Reforma

El enfoque de género y la Reforma Educacional: “NO HAY TIEMPO QUE PERDER”

15/04/16 por reveduc

Palabras pronunciadas por María Isabel Díaz, subsecretaria de Educación Parvularia, el 5 de abril de 2016 en el seminario “Promoviendo la equidad e igualdad de género en la Educación 2030”, organizado por la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago).

Grupo niños y niñas_2

“En nombre de la ministra (de Educación) y del mío propio, agradecemos la invitación a esta mesa inaugural del seminario internacional “Promoviendo la equidad e igualdad de género en la Educación 2030”, organizado por la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago).

Desde el retorno de la democracia, y estoy citando el plan de género del Mineduc (Ministerio de Educación), una de las directrices permanentes de la agenda pública ha sido avanzar hacia la igualdad de oportunidades y derechos entre hombres y mujeres. En este contexto es que el programa de gobierno 2014 – 2018 señala que el despliegue de la agenda de equidad de género será transversal y se vinculará estrechamente con las principales políticas públicas que se impulsarán.

Específicamente indica que el enfoque de género estará presente, entre otras áreas, en el diseño de la Reforma Educacional. Esta prioridad se sustenta en la evidencia empírica de que, a pesar de que Chile ha logrado superar la desigualdad entre hombres y mujeres en el acceso a la educación, las trayectorias educativas y sus resultados indican que siguen presentes concepciones y prácticas que reproducen las representaciones tradicionales de género y de esa forma la desigualdad e inequidad.

En respuesta a este desafío, y recogiendo lo propuesto por la Presidenta Michelle Bachelet en su programa, el Ministerio de Educación ha dado un paso más en la institucionalización de este ámbito creando, a fines de 2014, una unidad transversal encargada de impulsar la integración de la perspectiva de género en políticas, planes, programas del ministerio y para apoyar, por cierto, la incorporación de este enfoque en las instituciones autónomas del sector.

Esta unidad organizó a principios de marzo la campaña “Eduquemos con Igualdad”, cuyo propósito es concientizar respecto a las brechas existentes hoy en el sistema educacional y contribuir a la creación de nuevas narrativas que apunten a terminar con las desigualdades y estereotipos de género, desnaturalizar las cargas culturales que aprisionan a hombres y mujeres de construir las determinaciones de género y disminuir las brechas de género en el sistema educativo, algo que debe realizarse desde los niveles más tempranos. Nosotros pensamos que no hay tiempo que perder.

“El desafío para tener una educación que promueva la equidad de género radica en observar y transformar las prácticas”

De parte nuestra, y aquí hablo en mi condición de subsecretaria de Educación Parvularia, aunque se ha incorporado el enfoque de género en las bases curriculares que es el marco nacional, el currículo oficial que tenemos de 0 a 6 años, y en materiales didácticos desde hace varios años, es necesario develar las prácticas pedagógicas que profundizan esos sesgos, como lo ha reiterado nuestra ministra de Educación, más aún considerando que es un sector altamente feminizado. Y potenciar un paradigma pedagógico, basado en la dignificación de niños y niñas en cuanto tales, sin diferencias que devengan en desigualdad social. Nosotros afirmamos desde nuestros principios que el aprendizaje comienza desde el nacimiento.

La institucionalidad que se genera con la Subsecretaría, y que me ha tocado el honor de conducir, es una oportunidad para trabajar en el sentido de lo señalado, enfocando no sólo el currículum y el trabajo con familias, sino de manera importante la formación inicial y continua de las educadoras y asistentes que se desempeñan en este nivel, así como el liderazgo de equipos directivos.

Nosotros estamos participando en la elaboración del Marco de la Buena Enseñanza para las educadoras que se desempeñan en el tramo de 0 a 6 años y además en un Marco de la Buena Dirección, también centrado en la primera infancia.

Con esta mirada hemos obtenido apoyo ministerial para realizar este año un estudio sobre el trabajo educativo en el aula, con este enfoque crítico, aprendiendo a mirar qué es lo que sucede en el aula en estas interacciones.

El desafío para tener una educación que promueva la equidad de género, orientada a dar oportunidades de aprendizaje pertinentes a todos los niños y niñas, radica en observar y transformar las prácticas no sólo hacia los párvulos, sino incorporar como fundamental las prácticas entre adultos, entre niños y adultos, entre niños y sus pares. Estamos hablando de las interacciones que ocurren en el aula.

Los estereotipos de género se observan en discursos naturalizados, indivisibles, que constituyen lo que nosotros llamamos el currículum oculto, así como también en formas de relacionarse y en prácticas, esto es crítico, porque impiden el máximo potencial de niños y niñas.

Como Subsecretaría tenemos varios desafíos, pero quiero destacar al menos dos:

  1. Queremos lograr que los equipos educativos con sus comunidades educativas valoren la diferencia en el desarrollo de competencias en una educación cada vez más inclusiva.
  2. Queremos potenciar las carreras de educadoras de párvulos y técnicos de párvulos, que en sus mallas curriculares vayan incorporando ramos específicos y obligatorios sobre enfoque de género e igualdad, así como un enfoque transversal durante todo el proceso de estudio que tenga como base la valoración de la diversidad.

Pero éste no es el único campo que tenemos de desafíos en educación en Chile. Mencionaré sólo algunos ejemplos de ámbitos que están incluidos en el plan de género del Ministerio de Educación, consciente de que se trata de una tarea de largo plazo. En lo inmediato, debemos priorizar en algunas áreas.

Qué nos dice la evidencia empírica

Nuestro país presenta la segunda brecha de resultados más alta en la prueba PISA de matemáticas en favor de los hombres y la menor brecha de resultados en la prueba de lectura, en relación a los demás países evaluados, en favor de las mujeres.

Los estudios señalan: “gran parte de estos resultados se deben principalmente al comportamiento en la escuela y las actitudes hacia el aprendizaje de las y los estudiantes, así como las expectativas de los padres y no a capacidades innatas”.

Los estudios también muestran que las mujeres egresan de educación media con mejores resultados que los hombres, pero al momento de dar la Prueba de Selección Universitaria (PSU), ellos obtienen entre 10 y 30 puntos más que ellas, a excepción de Lenguaje en que ambos obtienen promedios cercanos a los 500 puntos.

Por otra parte, también se indica que en educación media (la secundaria), la deserción escolar está fuertemente determinada por razones de género, ya que las mujeres desertan fundamentalmente por motivos de embarazo o maternidad, mientras que los hombres lo hacen por motivos económicos.

En este contexto, es necesario avanzar en la profundización de la incorporación de contenidos de género a los instrumentos curriculares, textos de estudio y recursos pedagógicos. También incorporar la perspectiva de género en funcionarias y funcionarios del sector educación, actores del sistema escolar, en las prácticas institucionales y en los instrumentos de gestión, así como desarrollar acciones de sensibilización y comunicación para promover la igualdad de género en los espacios educativos escolares.

Podría seguir argumentando con lo que ocurre en la educación superior. En este ámbito nuestros desafíos como país son a lo menos asegurar la inclusión de las mujeres y hombres en todas las áreas de desarrollo, objetivo que demanda la revisión de los instrumentos de selección, así como generar mecanismos que permitan modificar las actuales prácticas para la selección y permanencia en la educación superior. Medidas como la bonificación de puntajes, becas para mujeres u hombres en carreras que tienen sub-representación por sexo, mecanismos que promuevan, a través de la transferencia de recursos a las instituciones de educación superior, la incorporación de la perspectiva de género en el currículum y que apoye la co-responsabilidad para hacer compatible estudios, trabajo y familia.

Respecto de la composición por sexo de este sector y los efectos que ello puede tener en las determinaciones de género, las estadísticas evidencian que en promedio 7 de cada 10 docentes en Chile son mujeres.

Ellas son casi la totalidad del cuerpo docente en mi ámbito, en el sector de educación parvularia. Y la mayoría, en básica y media científico humanista. La excepción se registra en la educación media técnico profesional, donde los hombres superan a las mujeres, mientras que la educación de adultos se encuentra notoriamente masculinizada en la docencia de aula.

En cuanto al estamento de asistentes de la educación, las mujeres son mayoría, superando 2,1 veces.

Todas y todos los que hemos trabajado en nuestros respectivos espacios para promover la igualdad de género en la educación, sabemos que se trata de una tarea que es ardua, lenta y compleja. Pero quiero terminar con una visión alentadora: por iniciativa de la alcaldesa de Santiago, una calle que es muy cercana, aledaña, al Ministerio de Educación, que hasta ahora rendía homenaje a un funcionario de la dictadura militar, desde el 8 de marzo de este año se llama Amanda Labarca. Cuando las chilenas obtuvimos el derecho a voto en el año 1949, gracias a luchadoras como ella, Amanda ya había escrito a lo menos siete libros y tenía más de 40 años de docencia. Convoquemos entonces el espíritu y temple de esta maestra y luchadora que avanzó antes que nosotros, dejándonos el mundo un poco mejor de lo que fue para ella.

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