Cultura

Evolución de la higiene: ¿Desde cuándo somos limpios?

16/11/20 por reveduc
Los romanos fueron quienes convirtieron el baño en una institución de primer orden en Occidente e hicieron de él una costumbre social. Foto de dominio público: Pintura de Robert Hubert titulada Ancient Ruins Used as Public Baths, 1798.

El rey Luis XI de Francia (1423-1483) se bañó una sola vez en su vida y fue por prescripción del médico de la corte que lo obligó a hacerlo. Mientras, la población de buena parte de Europa olía muy mal. Pero no siempre hubo tanta aversión al agua: hace más de 1.000 años a.C en Grecia ya existían los baños públicos y los romanos fueron quienes convirtieron esta práctica en una institución de primer orden en Occidente. En el siglo XIX, el movimiento higienista y un médico destacado, pese a ser vilipendiado por sus pares, puso en alto nuevamente el valor de la higiene. El concepto deriva de Hygiénon, salud en griego que, a su vez, viene del nombre Hygiea, hija de Esculapios, el Dios de la medicina y hermana de Panacea, la diosa sanadora, ambas invocadas en el juramento Hipocrático.

Recién en el siglo XIX la higiene empezó a ser concebida como una disciplina propiamente tal ligada a la ciencia médica, que se dedica a estudiar y poner en práctica la prevención de enfermedades y las medidas de conservación de la salud de los individuos y sus entornos.

Las prácticas higiénicas consisten básicamente en limpieza corporal y el aseo de los espacios en que se habita y en los que se desenvuelve la actividad comunitaria. Una definición simple, pero que encierra un contenido elemental, ya que la ausencia o déficit de higiene suele tener consecuencias tan definitivas como la enfermedad y la muerte para los seres humanos. Un ejemplo de ello es que las medidas sanitarias (la higiene aplicada) hayan debido ser decretadas por la OMS a nivel planetario para intentar ponerle freno a la pandemia del Covid-19 que aqueja a millones de personas.

Al hablar de la higiene se hace necesario echar un vistazo a la evolución histórica de ésta, porque sus logros y adelantos, tanto en el terreno personal como público, no solo han tenido que ver con los conocimientos científicos y tecnológicos de cada época, sino, muy principalmente, con la prevalencia de hábitos, costumbres, creencias e interpretaciones culturales que se le fueron asignando en el tiempo y en concordancia con los acontecimientos políticos y económicos (guerras, invasiones, catástrofes naturales, epidemias, hambrunas y otros).

LAS CIVILIZACIONES ANTIGUAS YA CONOCÍAN LOS BENEFICIOS DEL BAÑO

Hace más de 1.000 años a.C en Grecia ya existían los baños públicos. Los griegos emulando a los orientales, pioneros en el asunto (Valle del Indo, Pakistán, 3.000 años a.C primeros baños públicos) construyeron recintos para que la gente se aseara con fines terapéuticos y también para organizar rituales religiosos como bañar las estatuas de los dioses. Mientras, en Egipto los sacerdotes elaboraban secretamente las recetas de aceites sagrados con que los esclavos bañaban los cuerpos de sus amos y amas. En tanto, “los egipcios más humildes se hacían friegas con arena para eliminar de sus cuerpos la suciedad o simplemente se echaban una mezcla de aceite de ricino con orégano y menta”, relata una crónica sobre el baño en la antigüedad.

Por su lado, los romanos fueron quienes convirtieron el baño en una institución de primer orden en Occidente e hicieron de él una costumbre social. Los de alta alcurnia gozaban, por ejemplo, de los baños públicos (thermas) construidos por el emperador Caracalla y que ofrecían agua fría, templada o caliente en 1.600 bañeras hechas de arcilla, mármol, ónice, bronce y de hasta plata. En 200 de ellas, llamadas solium, se podía tomar el baño sentado, esto ocurría 1.800 años antes de que el genetista inglés Frederick Griffith inventara, en 1859, el sillón ducha.

Reportaje completo en: Revista de Educación N° 391.

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