Zona pedagógica

Escuelas efectivas en sectores de pobreza: Cómo mantenerse en el tiempo

24/03/16 por reveduc

Un total de 14 escuelas en contextos de pobreza y que algunos años atrás fueron identificadas como especialmente “efectivas” constituyeron el foco de atención de un reciente estudio del CIAE (Centro de Investigación Avanzada en Educación) de la Universidad de Chile. En este reportaje, compartimos sus principales hallazgos.

imagenewview1

Hace más de una década, como parte del trabajo de Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) en Chile, un equipo de investigadores estudió 14 escuelas del país cuyos estudiantes provenían de familias de bajo nivel socioeconómico y lograban altos resultados de aprendizaje. Esos resultados fueron publicados en 2004 en el libro “¿Quién dijo que no se puede? Escuelas efectivas en sectores de pobreza”, que hasta hoy cuenta con amplia difusión en programas de formación pedagógica, comunidades escolares y otros profesionales del campo de la educación.

“Nadie dijo que era fácil. Escuelas efectivas en sectores de pobreza, diez años después”, publicado a fines de 2015, presenta los resultados de un nuevo estudio de aquellas mismas 14 escuelas, realizado por el CIAE (Centro de Investigación Avanzada en Educación) de la Universidad de Chile, con la colaboración de varios autores de la investigación inicial.

A continuación, se destacan los principales hallazgos de esta investigación, que dicen relación con los factores necesarios para la sustentabilidad de la efectividad escolar. Porque no basta con lograr ser efectivos, es igualmente importante poder mantener en el tiempo esa condición.

 

I Contexto en que han funcionado las escuelas efectivas

  1. Contexto territorial, mercado educacional y comunidades locales

Los establecimientos educativos que han podido sostener sus procesos y logros desde el decenio pasado se caracterizan en su mayoría por ser muy valoradas en sus comunidades locales, lo que ha facilitado la puesta en marcha de la propuesta pedagógica.

“Las escuelas Amelia Vial de Concha (Hualañe, Región de El Maule) y Francisco Ramírez (San Ramón, Región Metropolitana) son emblemáticas en ese sentido”, señala el estudio del CIAE, pues “el prestigio que han acumulado ha llevado a que –a pesar de estar localizadas en comunas muy vulnerables- se haya producido en ellas una recomposición social ascendente, es decir, que un creciente porcentaje de las familias que escogen la escuela para educar a sus hijos tienen mejores niveles de escolaridad e ingresos que hace diez años, produciéndose así una mayor diversidad social del alumnado”.

Es importante que las escuelas aprendan a adaptarse a los nuevos contextos -producidos por cambios migratorios, demográficos o de otra índole- fundamentalmente por dos vías. La primera, aprovechando las políticas educacionales que implican más recursos financieros y en segundo término, implementando cambios en el trabajo técnico pedagógico y de gestión, es decir, impulsando un trabajo que los docentes perciben como más intensivo.

  1. Políticas educacionales

Un respaldo valioso para las escuelas efectivas que han podido mantener sus procesos y resultados durante el decenio, son las políticas públicas vinculadas a recursos económicos. Por ejemplo: la Jornada Escolar Completa (JEC), que desde 1997 ha permitido que gradualmente las escuelas trabajen en jornada extendida con los alumnos; el Programa de Integración Escolar (PIE) que apoya programas destinados a estudiantes con necesidades educativas especiales; y la Subvención Escolar Preferencial (SEP), que entrega recursos a las escuelas que atienden al 40% de estudiantes más vulnerable.

“En ellas aparece un reconocimiento positivo a la JEC y la SEP, que han permitido mejorar las condiciones laborales de los docentes, especialmente ampliando las jornadas de trabajo y apoyando su trabajo pedagógico. Así estas escuelas han aprovechado el aumento de recursos –especialmente de profesionales docentes y apoyo psicosocial- de manera intensiva, fortaleciendo prácticas anteriores, consolidando innovaciones previas, mejorando las condiciones de trabajo, y pasando desde ensayos e iniciativas pilotos hacia procesos regulares que se institucionalizan”, señala la investigación del CIAE.

Estos recursos también han sido útiles para algunas escuelas ante la pérdida de alumnos y/o el cambio en la composición social y académica de sus estudiantes. Por ejemplo, la Escuela Melecia Tocornal, de San Enrique (comuna de Chimbarongo, Región del Libertador General Bernardo O’Higgins), ha aprovechado el PIE como una herramienta para reforzar sus estrategias de enseñanza; sus alumnos disminuyeron por estar ubicada en una zona rural y varios de ellos tienen necesidades educativas especiales.

II Dimensión institucional en la sostenibilidad de la efectividad educativa

  1. Gestión del sostenedor

Un aspecto clave para sostener la efectividad escolar es garantizar un alto grado de estabilidad en la orientación del trabajo del equipo directivo, cuestión en la cual tiene mucha incidencia el propietario del establecimiento escolar.

Según la investigación del CIAE, “esta estabilidad puede generarse mediante la continuidad de los directores por largos períodos, como en el caso de las escuelas Amelia Vial, Abel Inostroza, Diego Portales y Arturo Prat, o del equipo directivo completo, como en la Escuela Francisco Ramírez, donde éste lleva casi dos décadas trabajando. En otros casos, la sustentabilidad ha sido fruto de una cuidada renovación de los liderazgos, donde los nuevos directores son promovidos internamente o se busca alguien con conocimiento de la escuela y del contexto, procurando tener un diagnóstico claro del perfil adecuado para la cultura y etapa de desarrollo de la escuela”.

Esto último se observa en la Escuela Amelia Vial de Concha, ubicada en la comuna de Hualañé, a 70 km. al oeste de Curicó (Región de El Maule). Allí fue elegido director un profesor de la escuela que había sido el colaborador más directo de la directora saliente.

  1. Liderazgo escolar

La investigación del CIAE destaca que en casi todos los establecimientos del estudio buena parte de la explicación de la sostenibilidad o deterioro en la efectividad escolar está asociada a las características, prácticas y trayectorias de los liderazgos. En otras palabras, es importante que los líderes escolares tengan una conducción clara y habilidades para gestionar la organización en sus distintas dimensiones: procesos de gestión curricular y pedagógica, relación con las familias, entre otras.

Cuando ha existido cambio de director, los procesos de transición han sido positivos en la medida en que el sostenedor y el nuevo director se orientan a resguardar los logros del establecimiento, sin embarcarse en un proceso confrontacional o en un afán por cambiar en forma radical la orientación y forma de trabajo en la escuela. Por ejemplo, en la Escuela Arturo Prat de Cañete (Región de El Maule), el nuevo director se instaló cuidadosamente sin imponer sus ideas. Luego, elaboró un diagnóstico claro, invirtió tiempo en construir confianza y legitimidad interna, y finalmente planteó cambios acotados.

III Motor interno de la efectividad educacional

  1. Profesionalismo y capacidades docentes

El trabajo del equipo docente es esencial para comprender la efectividad educacional y el modo en que ésta evoluciona en el tiempo. Al respecto, la investigación del CIAE identifica tres dimensiones fundamentales: el desarrollo de capacidades profesionales en el ámbito curricular pedagógico; la existencia de confianza y sentido de colegialidad entre docentes; y la mantención de un clima escolar conducente al aprendizaje de los estudiantes.

En las escuelas estudiadas, se detectó que para que los resultados educativos se mantengan es importante que los directivos desarrollen continuamente el capital profesional con que cuentan. Muchos de ellos han instalado con fuerza un espíritu de colaboración entre los docentes, a través de instancias de trabajo colectivo.

En el caso de profesores nuevos que a veces llegan de la universidad con una formación débil, varias escuelas efectivas –como el Colegio Aprender y la Escuela Francisco Ramírez- los contratan, pues apuestan a terminar su formación mediante su trabajo en la escuela. Cuentan con mecanismos de inducción de los nuevos docentes que, en general, son conducidos por el jefe de UTP.

  1. Gestión curricular pedagógica

“Las escuelas cuya efectividad se ha mantenido en el tiempo se caracterizan por un fuerte foco en los procesos pedagógicos y en el logro de aprendizajes”, asegura el estudio del CIAE. Esto se materializa en un intenso trabajo de planificación de clases y de seguimiento de los procesos de aula, con fuertes grados de coordinación y trabajo colectivo docente.

En relación con la planificación de clases, todas las escuelas efectivas le otorgan importancia. En la mayoría de los casos, son diarias, pero resulta “interesante constatar que en el Colegio Aprender, tras un período de planificaciones diarias y dirigidas por una entidad externa, hayan optado por realizar planificaciones semestrales y quincenales”.

Además, esta investigación sostiene que los componentes claves de la gestión curricular pedagógica (planificación de clases, sistemas de evaluación a los alumnos, mecanismos de apoyo y seguimiento de los procesos de aula) deben ser institucionalizados, es decir, incorporados en las prácticas regulares de los docentes. En otras palabras, los mecanismos de trabajo tienen que ser conocidos y compartidos por todos.

  1. Cultura y convivencia escolar

La cultura escolar es alimentada por el capital simbólico que acumulan los establecimientos educativos y ese capital proviene no sólo de los logros académicos, sino también de otras fuentes como la participación en concursos de literatura o folklore.

En el primer estudio realizado 10 años atrás a escuelas efectivas se identificaron dos ejes que caracterizaban la cultura escolar: un fuerte capital simbólico, que otorgaba un sentido y motivación común que orientaba el trabajo de directivos y docentes; y un modo de abordar el trabajo determinado por un fuerte sentido de responsabilidad y de excelencia.

Al observar a estas escuelas 10 años después, es posible concluir que las que presentaron una mayor sustentabilidad de su desempeño educativo son las que lograron mantener y renovar comunidades escolares que compartían estas características propias de las escuelas efectivas.

 

 

Comparte este artículo en: