Cultura

Gabriela Mistral: Voz de poeta y voz de maestra

12/08/15 por reveduc

En diciembre próximo se cumplen 70 años desde que Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura. Todo Chile celebrará su obra y su legado en los meses venideros. revista Educación participa de este homenaje, resaltando su perfil de maestra visionaria, precursora de una educación pública universal, que no escatimó en levantar la voz por los excluidos y de ponerse a la delantera de proyectos como la Ley de Instrucción Primaria, el acceso de las mujeres al sistema o la formalización de la enseñanza técnica.

El 10 de diciembre de 1945 Gabriela Mistral recibió, en el Palacio de los Conciertos de Estocolmo, el Premio Nobel de Literatura de manos del rey Gustavo V de Suecia. “En los ojos de la poeta chilena brillaba la emoción contenida y pasaban por su mente a galope tendido y en desorden voces e imágenes de su vida”, así lo vio el poeta mexicano Adolfo Castañón.

Era la primera, entre todos los escritores sudamericanos, que se llevaba un galardón de tal categoría, la cuarta mujer después de Selma Lagerlöf, Grazia deledda y Pearl S. Buck. Al igual que Selma, Gabriela había empezado su carrera como maestra de escuela primaria y enseñando en su país desde muy joven.

 

Sus primeros pasos y el bullying en la escuela

Nació con el nombre de Lucila Godoy Alcayaga el 7 de abril de 1889.

Cursó su enseñanza básica en la Escuela Superior de Niñas de Vicuña, sin embargo a los 9 años de edad sufrió un desafortunado episodio que la marcaría emocionalmente hasta adulta.

La directora, Adelaida Olivares, quien además era su madrina de confirmación, la acusó injustamente de robarse unos materiales de clase.

Lucila era la encargada de repartir a diario el papel a sus compañeras, pero éstas sacaban hojas a su antojo y agotaron las resmas antes de finalizar el año. Cuando la directora preguntó qué había ocurrido, las niñas aseguraron haber recibido lo justo y Lucila quedó en entredicho ya que la propia directora fue a su casa y halló mucho papel y útiles fiscales. Emelina Molina, media hermana de Lucila, era también profesora y por esa razón tenía materiales escolares acopiados.

El malentendido se volvió más grave cuando al salir del colegio sus compañeras la esperaron en la calle, la insultaron y tiraron piedras. Al final fue expulsada del establecimiento.

De nada sirvieron los reclamos de sus padres, la directora los convenció de que aun cuando fuera inocente debía retirarse, pues no tenía habilidades intelectuales y sólo podría servir para los quehaceres domésticos. En el certificado decía “deficiente mental”.

Sin embargo, ni siquiera ese amargo episodio de bullying, logró quitarle la profunda conexión que ella tenía con la docencia.

A los 15 años inició su carrera docente: fue nombrada ayudante o monitora en la Escuela de la Compañía Baja, próxima a la Serena, allí enseñaba a los niños en el día y a los obreros por la noche.

Ya antes, en la Escuela de Montegrande, había sido asistente de su hermana Emiliana, con quien aprendió a escribir, contar, cantar y bailar, y también a enseñar.

En 1907 se trasladó a La Cantera, un pueblito de la provincia de Coquimbo. Allí tuvo a su cargo una escuela nocturna, casi sin asistencia diurna, porque tanto los niños, los hombres y los viejos trabajaban.

“Por turno me traían un caballo cada domingo para que yo paseara siempre con uno de ellos. Me llevaban una especie de diezmo escolar en camotes, en pepinos, en melones, en papas, etc. Yo hacía con ellos el desgrane del maíz contándoles cuentos rusos y les oía los suyos. Ha sido ése tal vez mi mayor contacto con los campesinos después del mayor del Valle de Elqui. Un viejo analfabeto al fin enseñé a leer, tocaba muy bien la guitarra y ése iba a darme fiesta con todos en las noches. Alguna vez que le besé la cara y el cuello a un alumno huérfano…”. fue parte de su registro.

 

Bogando por la Ley de Instrucción Primaria

El desarrollo de la educación pública en ese tiempo fue la expresión histórica del movimiento renovador de comienzos de siglo XX, del que Gabriela Mistral llegó a ser un importante referente.

Nuevas leyes y programas fueron dando vida a esa concepción universal de la educación que ella proponía.

Mientras trabajó en la Escuela de la Compañía, colaboró en el periódico “La Voz de Elqui” de Vicuña bajo su nombre verdadero, aunque en ocasiones utilizó los seudónimos de Soledad, Alguien, Alma, X, Alejandra Fussler, y el definitivo, Gabriela Mistral.

Desde dos tribunas: la escuela y los medios de comunicación, expuso frontalmente sus ideas. Un ejemplo de ello es el artículo “La Instrucción de la Mujer”, escrito en “La Voz de Elqui” en marzo de 1906, donde señala:

“Es preciso que la mujer deje de ser mendiga de protección; y pueda vivir sin que tenga que sacrificar su felicidad con uno de los repugnantes matrimonios modernos; o su virtud con la venta indigna de su honra…Búsquensele todos los medios para que pueda vivir sin mendigar la protección…Hágasele amar la ciencia más que las joyas y las sedas. Que consagre a ella los mejores años de su vida. Que los libros científicos se coloquen en sus manos como se coloca el manual de Piedad”.

El 21 de agosto de 1909, cuando aún faltaban 11 años para la promulgación de la Ley de Enseñanza Elemental Obligatoria, publicó en el diario”El Coquimbo” de la Serena cuál sería el mejor modo de celebrar el Centenario de la República:

“Muchas ideas sugiere tan importante asunto, pero no pienso anunciar sino la que juzgo más atendible (…) Aludo a la instrucción Primaria Obligatoria. Con la realización de este proyecto soñamos todos los que sentimos las necesidades profundas del pueblo, no bastando a conformarnos con su postergación las razones dadas sobre ella, razones de economía principalmente. Hemos dicho: “Las grandes obras exigen los grandes sacrificios, pero lo merecen, y la consideración de los bienes que reportan hacen olvidarlos o atenuarlos”. también lo que vamos  a conmemorar fue obra de un sacrificio inmenso, verificado a pesar de obstáculos múltiples (…) Demos el gran paso que otras naciones -algunas inferioires a Chile bajo otros puntos- han dado ya. Conmemoremos así aquel paso gigantesco que de la esclavitud a la libertad dieran resueltamente, nuestros antepasados”.

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Gabriela nunca cursó estudios formales de pedagogía. En 1906 intentó ingresar a la Escuela Normal de la Serena, pero el capellán se negó a recibirla por considerar que “escribía composiciones paganas y podría convertirse en caudillo de las demás alumnas”.

Recién en 1910 quedó habilitada como profesora primaria, al aprobar los exámenes en la Normal de Niñas de Santiago, así pudo ejercer “con derecho” el oficio que con propiedad venía ejerciendo “de hecho”.

Muy pronto comenzó una vida itinerante que la llevó a la Escuela de Los Cerrillos, camino a Ovalle; la Escuela rural de Barrancas, al norte de la capital; el Liceo de Niñas de Traiguén, en La Araucanía; el Liceo de Antofagasta; y el Liceo de los Andes, donde fue inspectora y profesora de Geografía y Castellano.

 

Los agradecimientos de Neruda

En 1918, el ministro de Justicia e Instrucción Pública, Pedro Aguirre Cerda, propuso al Presidente Juan Luis Sanfuentes el nombramiento de Gabriela Mistral como Directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas.

La labor que desarrolló fue importantísima: estableció la escuela nocturna para personas que no habían podido estudiar, favoreció la creación de bibliotecas, dictó conferencias, etc.

En este lugar, distante y desolado, se reencontró con la maravillosa naturaleza austral lo que inspiró “Paisajes de la Patagonia”, poemas incluidos en su primer libro: “Desolación”.

En septiembre de ese año, en “El Magallanes” de Punta Arenas, publicó una columna titulada “Educación Popular”, en la que destacó la necesidad de comenzar a impartir una enseñanza práctica, en oficios. “Chile, lo hemos visto, puede ser un gran país industrial. Y el Chile de las industrias, como el Chile de la grandeza histórica, debe salir de los colegios”, sentenció.

Dos años más tarde, Gabriela se trasladó hasta Temuco, donde era requerida para mejorar el liceo de esa ciudad.

Allí se encontró con el joven Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, conocido más tarde como Pablo Neruda. El poeta reconocía la importancia de las enseñanzas recibidas de Gabriela, en su libro “Confieso que he vivido”:

“Por ese tiempo llegó a Temuco una señora alta, con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo. Era la nueva directora del liceo de niñas. Venía de nuestra ciudad austral, de las nieves de Magallanes. Se llamaba Gabriela Mistral (…). La vi muy pocas veces. Lo bastante para que cada vez saliera con algunos libros que me regalaba (…) Puedo decir que Gabriela me embarcó en esa seria y terrible visión de los novelistas rusos y que Tolstoi, Dostoiesvski, Chejov…entraron en mi más profunda predilección. Siguen acompañándome”.

El liceo N°6 de Niñas de Santiago fue el último colegio del país en contar con Gabriela Mistral, quien asumió como directora en 1921. En junio del año siguiente partiría rumbo  a México para colaborar en los planes de la reforma educacional y la creación de bibliotecas populares.

 

En los muros de ese liceo quedó plasmado su espíritu docente:

“Para las que enseñamos:

1. Todo para la escuela; muy poco para nosotras mismas.

2. Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con actitud, el gesto y la palabra.

3. Vivir las teorías hermosas. Vivir la bondad, la actividad y la honradez profesional (…)”.

Gabriela, aun cuando destaca en algunos de sus escritos el derecho de las escuelas que lo deseen a impartir educación católica, siempre puso de relieve la necesidad de que el Estado se haga cargo de una educación pública universal e inclusiva.

La imperiosa urgencia de que las mujeres, los niños pobres, los indígenas y discapacitados tengan acceso al conocimiento cruza, explícita o implícitamente, la mayoría de sus publicaciones.

 

El “Oficio Lateral”: sugerencia a los profesores chilenos

Con este término, la poeta se refería a cualquier actividad de la vida diaria que contribuye a que el docente permanezca entusiasmado en lo que le es propio: enseñar. En una crónica de 1949 publicada en el semanario “Pro Arte” y recogida en el libro “Lucila Gabriela, la Voz de la Maestra” de María Isabel Orellana y Pedro Pablo Zegers (2008), Gabriela Mistral asegura que muchos profesores belgas, suizos, alemanes y nórdicos recurren a esta estrategia.

Cuenta que los docentes de esas latitudes “mostraban como huella de su experiencia más o menos estas cualidades: una bella salud corporal. en ves del aire marchito de los maestros cargados de labor unilateral, y la conversación rica de quienes viven, a turnos, dos y no un solo mundo (…) Todos eran intelectuales dados a alguna arte o ejercicio rural: la música, la pintura, la novela y la poesía, la huerta y el jardín, la decoración y la carpintería”.

Ella misma señala: “¿Y por qué a Gabriela le importa tanto defenderse del tedio y quiere poner solaz a una profesión cuya índole siempre será dura y producirá agobio?” Yo les respondo que la felicidad, o a lo menos el ánimo alegre del maestro, vale en cuanto a manantial donde beberán los niños su gozo, y del gozo necesitan ellos tanto como de  adoctrinamiento”.

 

Homenaje a la poeta: Actividades destacadas 2015

Salón Bicentenario de la Biblioteca Nacional: Exposición “Hija de un Pueblo Nuevo: 70 años del Premio Nobel de Gabriela Mistral”.

La muestra, que tendrá lugar entre noviembre y marzo, es el resultado de la investigación del poeta Gustavo Barrera. Además, se realizará una versión itinerante para diversos países: Trinidad y Tobago, Brasil, Ecuador, Estados Unidos, España, Italia, México, Cuba. Más información: www.dibam.cl

Salón Bicentenario de la Biblioteca Nacional: Libro “Epistolario Gabriela Mistral y el Mundo” (título tentativo).

La investigación que permitió dar vida a esta obra, cuyo lanzamiento está previsto para noviembre, estuvo a cargo del poeta Gustavo Barrera y el Departamento de Extensión de la Biblioteca Nacional. Más información: www.dibam.cl

Publicación del libro “Yin Yin”. Investigación y compilación de Pedro Pablo Zegers, director del Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile y Encargado del Legado de Gabriela.

Esta obra de 352 páginas, recién publicada por Ediciones UDP (Universidad Diego Portales), explora la dimensión maternal de Gabriela Mistral, quien crió a su sobrino como hijo. Aquí se reconstruye a través de cartas, fotos y poemas la vida del niño, además se publica por primera vez un centenar de oraciones que la poeta le dedicó después que él se suicidó. Más información: www.ediciones.udp.cl

 

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