Cultura

Humberstone y Santa Laura: OFICINAS SALITRERAS CHILENAS YA NO SON UN PATRIMONIO MUNDIAL EN PELIGRO

09/08/19 por reveduc

Foto: Gentileza UNESCO/ Nicolás del Valle.

El Comité del Patrimonio Mundial, reunido en Bakú desde el 30 de junio, decidió retirar las oficinas salitreras de Humberstone y Santa Laura (Chile) de la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, gracias al éxito de los esfuerzos de conservación realizados por las autoridades de nuestro país. En este reportaje, se buscó recrear cómo era la vida en la pampa salitrera, el trabajo que se desarrollaba y el impacto que esto tuvo en la vida de los habitantes de ambas instalaciones del norte chileno.

Las oficinas salitreras Humberstone y Santa Laura fueron inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial en 2005 y, simultáneamente, en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro debido a la fragilidad de sus edificios industriales, a la falta de mantenimiento que habían sufrido durante 40 años, a los daños causados por los fuertes vientos y a la ausencia de un sistema de vigilancia del sitio. Algunos de los edificios corrían riesgo de derrumbe y, en 2014, quedaron aún más débiles a raíz de un terremoto.

En los últimos 15 años las autoridades chilenas adoptaron medidas para mejorar la situación, en particular la puesta en marcha de un servicio de vigilancia diurno y nocturno, la protección de los límites del sitio mediante vallas, la construcción de una carretera de circunvalación para eliminar el tráfico en su interior y la adopción de medidas de seguridad para los visitantes.

El Comité del Patrimonio Mundialacogió estas medidas, así como la definición de zonas de amortiguamiento para protegerlas, además de la elaboración de una estrategia de conservación y un plan de gestión para el sitio.

Vale recordar que Humberstone originalmente fue propiedad de Manuel Almonte Vigueras, quien la llamó “La Palma” en conmemoración de una batalla que tuvo lugar en las cercanías de Lima en 1855. En 1872 fue adquirida por la Peruvian Nitrate Company, la que agregó allí nueva maquinaria. Ese mismo año la compañía de extracción de nitratos de Guillermo Wendell fundó la oficina salitrera Santa Laura, distante 1.5 km. de La Palma.

Foto: Gentileza UNESCO/ Nicolás del Valle.

A éstas y otras oficinas salitreras instaladas en el desierto de la pampa –una de las zonas más áridas del planeta– desde 1880 acudieron miles de pampinos a vivir y trabajar en la extracción del nitrato de sodio, fertilizante que transformó la agricultura en las dos Américas y en Europa, proporcionando a Chile una riqueza considerable. Por espacio de 60 años esos trabajadores le dieron vida al yacimiento de salitre más grande del mundo que haya existido

Pero, ¿cómo era la vida en la pampa?, ¿cuán duro era el trabajo que se desarrollaba allí?, ¿qué impacto tuvieron las faenas salitreras en la vida de los habitantes de Humberstone y Santa Laura? A continuación, daremos cuenta de relatos de primera mano que nos trasladan a una realidad muy diferente a la actual.

LA PAMPA: TRABAJAR EN “CACHUCHOS” HIRVIENDO

Gerónimo Caballero, pampino, reconocido por sus pares como un hombre de “mucho conocimiento”, recordó hace unos años en un taller cómo era la vida en las oficinas salitreras.

“El trabajo comenzaba con la explotación de los mantos calicheros (el caliche es la materia prima de donde se extrae el salitre, constituido por una masa compuesta de nitrato de sodio mezclado con otras sales como cloruros y sulfatos y otras substancias terrosas). Éste era realizado por los llamados patizorros, particulares que extraían el caliche desde las calicheras, que podían alcanzar los 3 metros de altura a veces un poquito más, con un calor enorme, esto es a 35º casi 40º grados y con sol en la espalda, como decía la gente en el espinazo. Ese era el particular, el hombre que sacaba el caliche… rasguñando la tierra.

De ahí era llevado a la oficina donde pasaba a las acendraderas donde trabajaba otra gente, brutalmente, moliendo el caliche en los molinos ya sean primarios, secundarios y/o terciarios. Una vez granulado el material continuaba a los cachuchos, la parte principal. En los cachuchos se cocía el caliche entre 105º y 112° de temperatura, tomen bien en cuenta ¡112° de temperatura!

Trabajar en los cachuchos era un trabajo realmente duro, ustedes deben de haber visto que los desripiadores o bota ripios usaban el dorso desnudo, ¿por qué lo hacían? porque el calor era demasiado. Imaginen lo que debe ser trabajar donde hay 20 ó 30 cachuchos, algunos hirviendo, mientras uno tiene que palear sacando los ripios de otros. Estoy seguro que nadie hoy en día aguantaría eso”.[1]

Cabe señalar que los “cachuchos” eran estanques de gran capacidad llenados con una carga de caliche chancado y agua vieja. Se calentaban mediante el paso de calor de vapor de agua a través de serpentines situados en la periferia de sus costados interiores, lo cual producía una masa hirviente que disolvía la sal de nitrato de sodio (salitre).

Dentro de la amplia gama de oficios que formaban parte de esta industria, están los “llenadores de carros”, que tenían que llenar los carros con el caliche (cada carro tenía 6, 8, 12 ó 18 metros cúbicos) y los “costreros”, cuya labor consistía en estimar la ley de los caliches que acopiaban los particulares, usando una mecha (pabilo) encendida sobre la cual hacían saltar trocitos de caliche, entre muchos otros. Para conocer más oficios de esta industria ir a http://www.albumdesierto.cl/glosario.htm.

DE SOL A SOL Y SIN HORARIO DE TRABAJO

Julio Valdivia, pampino que ha trabajado para la Corporación Museo del Salitre, al igual que Gerónimo Caballero, en su testimonio dejó muy claro que en la pampa el patizorro fue el más castigado.

“Ese salitrero trabajaba a trato, por lo general de sol a sol, sin horario de trabajo. Podría decirles que muchos de estos pampinos fueron peruanos o bolivianos.

Ellos se mantenían sin comer por prácticamente 12 horas, masticando por un lado con hoja de coca y por otro, un zumo de papas con cenizas que ellos llamaban lluta.

Además, el patizorro tenía que aceptar la compra de su trabajo en condiciones desfavorables, por ejemplo, si lograba el acopio de 1 metro, la empresa (oficina) le colocaba como condición 1 metro 20 centímetros; o cuando el costrero no le tenía  buena o tenía que defender su puesto en la compañía le decía al obrero que su acopio era de mala calidad y que por lo tanto le pagaría sólo la mitad del valor. Esto llevó a que el obrero se defendiera: medía el mismo su acopio y para probar la calidad del caliche aprendió a distinguir con la lengua la ley del material, esto fue una de las cosas encomiables. Si bien es cierto no todas las situaciones fueron iguales, por lo general no hubo protección, ni guantes, ni calamorros (zapatos gruesos). Se trabajó  a la que te criaste como decíamos nosotros los pampinos”.[2]

Y en esta aventura hasta los niños de la pampa cumplieron un rol que, hoy en día, nos parecería terrible. “Eran los niños los que ponían los explosivos. Los metían a un hoyo de 2 a 3 metros con la cabeza para abajo y colocaban el explosivo que hacía la tronadura. Ellos hacían la pega del tazador. Muchas veces quedó hecho mal el tiro, lo que se llamaba tiro echado y cuando iba el particular a ver la calichera, explotaba. Murieron muchos obreros en esas condiciones”, comentó.[3]

HUMBERSTONE Y SANTA LAURA, VIDA SOCIAL Y EDUCACIÓN

Foto: Gentileza UNESCO/ Nicolás del Valle.

Las oficinas salitrera Humberstone y Santa Laura conformaron un complejo industrial integral. “Si la primera es hoy representativa de la vida urbana del salitre, a través de la conservación de los edificios habitacionales y de servicios propios de los campamentos salitreros, en Santa Laura se conservan las instalaciones industriales y los elementos propios de la actividad salitrera. Es así como este complejo es el más cabal testimonio de un conjunto de conocimientos, técnicas y formas de vida únicas, asociadas a una actividad extractiva que debió desenvolverse en un medio extremadamente hostil para la vida humana”.[4]

El mayor período de gloria de Humberstone fue entre los años 1933 y 1940, llegando a albergar una población de 3.700 habitantes. Al ser adquirida por la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, se crearon la escuela, el hospital, el hotel y el teatro. Por su escenario pasaron compañías de operetas y zarzuela, obras pampinas, y proyecciones de cine sonoro. Además, el teatro “recibió la visita de ilustres artistas nacionales como Lucho Córdova formando pareja con Olvido Leguía; Rafael Frontaura, Alejandro Flores, Eugenio Retes Rolando Caicedo y Anita González”.[5]

En esa época incluso se instaló energía eléctrica y agua potable domiciliaria, convirtiéndose en una verdadera ciudad moderna.

La Escuela Básica Mixta N° 35, donde estudió gran parte de los niños de la oficina salitrera, tenía cuatro salas de clases, que en 1936 se ampliaron a ocho, de 1ª. a 6ª. preparatoria, con capacidad para 150 alumnos. “Los profesores, además del sueldo recibían una subvención que podía consistir en casa habitación, servicios de luz, agua o alcantarillado gratuito”.[6]

“Para el año 1939 había 431 alumnos matriculados y 77 retirados. En 1945 la escuela figuró administrativamente en el Departamento de Iquique, comuna de Pozo Almonte”.[7]

A cargo de esta escuela estuvo Dina Erraz, profesora de Arica, quien recordó en la publicación “Hitos del Salitre. Escuela 35”, que allí en una oportunidad recibió la visita de la poetisa Gabriela Mistral. Una crónica publicada en “La Estrella de Iquique” del 17 de marzo de 2009 deja también registro de este hecho:

“Era el 6 de julio de 1938. En el vapor Copiapó, procedente de Valparaíso, llegó a Iquique Lucila Godoy Alcayaga “Gabriela Mistral”. El acontecimiento lo registró el diario “El Tarapacá” y entregó detalles de la llegada de la ilustre visita: A bordo del vapor fue recibida por los directores del Liceo de Hombres de Iquique, Sr. Germán Gaete P., del Liceo de Niñas: Señorita Hilda rojas y del Instituto Comercial Sr. Horacio Amaral y señora, Sr. Ortelio Parra, Inspector Provincial de Educación y las profesoras Sra. Gamboa y la Srta. Josefina Rojas. Participaron también en esta Comisión: el Gobernador Marítimo y el jefe del Resguardo de Aduana. Gabriela bajó a tierra en compañía de la profesora de un colegio de Nueva York señorita Consuelo Saleva.

La poetisa que habría escrito: La explotación de las salitreras fue más dura, mucho más devoradora de vida que la guerra, era la primera vez que estaba en Iquique. Su primera impresión: ver la ausencia de colores alegres en el histórico puerto, donde se inmortalizaron la figura del Capitán Arturo Prat Chacón y su heroica tripulación. Tenía grandes deseos de conocer la industria salitrera. Visitó la Oficina Santiago Humberstone. Fue recibida por el Administrador Ricardo Morales y la invitaron a conocer, en unión con los jefes de secciones, los diferentes procesos de la elaboración del salitre. Conoció el campamento de la Oficina y las modernas construcciones del Teatro, Mercado, Iglesia, Hotel y finalmente la Escuela”.[8]

En 1949 la Orden de Padres Oblatos de la Congregación María Inmaculada -los mismos que levantaron la Iglesia, ubicada al suroeste de la plaza principal y al costado poniente del Mercado- abrió el Colegio San Mauricio, con parvulario, particular y gratuito para hijos de empleados y obreros, ubicado detrás del Mercado.

“En esta escuela podían estudiar todos los niños de 1° a 6° básico, cualquiera fuera su condición social. Los niños más pequeños debían asistir al jardín infantil del Colegio San Mauricio de los Padres Oblatos”.[9]

Estos sacerdotes de origen canadiense se ganaron el corazón de los pampinos, pues no solo construyeron la escuela, también “enseñaron a jugar béisbol, instalaron emisoras de radio y asesoraron a los trabajadores en sus demandas laborales”.[10] 


[1] “Taller para la Conservación y Manejo de las Oficinas Salitreras Humberstone y Santa Laura”, editado por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile/ World Heritage Centre / UNESCO/ y la Corporación Museo del Salitre. Cuadernos del Consejo de Monumentos Nacionales. Segunda Serie Nº 79, 1ª Edición 2004. Pág. 22.

[2] Taller para la Conservación y Manejo de las Oficinas Salitreras Humberstone y Santa Laura”, editado por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile/ World Heritage Centre / UNESCO/ y la Corporación Museo del Salitre. Cuadernos del Consejo de Monumentos Nacionales. Segunda Serie Nº 79, 1ª Edición 2004. Pág. 23 y 24.

[3] “Taller para la Conservación y Manejo de las Oficinas Salitreras Humberstone y Santa Laura”, editado por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile/ World Heritage Centre / UNESCO/ y la Corporación Museo del Salitre. Cuadernos del Consejo de Monumentos Nacionales. Segunda Serie Nº 79, 1ª Edición 2004. Pág. 24.

[4]Taller para la Conservación y Manejo de las Oficinas Salitreras Humberstone y Santa Laura”, editado por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile/ World Heritage Centre / UNESCO/ y la Corporación Museo del Salitre. Cuadernos del Consejo de Monumentos Nacionales. Segunda Serie Nº 79, 1ª Edición 2004. Pág. 62.

[5] MINISTERIO DE BIENES NACIONALES. “Pampa del Tamarugal. Salitrera Humberstone”. Colección Rutas Patrimoniales. En: http://rutas.bienes.cl/wp-content/uploads/2015/01/19.pdf

[6] MINISTERIO DE BIENES NACIONALES. “Pampa del Tamarugal. Salitrera Humberstone”. Colección Rutas Patrimoniales. En: http://rutas.bienes.cl/wp-content/uploads/2015/01/19.pdf

[7] “Hitos del Salitre. Escuela 35”. En: https://issuu.com/visionantukrea/docs/boletin_escuela2

[8] LA ESTRELLA DE IQUIQUE. “Gabriela en Iquique”. 17 de marzo, 2009. En: http://www.estrellaiquique.cl/prontus4_nots/site/artic/20090317/pags/20090317001033.html

[9] MINISTERIO DE BIENES NACIONALES. “Pampa del Tamarugal. Salitrera Humberstone”. Colección Rutas Patrimoniales. En: http://rutas.bienes.cl/wp-content/uploads/2015/01/19.pdf

[10] En: http://elteterapampino.cl/fragmentos-de-poemas-pampinos/

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