

Me preocupa la cultura del “safe place” (lugar seguro), no ha llegado tanto a Chile todavía, pero en EE.UU. está muy en boga. Se trata de pretender instalar a los niños en medios absolutamente seguros, resguardados de incomodidades y riesgos. Sin duda, hay una muy buena motivación detrás, un querer protegerlos y cuidarlos. Pero he visto a lo que se llega y creo que al final no se les protege efectivamente, porque se crían niños que son más frágiles frente a las adversidades de la vida real, que pierden capacidad de resiliencia.

Además, propondría a los docentes generar espacios para que haya juego con niños de distintas edades, porque ellos aprenden mucho del juego social con otros niños distintos. La gracia de dejarlos jugar con alumnos de otros cursos es que el grande tiene que aprender a regular su fuerza y el chico tiene que aprender a jugar con los grandes.

Y, finalmente, que confíen en la capacidad de los niños de autorregularse y aprender a solucionar conflictos. Obviamente por el bullying es bueno que haya un profesor atento para intervenir en los casos extremos, pero en general uno ve que los adultos se involucran muy rápido y están tratando de mediar la interacción de los niños todo el tiempo, muy encima. En la medida de lo razonable, déjenlos un poco más libres, sugeriría. Ellos mismos, en el juego, aprenden a negociar, a solucionar conflictos, a veces viene otro niño e intercede. Eso es importante.

Por supuesto, sugiero que los niños tomen contacto con la naturaleza. Que se acerquen a los árboles. No se necesita un parque, a veces hay un metro de patio y hay hormigas. Se les puede decir: “Observen niños, ¿qué es lo que están haciendo?” o “Miren, ¿son todas del mismo tamaño?”. Y un gran etc, que aprendan a hacer preguntas al mundo que los rodea. Desarrollar la capacidad de observación en los niños es un tremendo ejercicio. Eso propondría: movimiento físico e interacción con los pares y con la naturaleza. Y el juego como herramienta básica de aprendizaje.

Conozcamos mejor a los bonobos

Existen dos primates que son “primos” del ser humano en su árbol genealógico: los chimpancés y los bonobos.

La línea común bonobo/chimpancé se separó de la línea evolutiva humana hace aproximadamente unos seis millones de años. Como hoy no ha sobrevivido ninguna especie anterior al Homo sapiens en la línea evolutiva humana, ambas especies de chimpancé son el pariente vivo más próximo de los humanos que existe al presente.

Pruebas recientes de ADN sugieren que las especies del bonobo y el chimpancé común se separaron la una de la otra hace menos de un millón de años.

  • Hábitat de los bonobos: las densas selvas húmedas de la República Democrática del Congo (África Central).
  • Similitudes y diferencias genéticas: bonobos y chimpancés difieren con el hombre aproximadamente en el 1,3% de su genoma, mientras que bonobos y chimpancés están más estrechamente relacionados, en un 99,6%.
  • Características: pueden llegar a medir 1 m. de altura. Sus piernas son más largas que las del chimpancé común. Asimismo, tienen una gran diferenciación facial, al igual que los humanos.
  • Comportamiento social: altamente sociables entre ellos, organizan su vida en grupos o clanes. Las hembras ocupan un rol prioritario en sus sociedades; en la pubertad emigran de su tribu natal y al llegar a una nueva comunidad escogen a una o dos hembras residentes mayores para dispensarles atención especial, empleando el acicalamiento. De este modo, crean entre ellas vínculos fuertes, que les permite adquirir posiciones de dominancia y competencia frente a los miembros del sexo masculino. Al encontrar comida, las primeras que comen son las hembras y sus crías.

Fuentes: Revista Nature/ National Geographic/ Wikipedia/ mujeres con ciencia.com (blog de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco)/ Isabel Behncke.

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