Cultura

UN GALARDÓN CON HISTORIA: PREMIOS NACIONALES 2017

20/12/17 por reveduc

Esta vez la distinción recayó en seis disciplinas: Ciencias Exactas, Artes de la Representación y Audiovisuales, Artes Plásticas, Humanidades y Ciencias Sociales, Ciencias de la Educación y Periodismo. A continuación, presentamos los rostros de los chilenos que fueron merecedores de este Premio y los pormenores de una historia que comenzó en 1942, con el primer Premio Nacional que tuvo el país. 

Los Premios Nacionales existen desde 1942 y son los máximos reconocimientos que otorga el Estado de Chile, a través del Ministerio de Educación, a personas cuya obra destaca por su excelencia, creatividad, aporte trascendente a la cultura nacional y al desarrollo del saber y de las artes.

Pero no todos surgieron al mismo tiempo. El primero fue el de Literatura, impulsado por la Sociedad de Escritores dado que muchos de ellos vivían en forma precaria y eran incapaces de subsistir con derechos editoriales. “Respaldada por un grupo de parlamentarios de avanzada y un grupo de intelectuales con cargos en el gobierno, dicha Sociedad se abocó en 1940 a preparar un pre-proyecto de ley que concretara esas ideas. Éste llegó a manos del presidente Pedro Aguirre Cerda, quien fue  su más comprometido defensor, ordenando redactar la ley que instituyera dicha distinción. Sin embargo, falleció antes de terminar su tan ansiado proyecto”.[1]

El Premio Nacional de Literatura tuvo entonces que esperar hasta el gobierno de Juan Antonio Ríos para convertirse en ley de la República. Así, la Ley N° 7.368, promulgada el 9 de noviembre de 1942, lo institucionalizó en el marco de un homenaje al centenario del Movimiento Literario de 1842.

Fue Augusto D’Halmar, en 1942, el primer escritor galardonado. Luego vendrían Pablo Neruda en 1945, José Santos González Vera en 1950, Gabriela Mistral en 1951, Manuel Rojas en 1957, Marta Brunet en 1961, Nicanor Parra en 1969, Carlos Droguett en 1970, Eduardo Anguita en 1988 y Armando Uribe en 2004, entre muchos otros.

Hernán Díaz Arrieta (Alone), el escritor y crítico literario más cotizado de su época, obtuvo este reconocimiento en 1959. No en vano su primera pasión fue la lectura. Como él mismo dijo: “En verdad los libros para mí no son libros. Son seres vivos. He leído la vida entera, desde que aprendí a leer. Casi diría que no he hecho otra cosa. Y por gusto, porque me causa placer”.[2] Claramente de allí a una fructífera incursión literaria solo bastaba un paso.

 

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PREMIOS

El Premio Nacional de Arte también fue creado por  la Ley N° 7.368. Se entregó desde 1944 a 1991; y alternaba la mención entre pintura o escultura, música y teatro.

Los primeros en recibirlo fueron: Pablo Burchard Eggeling en 1944 (Pintura); Pedro Humberto Allende Sarón en 1945 (Música); Alejandro Flores Pinaud en 1946 (Teatro); Pedro Reszka Moreau (Pintura) en 1947; Enrique Soro Barriga en 1948 (Música); Rafael Frontaura de la Fuente en 1949 (Teatro) y Camilo Mori Serrano en 1950 (Pintura).

A partir de 1992, esta distinción fue reemplazada por el Premio Nacional de Artes Plásticas; Artes Musicales; y Artes de la Representación y Audiviosuales.

En 1954 surgiría el Premio Nacional de Periodismo y en 1974, el de Historia. En relación con este último, cabe señalar que antes de su existencia los historiadores estaban marginados del reconocimiento oficial, a excepción de Francisco Antonio Encina, quien se adjudicó el de Literatura en 1955 y Ricardo Donoso Novoa, que se llevó el de Ciencias con mención en Ciencias Humanas en 1971.

Merecedores del Premio Nacional de Historia: Eugenio Pereira Salas (1974), Mario Góngora (1976), Juan Luis Espejo (1978), Néstor Meza (1980), Ricardo Krebs (1982), Gabriel Guarda (1984), Rolando Mellafe (1986), Fernando Campos (1988), Álvaro Jara (1990), Sergio Villalobos (1992), Walter Hanisch (1996), Armando de Ramón (1998) y Mateo Martinic (2000), Gabriel Salazar (2006), Eduardo Cavieres (2008), Bernardino Bravo Lira (2010), Jorge Pinto Rodríguez (2012), Sergio González Miranda (2014) y Julio Pinto Vallejos (2016). Además, desde 1994 tres personas ligadas a la arqueología y etnohistoria ganaron el galardón: Mario Orellana (1994), Lautaro Núñez (2002) y Jorge Hidalgo (2004), incorporando así nuevas áreas de la historia al reconocimiento oficial.

Por otra parte, recién en 1981 se dio vida al Premio Nacional de Ciencias de la Educación. Los galardonados: Roberto Munizaga Aguirre (1979), Teresa Clerc Mirtin (1981), Luis Gómez Catalán (1983), José Valentín Herrera González (1985), Marino Pizarro Pizarro (1987), Eliodoro Cereceda Arancibia (1989), Viola Soto Guzmán (1991), Ernesto Livacic Gazzano (1993), Hugo Montes Brunet (1995), Gabriel Castillo Inzulza (1997), Patricio Cariola Barroilhet (1999), Hernán Vera Lamperein (2001), Mabel Condemarín Grimberg (2003), Héctor Gutiérrez Muñoz (2005), Ernesto Schiefelbein Fuenzalida (2007), Mario Leyton Soto (2009), Erika Himmel Konig (2011), Beatrice Ávalos Davidson (2013) e Iván Núñez Prieto (2015). ​

​​En cuanto al Premio Nacional de Ciencias estuvo vigente entre 1969 y 1991, pues en 1992 fue reemplazado por los Premios Nacionales de Ciencias Exactas, Ciencias Naturales y Ciencias Aplicadas y Tecnológicas. Los primeros en estas lides fueron Alejandro Lipschutz (Biología, 1969), Herbert Appel (Química, 1970), Ricardo Donoso Novoa (Historia, 1971), Alfonso Asenjo Gómez (Medicina, 1973), Joaquín Luco Valenzuela (Biología, 1975), Jorge Mardones Restart (Farmacología, 1977) y Héctor Croxatto Rezzio (Biología, 1979).

 

LEY VIGENTE, PROMULGADA EN 1992

A partir del 22 de septiembre de 1992 la entrega de los Premios Nacionales se rigió por la Ley N° 19.169, promulgada por el Presidente de Chile, Patricio Aylwin Azócar.

Allí se estableció la entrega de este Premio en 11 disciplinas: Literatura; Periodismo; Ciencias Exactas; Ciencias Naturales; Ciencias Aplicadas y Tecnológicas; Historia; Ciencias de la Educación; Artes Plásticas; Artes Musicales; Artes de la Representación y Audiviosuales, y de Humanidades y Ciencias Sociales, todas vigentes hasta hoy.

LOS ROSTROS 2017

Guido Garay Brignardello: Premio Nacional de Ciencias Exactas 2017.

Formando astrónomos expertos en radioastronomía

 

 

“Me siento muy honrado y emocionado de recibir la máxima distinción que el país le puede otorgar a un científico: el Premio Nacional de Ciencias Exactas y que además sea la Presidenta de la República quien lo entregue. Este Premio me fue concedido en reconocimiento a mis aportes científicos y a mi rol como formador de las nuevas generaciones de astrónomos. Hago notar que mi obra científica no es el resultado de un trabajo individual sino de una investigación en conjunto con diferentes astrónomos, tanto en Chile como en el extranjero. Comparto este Premio con todos los colegas con los que he colaborado así como también con todos los estudiantes de astronomía que he formado y guiado a través de los años, pues son ellos quienes a través de sus agudas preguntas e innovadoras ideas me han impulsado a tomar nuevos enfoques y publicaciones. Deseo expresar mi más profundo y sincero agradecimiento, primero, a la Nación, pues con los recursos de todos los chilenos me eduqué en instituciones públicas como son el Instituto Nacional y la Universidad de Chile, en ellas encontré mi vocación por la astronomía y obtuve las herramientas necesarias para emprender y desenvolverme con éxito en esta profesión. Y segundo, a la principal casa de estudios del país, la Universidad de Chile, que me ha cobijado por más de 30 años en el Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, permitiéndome hacer investigación en esta maravillosa y excitante rama del saber que es la astrofísica (…) Para los astrónomos la luz es un ingrediente fundamental para dar respuesta a las preguntas que nos formulamos. Dedico este Premio a quienes han dado luz a mi vida, con su amor, cariño y comprensión: me refiero a mi señora Claudia y a mis hijos Gonzalo, Gustavo, Tomás, Fernanda y Felipe, en particular a mi hijo Gustavo quien dejó tempranamente este mundo terrenal, pero desde otra dimensión me da fuerza interior”.

(Palabras en ceremonia de entrega de Premios Nacionales 2017)

 

“Cuando pequeño fue observador de las estrellas, afición que nunca más abandonó y fue refrendada en el Instituto Nacional, donde escuchó, de boca de uno de sus maestros, de la existencia de un radiotelescopio que permitía estudiar un Universo invisible para los ojos. Estaba escrito en las estrellas: ése sería su destino”, señala el catálogo “Premios Nacionales 2017”, editado por el Ministerio de Educación.

Es astrónomo de la Universidad de Chile y profesor titular de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la misma casa de estudios, donde también es director del Departamento de Astronomía. Y es subdirector del Centro Basal de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA).

Máster y doctor en Astronomía de la Universidad de Harvard, pertenece a la Academia Chilena de Ciencias. Sus principales áreas de investigación son las regiones de gas ionizado, jets y flujos moleculares, formación de estrellas masivas y estudios radioastronómicos del medio interestelar.

Durante años ha formado una generación de astrónomos expertos en radioastronomía y su docencia se caracteriza por transmitir a sus alumnos los fundamentos de la astrofísica en forma sencilla y profunda. Además, logró reunir a investigadores de las tres universidades que cultivan la astronomía (Universidad de Chile, Universidad Católica y Universidad de Concepción)  en el Centro de Astrofísica, que forma parte del Programa Fondo de Investigación Avanzado en Áreas Prioritarias (FONDAP). Dicho Centro comenzó a funcionar el 1 de abril de 2002 y ha marcado un antes y un después en la astronomía nacional.

 

Alejandro Sieveking Campano: Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales 2017

Haciendo obras de connotación internacional

 

 

“En el teatro somos muy dependientes los unos de los otros. Nuestro trabajo no es mi trabajo, sino una labor colectiva. El éxito de una obra no es solamente del autor, sino del grupo, siempre. Por eso tengo que agradecer a los directores, las actrices, a los actores, al público, a las universidades a las cuales debo mi formación. Nosotros en el teatro somos una patota, queremos incorporar al público como una patota, como un grupo con el que se puede hablar. En mis obras he intentado ese camino, el de hablar relajadamente”.

(Palabras en ceremonia de entrega de Premios Nacionales 2017)

 

“Por dos años fue alumno de Arquitectura en la Universidad de Chile, donde realizó sus primeras incursiones en las tablas con la obra ‘Encuentro con las sombras’. Una experiencia decisiva que lo motivó a cambiarse de carrera e ingresar al Instituto de Teatro del mismo plantel, el año 1956”, se recuerda en el catálogo “Premios Nacionales 2017”, editado por el Ministerio de Educación.

Allí fue compañero de Víctor Jara, con quien compartió gran parte de sus primeros trabajos. De hecho, él dirigió varias obras escritas por Sieveking, todas piezas teatrales de connotación internacional: ‘Parecido a la felicidad’ (1959), ‘Ánimas de día claro’ (1959) y ‘La remolienda’ (1965) -la que se ha convertido en un clásico con innumerables montajes-, además de la obra para niños ‘Honorato el caballo de circo’ (1959).

Actor, director y dramaturgo, tiene a su haber una vasta producción: ‘El fin de febrero’ (1958), ‘La coronación de Pierrot’ (1958), ‘Tres tristes tigres’ (1967), ‘La mantis religiosa’ (1971), ‘La virgen del puño cerrado’ (1973 y estrenada al año siguiente con el título de ‘La virgen de la manita cerrada’), ‘La comadre Lola’ (1985), y ‘La fiesta terminó’ (2005). También es autor de las novelas ‘La señorita Kitty’ (1994) y ‘Bella cosa mortal’ (2008) y ha tenido roles protagónicos en las películas ‘Play’ (2005), ‘La vida me mata’ (2007), ‘Gatos viejos’ (2010) y ‘El club’ (2015).

 

Paz Errázuriz Korner: Premio Nacional de Artes Plásticas 2017

Aportando a la memoria social, cultural y política

 

 

“Mi trabajo es y ha sido hasta ahora construir un espacio para aquellas comunidades que suelen vivir en la sombra y la negación de la mirada tradicional y conservadora de nuestro país. El objetivo de mi cámara recoge de estos sujetos una presencia reveladora de su enérgico estar en el mundo y en lo social, recoge de ellos y ellas un poder transformador y creativo de una realidad muchas veces precaria. Recoge asimismo los prejuicios de quienes no los conocen e ignoran, esto es su dignidad y su riqueza vital que no ha tenido escucha. Todo esto es lo que ha motivado y dado sentido a mi trabajo. En particular este homenaje también va para Fresia Alessandri, mujer kawéscar de Bahía Williams fallecida el 2003, con quien compartí mágicos momentos entre vientos, lluvias y relatos. Vaya también un recuerdo al púgil de La Pincoya, David Elis, apodado ‘La Furia’, uno de los protagonistas de mi trabajo ‘El combate contra el ángel’, quien murió en el ring de Coyhaique, en su último combate antes de retirarse según había anunciado. Por sobre todo vaya mi afecto para mi amiga C. de Vivaceta, con quien aún recordamos tantas compañeras fallecidas presentes en las páginas de ‘La manzana de Adán’”.

(Palabras en ceremonia de entrega de Premios Nacionales 2017)

 

Es la primera fotógrafa y la octava mujer reconocida con este galardón. Su propuesta estética y su aporte a la construcción de un archivo de la memoria social, cultural y política, motivó al Jurado a darle este Premio. Tal como señaló la Presidenta Michelle Bachelet en su discurso al entregar los Premios Nacionales de este año: “Sus lentes nos han llevado por mundos que permanecían cerrados y lejanos para el común de los ciudadanos, mirando con delicadeza, pero sin dobleces, el dolor de muchos de nuestros compatriotas más olvidados. Los pacientes siquiátricos, los boxeadores, los travestis, los habitantes de los canales australes, encontraron en la fotografía de Paz Errázuriz un espacio para seguir siendo quienes eran. Su arte, además, ha tenido el valor de inspirar e informar creaciones de otros ámbitos, como el teatro y la literatura”. 

Con estudios en el Cambridge Institute of Education en Inglaterra y Licenciada en Educación Básica en la Universidad Católica de Chile en 1972, su interés por la fotografía comenzó como afición en su niñez y más tarde continuó aprendiendo en forma autodidacta, llegando a especializarse en fotografía infantil y trabajando para publicaciones sobre educación.

Posteriormente incursionó en la fotografía periodística, lo que la llevó a conocer los problemas sociales de las clases empobrecidas chilenas. Colaboró con publicaciones de la Vicaría de la Solidaridad y la revista APSI.

Entre sus obras más destacadas están ‘El infarto del alma’ y ‘La manzana de Adán’, que abordan la marginalidad e identidad de género. Esta última  forma parte de la colección permanente de la Tate Gallery en Londres.

 

Elizabeth Lira Kornfeld: Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2017.

Haciendo ciencia con los ojos puestos en el corazón del otro

 

 

“Muchos profesionales trabajamos por aliviar el dolor, pero cuando el dolor es producido deliberadamente por otros afectando la vida de las personas y sus familias necesitamos pensar sobre la sociedad en la que vivimos y sus contextos políticos. La vida de miles de compatriotas se vio afectada por la tortura y la muerte. Tratar a las víctimas fue una parte importante de mi trabajo, pero pensar desde la sociedad cómo sanar la convivencia, cómo educar en el respeto a la dignidad del otro por su condición humana, cómo prevenir que las atrocidades que vivimos no se repitan, ha sido parte de mi trabajo por la verdad y la memoria, por la justicia y la reparación. En esta tarea he trabajado con muchas personas, colegas de distintas profesiones, víctimas de todo el país, y eso ha hecho de este Premio algo que ha sido sentido por casi todos como suyo: los psicólogos y las psicólogas en primer lugar, la universidad, las víctimas, mi familia, mis nietos, y eso me ha dado una alegría enorme. Nada mejor que un Premio sea de todos. Todo lo que hacemos es realmente el fruto de la colaboración de muchos. Allí quedan las huellas de quiénes nos ayudaron a pensar, a trabajar y a hacerlo mejor. La lista de mis agradecimientos es inmensa”.

(Palabras en ceremonia de entrega de Premios Nacionales 2017)

 

Es la primera sicóloga en obtener este galardón. Titulada de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se inició cómo investigadora en el Centro de Estudios Agrarios. Fue una de las fundadoras del Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos (ILAS) y en 1997 se integró al Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales (ILADES), institución que es el origen de la actual Universidad Alberto Hurtado. Allí fue la directora del Centro de Ética, entre los años 2006 y 2013. En 2014 fue nombrada Decana de la Facultad de Psicología, cargo que mantiene actualmente.

Su carrera profesional ha estado centrada en la investigación, la academia y la formación de profesionales de derechos humanos y salud mental, para la atención de víctimas en Chile, Perú, El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos, Colombia, Turquía y Siria.  Participó en el proceso de recuperación de la democracia en Chile, integrando la Mesa de Diálogo sobre Derechos Humanos (1999 – 2000) y la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, más conocida como Comisión Valech.

“Ha dedicado su vida a comprender y acompañar al ser humano. Con valentía ha conocido sus abismos y entereza, poniendo siempre su sencillez e inquebrantable humanidad al servicio de la dignidad. Encontró en la psicología y la investigación las armas para ayudar a las víctimas de los atropellos a los derechos humanos, contribuyendo a que la memoria y la ética terminen por imponerse. La dignidad de las personas, los procesos sociales que la reafirman o niegan, la historia de la memoria, el olvido y la reconciliación como nación, han sido el objeto de su indagación científica. Pero permítanme formularlo así: no de cualquier ciencia, sino de una compasiva y, a la vez, activa. Elizabeth Lira ha hecho ciencia poniendo los ojos en el corazón del otro, de todos los otros, y ha transformado esa mirada en acompañamiento, en apoyo y consejo”, sostuvo la Presidenta Michelle Bachelet durante la ceremonia de entrega de los Premios Nacionales 2017.

 

Abraham Magendzo Kolstrein: Premio Nacional de Ciencias de la Educación 2017.

Vinculando el proceso educativo con los derechos humanos

 

 

“Me pidieron que hablara tres minutos y que agradeciera, me pregunté si el Premio Nacional en especial el de Educación puede decir algo en tan corto tiempo. Pienso que el Premio me lo concedieron porque he hablado, escrito, pensado mucho y ahora me piden que no hable más. Todos saben que he estado en el centro de las conversaciones en nuestro país, pero a mí no me dejaron decir eso. Reitero también algo que ya se ha dicho: El Premio se lo debo a otros y otras, es mío, pero es de ellos y ellas. Llegó el momento de agradecer en primer lugar a Erika, mi esposa, a mis familiares, hijos y nietos, que me han estimulado y dado la tranquilidad de hacer lo que he hecho. Agradecer a la Universidad Academia de Humanismo Cristiano que presentó mi candidatura, con entusiasmo, con energía. Agradecer al Programa Interdisciplinario de Investigación en Educación PIIE, a la Fundación Hacer, a la Fundación Ideas y a otras tantas instituciones, a los amigos que adhirieron a mi postulación mandando cartas, adhesiones, y sobre todo a la Comisión que decidió finalmente mi Premio, encabezada por la ministra. A decir verdad desde que me dijeron que fui el ganador del Premio, he recibido muchas flores. He tenido que comprar floreros en cantidades. Estoy agradecido y orgulloso, con humildad. Pero debo señalar que las flores no se marchitan, permanecen, porque van desde el corazón hacia mi corazón”.

(Palabras en ceremonia de entrega de Premios Nacionales 2017)

 

“Una autoridad a nivel internacional en Educación para los Derechos Humanos”. Esa frase, contenida en el catálogo “Premios Nacionales 2017”, editado por el Ministerio de Educación, resume a la perfección quién es este galardonado.

Profesor de Estado en Educación y Orientador Educacional de la Universidad de Chile, master en Educación e Historia de la Universidad Hebrea (Israel) y doctor en Educación de la Universidad de California (Estados Unidos), también posee un post-doctorado en Currículo del Instituto de Educación de la Universidad de Londres (Inglaterra). Cuenta con más de 40 años de experiencia laboral en el plano educativo y tal como se señala en la publicación recién mencionada, siempre “ha motivado a docentes y alumnos con la pregunta: ¿Cómo se relaciona el proceso educativo con los derechos humanos?”

Es autor de alrededor de 70 libros, publicaciones y artículos académicos. Entre las distinciones que ha recibido destacan la Orden al Mérito Gabriela Mistral (2004), otorgada por el Gobierno de Chile a través del Ministerio de Educación, por su contribución en beneficio de la educación, la cultura y el enaltecimiento de la función docente.

Entrevista completa a Abraham Magendzo: aquí.

 

Alberto “Gato” Gamboa Soto: Premio Nacional de Periodismo 2017

Haciendo la noticia siempre con apego a la verdad

 

 

“Recibo este Premio en nombre de una generación periodística que está casi desaparecida, parece que soy el único que va quedando. Se trata de periodistas que nos hicimos en la calle, recogíamos las copuchas del momento y sobre la base del reporteo las transformábamos en noticias. Nada se nos escapaba y nada quedaba debajo de la alfombra. No recuerdo que alguna vez hayamos ocultado alguna noticia. Nos gustaba la copucha y el cahuín, pero siempre con apego a la verdad. Además, era un periodismo que hacíamos con entusiasmo, con alegría. No éramos tontos graves ni nos creíamos superiores a los verdaderos protagonistas de las noticias. Conformábamos un gremio de profesionales, que competían por la información sin perder el sentido de la amistad. Y muchos de nosotros entregábamos noticias con una cuota de humor, sin caer jamás en el insulto o la ordinariez. Las noticias siempre tienen un ángulo que con un poco de ingenio se pueden transformar en humor del bueno. Ésa es la generación de periodistas a la que pertenezco felizmente y en cuyo nombre recibo este Premio. También quiero rendir un homenaje a las nuevas generaciones y quiero hacerlo a través de una joven periodista que sin que nadie se lo sugiriera consideró que mi nombre debía estar entre los candidatos al Premio Nacional y presentó los antecedentes. Se trata de Tea Senmeri. En ella quiero representar a esos profesionales jóvenes que creen que algo tienen que aprender de sus mayores. Así me formé yo”.

(Palabras en ceremonia de entrega de Premios Nacionales 2017)

 

“¡Corrió solo y llegó segundo!”. Ese célebre titular del periódico “Fortín Mapocho” del 11 de octubre de 1988, que aludía al plebiscito que acabó con la dictadura de Augusto Pinochet, constituye un hito en la larga trayectoria de este periodista, asesor, editor, comentarista y director de medios de comunicación.

“Esos meses de 1988 contribuyeron sin duda a terminar de cimentar su leyenda. Una leyenda que se remonta a Clarín, y que incluye episodios especialmente duros, como su “Viaje por el Infierno”, como él mismo llamó a su paso por los campos de concentración de la dictadura. Pero el Gato, afable, buen conversador, de mente amplia y de gran corazón, no alberga ningún odio y ha seguido calladamente dando lecciones de periodismo en un tiempo en que hace tanta falta ese apego a la verdad que marcó a los reporteros de la vieja escuela, como él”,
comentó la Presidenta Michelle Bachelet en la ceremonia de entrega de los Premios Nacionales 2017.

A sus 96 años, es el último periodista de una generación autodidacta que se formó en las calles, los cafés y bares. Empezó como reportero del diario La Opinión a los 17 años y luego trabajó en revistas y diarios como Ercilla, Hoy, La Última Hora, La Gaceta, La Cuarta y Clarín, medio en el que se desempeñaba cuando ocurrió el golpe de estado.

También estuvo en los inicios de La Cuarta y de La Época y La Nación, donde se desempeñó como asesor alrededor de cinco años, retirándose en 2010. Es uno de los fundadores del Colegio de Periodistas de Chile y del Círculo de Periodistas Deportivos, que presidió entre 1950 a 1960.

 

[1] Memoria Chilena. Link: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3399.html

[2] La Prensa Austral, Punta Arenas. 16 de octubre 1975, pág. 9. En: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0010495.PDF

 

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