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En la Inclusión: EL ROL ESENCIAL DEL ARTE

26/11/19 por reveduc

Este año el docente Daniel Tillería Pérez, quien se ha desempeñado en todos los niveles del sistema educativo argentino, publicó su último libro: “El área de educación artística y la discapacidad intelectual” (Ed. HomoSapiens, Argentina).

Está convencido que es habitual en las escuelas de educación especial, particularmente en aquellas para escolares con discapacidad intelectual, que se trabaje aún con métodos tradicionales y obsoletos, hoy bastante cuestionados por algunos investigadores.

Así lo manifiesta el docente Daniel Tillería, quien se desempeña como vicerrector de la Escuela Provincial de Teatro y Títeres de Rosario N° 5029, en Argentina, donde dicta las cátedras para la formación docente Taller de Práctica I y III. Él se ha interiorizado por años en el desarrollo de las especialidades artísticas para mejorar el aprendizaje, especialmente si se trata de niños con discapacidad intelectual; ha visto de cerca cómo trabajan en las escuelas de educación especial y por eso su afirmación cobra relevancia.

Da un ejemplo, además, bastante ilustrativo: “Hasta ahora se sigue evaluando escolares mediante algún test, se continúa agrupándolos por edad intelectual (leve, moderado, grave y profundo), métodos también cuestionados por su parcialidad. El propio Gardner en una conferencia para docentes en Buenos Aires, hablándonos de las Inteligencias Múltiples, expresó ‘¿En dónde está escrito que todos deben demostrar lo que saben el mismo día, a la misma hora, en un mismo test y por escrito?’ Hoy estamos en condiciones de afirmar que todas las escalas y puntuaciones utilizadas para informar sobre los test de ejecución estandarizados, que son lo que aún se aplican en escolares con discapacidad intelectual, son arbitrarios, pues se usan los test no para comparar, sino para predecir, para hacer pronósticos, intentando inferir acerca del rendimiento a futuro de los escolares. Habría que hacerle más caso a Armstrong, cuando dice que ‘la puntuación de coeficiente de inteligencia es sólo un número (…) que se ha visto profundamente influido por la escuela filosófica del positivismo’”.

Frente a esa realidad, escribió este año su libro: “El área de educación artística y la discapacidad intelectual” (Ed. HomoSapiens, Argentina). Una publicación que busca ser un apoyo concreto a los docentes, pues tal como él mismo señala, “debemos los educadores, todos los educadores, de todas las modalidades y de cualquier área o materia de aprendizaje, incluyendo las artísticas, comprender que los cambios urgentes los podemos promover nosotros mismos, los que estamos día a día frente al curso”.

Docente Daniel Tillería Pérez, autor del libro: “El área de educación artística y la discapacidad intelectual” (Ed. HomoSapiens, Argentina).

DESDE TODAS LAS ASIGNATURAS

Daniel Tillería invita a los docentes de aula a trabajar a partir de los grandes temas del conocimiento, plantear proyectos conjuntos donde estén involucradas todas y cada una de las asignaturas: Artes, Ciencias, Tecnologías, Lengua, Matemáticas, Educación ética y ciudadana, Educación sexual integral (ESI), Educación Física, etc. En definitiva, los desafía a “proponer proyectos inter-pluri-transdisciplinarios, pues de una manera u otra, todas las disciplinas tienen más de algún contenido en común, transversalidades que no pueden quedar fuera”.

Esta forma de abordaje áulico, asegura, sería útil a todos, tanto a la escuela común como a la educación especial. “Los niños aprenderían, desde sus inicios en la escolaridad, primeramente, a trabajar con la diferencia, a respetar los tiempos propios y ajenos, en la búsqueda de soluciones en conjunto, a colaborar en soluciones grupales creativas, a plantearse hipótesis de trabajo y, ante todo, estaríamos promoviendo la solidaridad entre pares, en un mundo cada vez más individualista”.

Foto de mural en liceo de Valdivia.

Y tal como explica al abordar este tema con Revista de Educación, “cuando escolares con discapacidades y sin discapacidades trabajan juntos y tienen espacios comunes para la construcción del conocimiento, se favorecen todos al convertir al ‘otro’, al ‘diferente’, en un nosotros. La línea divisoria comienza a diluirse”.

Dice que cuando hace referencia a un óptimo trabajo áulico, y cuando este siglo nos plantea grandes desafíos pedagógicos al momento de “enseñar a aprender” y en el “aprender a aprender”, “los lenguajes artísticos, todas las disciplinas del área de educación artística, se transforman en el puente articulador de aprendizajes, en ejes vertebradores del conocimiento, al posicionar tanto áreas como disciplinas en una como soporte de otra”.

Pero, ¿cómo describe él su propuesta pedagógica? ¿Cómo se puede trabajar el arte ligado al currículo?

A continuación, reproducimos su respuesta:

“Coincido con Platón, cuando en La República, refiriéndose a la educación, decía  ¿Será fácil encontrar una mejor establecida entre nosotros hace largo tiempo y que consiste en educar (…) el alma por la música? Entonces, sostengo que el arte nos preocupa en la formación de los aprendientes desde antes del s. V a.C. y hasta nuestros días, en pleno siglo XXI, por lo que el arte debería ser la base de la educación.

Es sabido que en la escuela, cuando los niños están en contacto permanente con el sonido, el color, las formas, el movimiento, las texturas, el ritmo, la armonía, todos los siguientes aprendizajes que asomen serán más fáciles de acopiar, internalizar y de devolverlos transformados. Las artes producen sensaciones únicas, placenteras, cuando se trabajan en el aula, que llevan a la emoción, a las emociones positivas. Emociones y aprendizajes van de la mano. Esa es mi propuesta educativa y adhiero a las palabras de Humberto Maturana cuando expresa que las emociones no son oscurantismos del entendimiento, no son restricciones de la razón; las emociones son dinámicas corporales que especifican los dominios de acción en que nos movemos. Por lo que los lenguajes artísticos curricularmente deben estar en igualdad de condiciones. Ningún área es mejor que la otra. Ninguna disciplina está por sobre otra. Los sujetos de aprendizaje pueden tener muchos dominios y desempeñarse en uno o varios de ellos, porque no existe una inteligencia única y Gardner actualmente describe nueve. La educación no puede ni debe ignorarlas”.

LOS PATIOS, LA MÚSICA Y OTRAS TÉCNICAS

El autor señala que hay que salir de las aulas y “convertir las escuelas en laboratorios experimentales cotidianos y no eventuales”.

En ese contexto, sostiene, “los patios de las escuelas, los rincones, esconden tesoros incalculables para la construcción del conocimiento, es cosa de poner a los escolares a investigar debajo de las piedras, debajo de las baldosas, en las grietas húmedas, en algún promontorio, donde encontrarán distintos tipos de vida, ecosistemas visibles solamente con una lupa o con un microscopio. Pero también están en condiciones de trabajar geometría aplicada, directamente en cada ángulo, en los espacios e intersecciones, lejos de la tiza y el pizarrón, pasándola por el cuerpo. O aprender del fenómeno de la luz y la sombra a partir de un simple rayo solar. Entonces, los escolares lo viven desde la experiencia directa”.

La música también es una herramienta muy útil tanto para alumnos con discapacidad como para quienes no presentan esa condición. Es el caso de la flauta. “Algunos escolares con discapacidad tienen sialorrea, salivación excesiva. La flauta dulce les ayuda a controlar la salivación, para que pueda sonar correctamente y que el sonido les resulte una línea melódica coherente (la relación presentación, tensión, reposo) posible de repetir, como así también de modificar o agregarle más compases. Pero también que puedan ponerla en un trabajo con títeres o en una puesta corporal, como música incidental. Con una buena conducción del aprendizaje, lo logran. Y les gusta. Sienten que pueden, adquieren confianza en sus capacidades y destrezas, saben hasta dónde pueden llegar con sus aprendizajes y seguir avanzando”.

Algo similar se puede decir de los instrumentos de cuerdas. “Hoy está de moda el ukelele, con sólo cuatro cuerdas y fácil digitación los escolares construyen un acorde. El charango, con dos dedos, tiene el acorde de La M. Y existen canciones muy simples del continente americano, coplas, que están construidas en base a tres notas, un acorde mayor, donde los niños aprenden a rasguear e internalizan los diferentes ritmos. Luego, con práctica, podrán incorporar un segundo acorde, LaM y MiM, por ejemplo, y ya pueden ampliar el repertorio”, explica.

Y agrega: “Las percusiones también les ofrecen un mundo sonoro muy amplio y diverso, pues las mismas no precisan de afinación y pueden jugar con la dinámica al acompañar, ir de un pianísimo a un forte y viceversa. Algunas percusiones son parches, como los tamboriles, que se percuten con una vara o con el golpe de la mano; otras son sonajas (metales, como los cascabeles; semillas, como la chaucha del algarrobo) y otras son raspadores y por qué no castañuelas hasta llegar al trompe mapuche (…) O sea, el trabajo consiste en que prueben instrumentos a su alcance, para que después elijan y salgan de lo convencional. Lo maravilloso del mundo sonoro-rítmico-musical es que no tiene límites”.

EL JUEGO ES PARA TODOS

Finalmente, destaca las técnicas teatrales. Su trabajo inicial es con títeres, primero con técnicas muy simples, como los títeres de sombra (o de garganta de luz), con títeres de dedo, con bocones, fáciles de manipular, donde “no importa cuánto hablan los escolares (porque a veces no hablan), pues lo importante no es la palabra hablada, sino la acción, que puedan decodificar lo que otro cuenta”.

Pero hay muchos otros recursos del arte como pequeños juegos teatrales, la danza libre, la expresión corporal con objetos y algunas danzas del folclore latinoamericano. “Todos ellos sirven de disparadores para el juego, individual y colectivo, sabiendo que el juego también es otro de los grandes favorecedores de la apropiación del conocimiento. Tanto para Vigotski como para Piaget el juego es caracterizado como una actividad promotora del desarrollo infantil, jugando los escolares desarrollan la observación, ejercitan la atención, la concentración y la memoria, pero también favorece la sociabilidad, la comunicación y las decisiones del trabajo cooperativo o en grupo. Esto es recomendable para escolares tanto con y sin discapacidades. Es juego, es para todos”, concluye.

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