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Hilda Bravo: “MI PASIÓN ESTÁ EN LA SALA DE CLASES”

24/02/16 por reveduc

Nunca hubo excusas a la hora de enseñar. Si había que ir a buscar a los alumnos a caballo para que sus padres los matricularan, allí estaba. Si debía entrevistarse con los apoderados para que apoyaran a sus hijos en su proceso de aprendizaje, no lo dudaba un minuto. Con 67 años de ejercicio docente, hoy piensa escribir su biografía y seguir aportando desde otros frentes al debate en materia de educación.

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Tan amplia e intensa trayectoria convierte a la profesora Hilda Bravo Bobadilla –viuda, madre de ocho hijos, con 18 nietos y 10 bisnietos- en una verdadera “maestra”. Siempre en contacto con alumnos vulnerables, ha sabido inculcar en muchas generaciones de estudiantes las ganas de aprender y, sobre todo, de convertirse en “hombres y mujeres responsables, ciudadanos íntegros y útiles a la sociedad”.

Desde que se tituló, a fines de los años 40, en la Escuela Normal José Abelardo Núñez, ha sido testigo directo de los cambios que ha vivido la educación chilena. Hoy, a sus 88 años de edad, afirma que aunque piensa escribir su biografía y aportar desde distintos frentes al debate en materia de educación, su corazón sigue estando en la sala de clases, al punto que hasta 2013 estuvo trabajando con niños de enseñanza básica. “No imagino una actividad más noble que educar”, dice.

Vocación por quienes más lo necesitan

Su primer trabajo fue en 1947 en una escuela rural en Panquilemo, cerca de Talca. Ahí permaneció ocho años. “Teníamos que ir a caballo a visitar a las familias para que matricularan a sus niños. Las mamás eran reticentes, pero insistíamos, íbamos una y otra vez, y al final creyeron en nosotros –recuerda – A partir de entonces surgió en mí, cada vez con más fuerza, el deseo de cambiar la vida de los niños más necesitados, ayudándolos a salir de la pobreza y la ignorancia. Eso me provocaba una satisfacción profunda y me motivaba a seguir adelante”.

Nunca ha dejado de hacer clases, ni siquiera cuando fue directora de escuela. Después de trabajar en Panquilemo, se trasladó a la Escuela N° 6 de Talca. Una vez en Santiago, en 1965, fue directora interina en la Escuela N° 82 de Pedro Aguirre Cerda. Y en 1969, asumió la dirección de la Escuela Especial de Adultos N° 32 de La Granja y paralelamente hizo clases de Ciencias Sociales en el Centro Básico La Cisterna a alumnos de 7° y 8°que habían quedado fuera del sistema regular.

Una vez jubilada, en 1978, continuó ejerciendo y dirigió la Escuela F – 551 del Departamento Pedro Aguirre Cerda y al mismo tiempo, fue docente en la Escuela Nocturna de Adultos N° 98 de Las Condes. Un par de años después, volvió a estar frente a una sala llena de niños en el colegio particular subvencionado  “La Raíz y la Espiga”. Allí se desempeñó como directora y subdirectora, pero siempre haciendo clases. “Para mí es un orgullo ser profesora normalista y poder enseñar materias tan diversas como Castellano, Matemática, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Mi pasión está en la sala de clases”, afirma.

Cómo despertar las ganas de aprender

Al hacer un recuento de su trayectoria, Hilda Bravo asegura que siempre ha mantenido el entusiasmo por enseñar, de hecho hasta diciembre de 2013, viajaba en Metro todos los días de la semana a “La Raíz y la Espiga”, un colegio muy vulnerable de San Miguel. ¿Qué es lo que hacía allí para despertar en los niños el deseo por aprender? La clave, según ella, está en: “La entrega profesional de los docentes que ahí trabajamos, estábamos pendientes de todos los niños en cada instancia que podíamos, en los recreos, antes de entrar a clases, a la salida, etc. Nos preocupábamos de mejorar su autoestima a través del afecto y de una comunicación sencilla, que nos permitiera detectar en ellos sus preferencias –por ejemplo, la música y el deporte- y su nivel de sociabilidad. Tratábamos que el niño fuera orientado por psicólogos o especialistas, para encauzar sus debilidades y fortalezas”. Y también crear un ambiente propicio para la enseñanza; pues tal como ella misma señala, “sin disciplina no hay aprendizaje”.

Lo anterior no es una tarea fácil, pero el director puede contribuir para que los docentes no desfallezcan en este intento. Así lo asegura esta docente, quien explica que en los distintos colegios en los cuales trabajó aprendió que el director/a puede hacer mucho en ese sentido, a través de entrevistas individuales y frecuentes con los profesores, analizando las situaciones de los alumnos caso a caso y buscando en conjunto las soluciones. También aprovechar los consejos de profesores, parciales y generales, que son otra buena instancia para abordar en profundidad estos temas.

Hilda Bravo destaca de manera especial el papel de los profesores. “Ellos son los principales formadores de los diferentes actores sociales, sean éstos técnicos o profesionales”, declara y agrega: “Pero no han sido valorados tanto social, profesional como económicamente. Con un cambio en esa línea se puede lograr una mayor motivación de los docentes en continuar ejerciendo su labor profesional y así también evitar su deserción del sistema, de ahí que el Estado tiene una función muy noble que efectuar en bien de ellos”.

Tampoco hay que olvidar a la familia, que también juega un rol muy importante en la educación. Cuando no hay apoyo del hogar, la tarea es bastante más difícil. Por eso, Hilda Bravo nunca dudó en entrevistarse con los apoderados para que comprendieran la importancia de que sus hijos tuvieran reglas claras que permitieran un mejor proceso de aprendizaje. Por ejemplo, si no hay una hora adecuada para que el niño se vaya a dormir, va a llegar a clases cansado, distraído, y no podrá rendir como se espera; si no cuenta con tiempo y un espacio tranquilo para estudiar y hacer sus tareas, no estará al mismo nivel de aprendizaje que el resto de su curso. Además, se preocupaba de escribirles una pequeña nota a los padres que lo necesitaran para que las mostraran en sus trabajos y les dieran permiso para ausentarse y asistir a alguna reunión escolar. Y en las ceremonias escolares de fin de año premiaba con un diploma a quienes se habían destacado por apoyar a su hijo/a y mostraron un mayor compromiso con el proyecto del colegio.

Los desafíos de un educador

Hilda Bravo asegura que lo esencial al educar en estos tiempos es conocer muy bien al alumno en cuanto sujeto de la educación: cómo aprende, qué temas son de su interés, qué actividades le gustan, de acuerdo a los distintos tramos etáreos. “Hay que saber “llegar” al alumno y escucharlo. Esto es fundamental para establecer una verdadera comunicación con el estudiante, apoyarlo en sus necesidades y orientarlo en forma adecuada. “Conocer muy bien al alumno permite preparar una clase más dinámica, más efectiva”, asegura. Y también afirma que es fundamental aprovechar bien los consejos técnicos pedagógicos para estar actualizado en relación con las modificaciones curriculares y así aplicarlas en las planificaciones de clase. Todo lo anterior acompañado de una gran afectividad.

Al preguntarle qué mensaje quisiera darles a los jóvenes que desean estudiar esta carrera, su respuesta es clara y precisa: “Les diría que piensen muy bien la elección que van a tomar, que conversen mucho con los orientadores de sus colegios para detectar si realmente tienen vocación para la docencia. Les recomendaría visitar distintos establecimientos para presenciar las clases y conectarse con la realidad que a futuro tendrán que vivir”.

Hilda Bravo insiste que ser profesor es un trabajo de máxima importancia, que se debe revalorizar, y que tanto las universidades, como el Estado y la sociedad en general, tienen en esa línea desafíos por delante: “Todo profesor debe ser de excelencia. Por ahí tenemos que empezar si queremos una educación de calidad. Se debe levantar el nivel del profesor desde sus inicios, es decir, exigir los mejores puntajes de ingreso para estudiar pedagogía, así como sueldos de acuerdo a su calidad profesional. Los programas de pedagogía deberían contemplar desde el primer año visitas periódicas a los colegios donde los jóvenes no sean sólo espectadores, sino protagonistas en el proceso de enseñanza – aprendizaje apoyando activamente al docente en su clase. Así podrán conocer de cerca lo que significa ser profesor, lo difícil que es educar, porque exige mucha entrega, no sólo una gran cantidad de conocimientos, sino grandeza y humildad de alma; el profesor tiene que saber la función tan relevante que cumple y, al mismo tiempo, debe ser humilde para saber llegar a la gente, para entender a los niños y su entorno”.

Por último, sostiene que la Reforma Educacional que actualmente está llevando a cabo el gobierno es “indispensable” y que es muy positivo el que se esté escuchando a todos los sectores del país. “No es una iniciativa que se haya generado a puertas cerradas, ha existido y continúa existiendo diálogo al respecto. Hay contenidos que tendrán más consenso que otros, pero lo crucial, en mi opinión, es que se ponga el foco en los colegios vulnerables”, recalca. “A veces un niño llega con la mochila y en la mochila no tiene nada, está vacía, ¿qué pasó con los libros que le entregamos, con los cuadernos? En algunas ocasiones nos encontramos con que llegó el papá enojado, los rompió y se los botó. Esa es la realidad que enfrentamos muchas veces los profesores que trabajamos en sectores vulnerables”, concluye esta experimentada maestra.

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