Historia

Ernestina Pérez Barahona: EL VALIENTE ITINERARIO DE UNA MÉDICO CIRUJANO

09/05/16 por reveduc

El 10 de enero de 1887, siguió los pasos de su compañera de estudios Eloísa Díaz y pasó a formar parte de la primera promoción de mujeres médico cirujanas de Chile y América Latina, a pesar de los prejuicios existentes. Su profesión la ejerció con amor y abnegación, destacando su participación durante la epidemia de cólera de Valparaíso, lo que le valió ser nombrada Hija Ilustre.

Ernestina Perez_foto

Foto: Memoria Chilena (www.memoriachilena.cl)

Chile estaba a la vanguardia. Las primeras mujeres que se titularon de médico en 1887, Eloísa Díaz y Ernestina Pérez, lo hicieron en una época en que sólo Inglaterra y Estados Unidos permitían a las mujeres ejercer esa profesión. Incluso un año antes el gobierno de Prusia prohibió que ellas fueran admitidas en las universidades del Imperio.

Ella (Ernestina Pérez) ha sido el símbolo del estudio, amor a los niños, al arte, amor a su sexo, abrió en Chile y en todo el universo un nuevo campo de acción para las mujeres, LA MEDICINA, y es así como todas las mujeres médicos tenemos una deuda de gratitud hacia este mujer, que abre este nuevo horizonte a quienes sienten el imperativo de servir en forma responsable, es decir, con conocimientos”, dijo la doctora Juana Díaz Muñoz en la sesión del 3 de julio de 1953 de la Unión Chilena de Mujeres.

(Discurso reproducido en el libro “Homenaje a la Doctora Ernestina Pérez Barahona”. Ediciones de la Unión Chilena de Mujeres, 1953. En: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/mc0023630.pdf )

 

Elena Caffarena de Jiles, reconocida activista y defensora de los derechos de la mujer, destacó en esa misma ocasión el anhelo y firme propósito de Ernestina de estudiar y ser profesional, a pesar de los prejuicios existentes. Recordó que cuando Ernestina Pérez recibió su título de médico, no existía en Chile ningún colegio femenino de Enseñanza Secundaria del Estado. Recién en 1891 se fundó en Valparaíso el primer Liceo Fiscal de Niñas.

En 1877, sólo 10 años antes de la titulación de Ernestina Pérez y Eloísa Díaz, el ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Miguel Luis Amunátegui, dictó en Viña del Mar su célebre decreto Nº 36 que señalaba:

“Considerando:

  1. Que conviene estimular a las mujeres a que hagan estudios serios y sólidos;
  2. Que ellas puedan ejercer con ventaja alguna de las profesiones denominadas científicas;
  3. Que importa facilitar los medios de que puedan ganar la subsistencia por sí mismas;

decreto:

Se declara que las mujeres deben ser admitidas a rendir exámenes para obtener títulos profesionales con tal que ellas se sometan a las mismas disposiciones a que están sujetos los hombres”.

Una alumna brillante

Ernestina Pérez, quien nació en Valparaíso en 1868 y estudió en el Liceo Isabel Le Brun de Pinochet, se graduó de Bachiller en Humanidades en 1883, rindiendo ese mismo día los exámenes correspondientes al primer año de Medicina en la Universidad de Chile.

Se cree que uno de los hechos que marcó su férrea vocación por la medicina fue el haber presenciado la muerte de su hermana mayor. Por eso nada la detuvo, ni siquiera el hecho de tener que asistir a clases de primer año acompañada por su madre.

Ese mismo año cursó, además, el segundo y tercer nivel de la carrera, alcanzando en 1884 a Eloísa Díaz quien cursaba ya el cuarto año”, cuenta María Isabel Orellana en su libro “Sentimientos en busca de ciencia: Inicios de la educación científica femenina en Chile (1870-1930)”, editado el 2015 por la DIBAM y el Museo de la Educación Gabriela Mistral.

Ernestina se graduó de Bachiller en Medicina y Farmacia en 1885 y de Licenciada en la misma Facultad dos años después. Su memoria de prueba para obtener este último grado académico se tituló “Higiene Popular” y fue publicada en los “Anales de la Universidad de Chile”.

Finalmente, el 10 de enero de 1887 recibió el título de médico cirujano, siete días después que su compañera de estudios Eloísa Díaz, así pasó a formar parte de la primera promoción de mujeres médico cirujanas de Chile y América Latina.

En su discurso en la Unión Chilena de Mujeres, Elena Caffarena decía:

Quise saber el por qué de esta diferencia de días entre un examen y otro e interrogué directamente sobre esto a la doctora Pérez. Ya que ambas han fallecido y pertenecen a la historia, creo no faltar a la discreción al repetir lo que Ernestina Pérez me dijo. Ambas amigas habían acordado dar juntas sus exámenes y que, por razones ignoradas, el expediente de la futura doctora Díaz fue colocado en una sesión de la facultad anterior a la suya. En honor a la verdad, debo recalcar que la doctora Pérez no insinuó cargo alguno contra su compañera de estudios, pero había en su rostro una expresión de malicia y viveza más acentuada que la corriente”.

A los 18 años, becada para perfeccionarse en Alemania

María Isabel Orellana menciona en su libro que el mismo día que Ernestina Pérez recibió su título, “rindió el examen de ginecología del curso del profesor Korner siendo según Luisa Zanelli (1917, escritora y dramaturga), la única mujer en seguir esa cátedra. En 1887 participó en el concurso que abrió el gobierno chileno para enviar tres médicos a perfeccionarse a Europa”. Se relata que fue seleccionada por el Gobierno entre diecinueve candidatos, cuando sólo tenía 18 años.

Antes de partir a Alemania, ejerció su profesión con amor y abnegación en Valparaíso y Quillota. Elena Caffarena cuenta que hubo una tremenda epidemia de cólera en esa zona y que la joven doctora Pérez “se ofreció para atender sin remuneración una sala de mujeres en alguno de los lazaretos. El tiempo entregó al olvido este gesto heroico. Hurgando la prensa de la época, con motivo de la Exposición Femenina, encontré el dato en “El Estandarte Católico”. Una copia fotográfica se exhibió en la Exposición y la propia doctora Pérez lo releyó con profunda satisfacción. Cuando, más tarde la ciudad de Valparaíso declaró a la doctora Pérez Hija Ilustre y la condecoró con una medalla de oro, se recordó en forma especial este gesto suyo. Incurriendo en falta de modestia, creo haber contribuido, desenterrando esa publicación y ese recuerdo, al homenaje -quizá el más grato que recibiera la doctora Pérez, en su larga y exitosa vida-, porque le llegara cuando hacía varios años que vivía retirada e injustamente, casi olvidada”.

Posteriormente, la doctora Ernestina partió con su beca a estudiar a la Universidad Federico Guillermo en Alemania, país en el que las mujeres aún no podían ingresar a la universidad contrariamente a lo que había sido la tendencia de nuestro país. “El Ministro de Chile en Berlín tuvo que conseguir un permiso especial para que fuera admitida en clases –sostuvo la doctora Juana Díaz Muñoz en su discurso del 3 de julio de 1953 ante la Unión Chilena de Mujeres-. Recuerdo que riendo, ella me contó que la habían sentado junto al profesor”.

Permaneció cerca de dos años en Alemania y se destacó por ser una alumna brillante. Tuvo que presenciar algunas clases sentada detrás de un biombo, pero nada impidió que profundizara sus conocimientos. Además, cursó otros dos años de perfeccionamiento en París, donde conoció los últimos avances en obstetricia.

Regresó a Chile en 1891 en una época de gran agitación política. El Presidente José Manuel Balmaceda la nombró médico del Hospital San Borja y profesora de los cursos para matronas.

Anatomía de un cráneo e higiene del corsé

Como tenía experiencia en materia de temas de divulgación científica, pues antes de partir a Alemania había publicado textos sobre ginecología y obstetricia en la Revista Médica de Chile (1885 y 1886), continuó también en esa línea de trabajo, dedicándose a difundir temas vinculados a la mujer y la infancia.

En el Congreso de Buenos Aires de 1904 presentó un trabajo titulado “Preparación sobre anatomía del cráneo/ Higiene del Corsé”, donde explicaba las enfermedades producidas por esta prenda, ya que las costillas y los órganos interiores podían sufrir lesiones, por lo que propuso que las mujeres usaran vestimentas anchas.

Es interesante recordar que en esta época era muy frecuente usar corsé. En la revista chilena “La Lira Popular” a menudo se publicaban avisos promocionando el corsé modelo Mme. Pouget, que aseguraba una “transformación completa del cuerpo, alargamiento ideal del talle, disminución admirable del abdomen, modelación y redondez escultural de las caderas, comodidad absoluta”. Se vendía en Maison Pouget, en calle Estado Nº 281. (Revista “La Lira Popular”, 4 de diciembre de 1904)

En esos tiempos aparecían en esa misma revista avisos de médicos que aseguraban crear “una Medicina para cada Enfermedad” y curar “con prontitud los casos obstinados de Reumatismo, Catarro, Dispepsia, Enfermedades de los Nervios, de los Riñones, del Hígado, Neuraljia, Asma, todos los males de la Sangre y del Bello Sexo”. Otros cuya especialidad era la botánica y que enviaban los remedios si el paciente detallaba en una carta su enfermedad. Anuncios que se entremezclaban con aquellos que promocionaban colonias, jabones, maletas, botas, joyas, instrumentos y productos como la crema Flores del Oriente, preparada por el doctor Cassé, en París y que se distribuía en todas las boticas nacionales.

En Alemania, un nuevo viaje de Ernestina

Viajó repetidas veces a Europa. En una de esas estadías, escribió en la clínica de la Universidad Real de Berlín y después de más de 20 años de ejercicio profesional, “Lecciones de Ginecología” (Berlín, 1910). El prólogo es de Leopold Landau, su antiguo profesor de Medicina y ginecólogo de la familia real prusiana, quien consideró que era un buen compendio para alumnos de esa especialidad y médicos de origen hispano.

En su libro, María Isabel Orellana cuenta: “También se hizo conocida por sus trabajos prácticos en anatomía, de hecho una de sus preparaciones fue expuesta en el Museo de Freedrischbain en Alemania y otra fue presentada en el curso de clausura en un congreso latinoamericano. Estas actividades le valieron el honor, además, de ser designada miembro de la Academia de Medicina de Berlín, distinción entregada por primera vez a alguien proveniente de Sudamérica (Sara Guérin, 1928)”.

Entre tanto, en Chile se continuaba debatiendo acerca de lo que debía o no aprender la mujer y las profesiones que podía ejercer. Hay que recordar que recién en 1892 Matilde Throup Sepúlveda se tituló como la primera abogada chilena y en 1917 Cora Mayers se tituló como médico, convirtiéndose posteriormente en la primera pediatra chilena. Lamentablemente, la tragedia persiguió a Cora quien falleció a los 36 años, tras ser asesinada por Alfredo Demaría, primer médico chileno doctor en Higiene Pública de la Universidad John Hopkins, quien luego se suicidó.

Defensora de los derechos de los obreros, mujeres y niños

Cuando Ernestina Pérez regresó al país, centró su preocupación en acercar los conocimientos sobre medicina e higiene social a los obreros y las mujeres, incluso organizó actividades para la prevención del cólera, la tuberculosis y el alcoholismo. Además, publicó el “Manual de la enfermera en el hogar” (1918) y el “Manual de consejos higiénicos aplicados especialmente a la infancia” (fecha indeterminada, según archivo de la Biblioteca Nacional de Chile).

Asimismo, participó en diversas organizaciones sociales, por ejemplo, el Círculo de Lectura (1916) y el Club de Señoras al que se incorporó algunos meses después. También fue socia fundadora de la Asociación de Mujeres Universitarias y miembro activo de la Cruz Roja Chilena. Cooperó con la Cruz Roja Juvenil con un Manual de Higiene, de Medicina Preventiva, de Primeros Auxilios y Puericultura.

En 1917 dictó una conferencia sobre los microbios en el Club de Señoras y, según ella contó tres años después en otra ponencia ahí mismo, tuvo la satisfacción de contribuir con un grano de arena para la aprobación del Código Sanitario. “El entonces senador de la República don Arturo Alessandri, quien asistió a la Conferencia, a pedido de varias señoras directoras del Club, gestionó para su pronta solución, y mes y medio después, fue aprobado el Código Sanitario”, afirmó.

En esa ocasión, Ernestina Pérez hizo un llamado a contribuir a la campaña antialcohólica del Presidente electo Arturo Alessandri, destacando que si los ciudadanos no tomaban esto en serio la “raza chilena” simplemente desaparecería. Más aún si consideramos, explicaba, que la enorme mortalidad existente en ese momento equivaldría a la de “un Estado en permanente guerra”.

“Ningún país civilizado del mundo presenta esta nefasta estadística: esto lo han comparado en New York antes de la gran guerra, en la Oficina Central de Estadística mundial con los siguientes países: Francia, Inglaterra, Suecia, Noruega, Australia, etc. No nos podemos hacer ilusiones acerca de lo que esto significa; y, aunque sean grandes las riquezas, los progresos y las nuevas industrias, que sus hijos sean de una raza vigorosa y patriótica como ninguna, no tenemos la base para que esto perdure, ni tendremos brazos que exploten estas riquezas, ni quien trabaje en las industrias, ni cerebros que dirijan, pues la mortalidad es mayor que la natalidad y esta raza chilena desaparecerá en un tiempo más o menos corto, si no combatimos las causas de esta espantosa mortalidad.

Tanto entre los ricos como entre los pobres estas causas son: 1.0 El alcoholismo; 2.0 la ignorancia absoluta de las madres o encargadas de criar y cuidar a las guaguas, hasta en las madres más ilustradas y opulentas de la sociedad; 3.0 La sifilis. La tuberculosis. La gonococcia o blenorragia; 4.0 y por sobre todas estas tres primeras causas, se agrega para el pobre el rancho, el conventillo o la habitación estrecha, húmeda, donde viven en comunidad una familia de 4 ó 5 personas, los animales domésticos (perro, gato, aves) y a veces hasta un alojado, y duermen en ese aire viciado que produce la asfixia lenta, la anemia, que termina frecuentemente por la tisis, enfermedad como Uds. saben, excesivamente contagiosa”.

(Ernestina Pérez. Conferencia sobre el alcoholismo. Imprenta Universitaria, Santiago de Chile, 1920. En: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/mc0023749.pdf)

 

Una de las principales preocupaciones de la doctora Pérez, según María Isabel Orellana, fue “el acceso de todos y todas a la educación y al conocimiento científico” y señala que “su puesto como primera presidenta de la Asociación de Mujeres Universitarias de Chile y la conclusión que introdujo en el Congreso de Berlín sobre Educación Sexual en 1925, para que esta área pasara a ser obligatoria en todos los colegios, dan cuenta de las motivaciones que orientaban su actuar”.

Por sus logros profesionales y cualidades humanas, tras su fallecimiento, el entonces senador y futuro presidente de la República, Salvador Allende Gossens, también médico de formación, le rindió un homenaje durante la sexta sesión del Senado, el 16 de junio de 1953, en el que destaca sus cualidades profesionales y la importancia que tanto ella como Eloísa Díaz tienen para la historia de la medicina chilena”, concluye María Isabel Orellana.

Reconocimiento en “La Lira Chilena”

Nuestra distinguida compatriota Srta. Ernestina Pérez ha tomado una participación activa en las deliberaciones del Congreso médico latinoamericano celebrado últimamente en Buenos Aires. Fue una de las dos primeras en Sudamérica que recibió el diploma para ejercer una profesión que representa tan serias dificultades. Dotada de una energía de carácter extraordinaria, ha sabido vencer todos los obstáculos. Siempre fue de las primeras en todos sus cursos de medicina, lo que le valió el ser pensionada en Europa por nuestro gobierno. Estudió en París y en Berlín.

En el Congreso latinoamericano que acaba de cerrarse, presentó tres trabajos que fueron merecidamente aplaudidos: “Preparaciones anatómicas en huesos de la cabeza”, “Apuntes sobre la higiene del corsé”, “Distosia glucosúrica”. El primero llamó la atención por su originalidad y por la suma de trabajo y constancia que debió desarrollar para darle fin.

Ella asistió a la mayor parte de las fiestas que la comisión organizadora y las autoridades argentinas ofrecieron a los huéspedes extranjeros y fue objeto de las mayores consideraciones, siendo honrada con los sitios de honor en los banquetes en que tomó parte. Fue agasajada por los colegas argentinos y por los chilenos, y su presencia en las deliberaciones del Congreso contribuyó a prestigiar más aun nuestra escuela médica. Con verdadero orgullo damos ahora el retrato de tan eminente doctora chilena”.

(Revista “La Lira Chilena”, columna bajo el título “DOCTORA SRTA. ERNESTINA PÉREZ”, 15 de mayo de 1904. En: www.memoriachilena.cl)
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