Historia

Eloísa Díaz Insunza: EL DERECHO DE LA MUJER A LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA

13/04/16 por reveduc

Primera mujer en cursar estudios superiores en nuestro país y primera en graduarse de médico en Chile y en América Latina. “Mujer Ilustre de América”, así se le distinguió en 1910, en Argentina, por sus aportes a la medicina social. Conquistó una reivindicación fundamental para el mundo femenino chileno: el derecho al desarrollo intelectual. Trabajó cerca de 30 años como Inspector Médico Escolar de Chile y encabezó por espacio de 14 años el Servicio Médico Escolar de nuestro país.

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Foto: Gentileza Museo de la Educación Gabriela Mistral

Con apenas 15 años de edad, el 11 de abril de 1881, Eloísa Díaz rindió los exámenes para optar a la enseñanza universitaria. Todo un atrevimiento si tomamos en cuenta que sólo unos años antes, en 1877, el ministro de Instrucción Pública, Miguel Luis Amunátegui, había dictado el decreto que permitía a las mujeres chilenas rendir exámenes para postular a la universidad.

Un hecho de esta naturaleza, en el Chile de ese entonces, causó revuelo. Incluso la prensa dejó constancia del suceso:

El Claustro Universitario presentaba anoche una animación que no es frecuente en ese angosto recinto de la ciencia. Por primera vez en Chile, figuraba entre las aspirantes al Bachillerato en Humanidades, un estudiante del sexo femenino, y tanto la novedad del hecho como la curiosidad despertada entre los alumnos de la sección universitaria, habían logrado atraer una numerosa concurrencia a la sala de examen”.

(Diario El Ferrocarril de Santiago, 12 de abril de 1881).

 

Las materias sorteadas fueron Historia de Chile y América y entre los examinadores se encontraba el historiador Diego Barros Arana. En la sala contigua, esperaban los resultados el rector de la Universidad de Chile, Ignacio Domeyko, y el ministro Amunátegui.

Inútil es decir que contestó satisfactoriamente a todas las preguntas y que manifestó un perfecto conocimiento de los sucesos que se han desarrollado en este continente y en especial en nuestro país”, señaló la misma publicación.

Eloísa aprobó por unanimidad y en ese momento, las personas presentes aclamaron su nombre. Esa misma noche recibió de manos de Domeyko, su grado de Bachiller. La crónica de “El Ferrocarril” relató:

El señor rector, al entregarle el diploma, le dirigió algunas palabras de felicitación, y por segunda vez la concurrencia prorrumpió en aplausos, aplausos que se renovaron al salir de la sala el nuevo bachiller”.

 

Primera mujer en Medicina

El 22 de abril, esta joven –que estudió en el Colegio de Primeras Letras de Dolores Cabrera de Martínez y luego, en el Liceo de Isabel Le Brun de Pinochet- se reunió con el decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, Adolfo Murillo Sotomayor, para que la incorporara a esa carrera.

El señor decano le manifestó su complacencia por ser la primera de su sexo que deseaba seguir la profesión médica; le dijo que no había inconveniente para permitirle estudiar con los demás alumnos los ramos de esa carrera, y le prometió recomendarla a los profesores y alumnos de las cátedras de medicina para que le guarden todas las consideraciones y el respeto debidos al sexo de la aspirante”.

(El Mercurio de Valparaíso, 22 de abril de 1881)

 

Tuvo que asistir a clases acompañada de su madre, pues no era bien visto que estuviera sola en un mundo predominantemente masculino y, además, era menor de edad. De hecho, otras mujeres que siguieron sus pasos, como Ernestina Pérez Barahona, vivieron esa misma experiencia.

Consciente de que muchos ojos estaban puestos en ella por ser mujer, Eloísa se esforzó mucho en sus estudios y durante los seis años que exigía la carrera recibió premios y honores por su excelente desempeño.

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Foto: Colección Biblioteca Nacional de Chile.

La tesis que le permitió obtener el título de médico se llamó: “Breves observaciones sobre la aparición de la pubertad en la mujer chilena y de las predisposiciones patológicas propias del sexo”. Para desarrollarla, efectuó una minuciosa investigación en el Hospital San Borja y presentó una estadística de 16.439 casos, indicando el número y proporción de las enfermedades que afectaban a las mujeres en sus diferentes edades. Incluso agregó 399 casos tomados de la Casa de Espósitos de Santiago.

En la introducción de esa tesis, que leyó el 25 de diciembre de 1886, Eloísa Díaz destacó que la mujer es capaz de incorporarse al mundo de la medicina y que entiende su vocación como un apostolado que en nada perjudica su sensibilidad femenina:

Al pretender obtener el título de médico-cirujano, he pensado maduramente acerca de la grave carga que echaba sobre mis débiles fuerzas de mujer; rudo es el trabajo, lata la ciencia, difícil la misión… pero ¿es superior a la energía, a las dotes de observación y a la inteligencia de las de nuestro sexo? No lo sé, pero siento aquí en lo interior de mi ser que no me arrepiento hoy en el comienzo de la juventud, de la jornada que emprendí cuando aun era niña tierna y que me prometo seguir en medio de los afanes y vicisitudes de la vida (…)

Hay reacios que piensan que la mujer, haciéndose médico, pierde los rasgos de su carácter, para varonilizarse y abdicar así de las prerrogativas de que goza en la sociabilidad.

Obtenida vuestra benévola aprobación, seguiré tranquila mi obra empezada dejando a los moralistas y filósofos discutir el problema que desfavorablemente para la mujer han resuelto ya los malhumorados pesimistas y otros.

Y al seguir mi obra empezada, bendeciré la hora en que la paternal solicitud de los autores de mis días concibió el proyecto de dedicarme a un género de vida en que el alivio de las dolencias humanas y la satisfacción de ejercer el más benemérito de los apostolados, retemplan la exquisita sensibilidad de la mujer que puede por medio de halagadora intuición, entrever las dulzuras de la práctica de la caridad en un grado heroico”.

(Eloísa Díaz Insunza, “Breves observaciones sobre la aparición de la pubertad en la mujer chilena y de las predisposiciones patológicas propias del sexo”, Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1887. En: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-7970.html)

 

En este texto, Eloísa dejó también en evidencia la situación que afectaba a las mujeres de su época, lo difícil que era para ellas pensar en acceder a la educación superior:

Vedado estaba para la mujer chilena franquear el umbral sagrado del augusto templo de la ciencia. La ley se oponía a ello cerrándole el paso que conducía a las aulas oficiales en las diversas gradaciones de la enseñanza secundaria y superior. La preocupación social que alguien con epíteto duro, pero indudablemente justo tildaría de añejo, se lo prohibía amenazándola con el duro ceño de su solemne encono y hasta con el cruel dictado de la reprobación condenatoria (…)

Pero los tiempos cambian. Los legisladores con ellos cambiaron también su modo de pensar y ley se dictó en Chile, reconociendo a la mujer un derecho que naturalmente posee: instruirse para instruir a sus hijos. Se declaró que la mujer chilena podía ser admitida a la prueba de opción de grados. Una barrera estaba franqueada, quedaba aun otra que salvar que no era menos penosa, menester era obtener el pase de la sociedad para que la niña pudiese salir del hogar y llegar, si no con satisfacción manifiesta suya, al menos sin su reprobación, al santuario de las letras y de las ciencias para volar a él sin que se la mirase a su vuelta con recelo y de reojo”.

Cecilia Sepúlveda Carvajal, ex Decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, afirmó en una investigación sobre Eloísa Díaz:

La importancia de esta mujer pionera en la historia de Chile radica no solo en ser la primera mujer que se titula de médica, sino que también por ser una de las primeras mujeres que desafió a la sociedad de su tiempo”.

(Cecilia Sepúlveda. Por primera vez en Chile una estudiante del sexo femenino. En: http://www.anales.uchile.cl/index.php/ANUC/article/viewFile/3079/10687)

 

Eloísa Díaz recibió su grado de Licenciada en Medicina y Farmacia el 27 de diciembre de 1886, y su título de médico cirujano el 3 de enero de 1887. Sólo tenía 20 años de edad.

Un par de datos de interés: Fue el Presidente de la República, José Manuel Balmaceda, quien le entregó su título. Y, como si eso fuera poco, quedó consignado en el Acta que Eloísa era la primera mujer en titularse en esta carrera y se destacó su constancia en los estudios respectivos.

Hasta ese momento sólo dos países contaban con mujeres médicos: Inglaterra y Estados Unidos.

 

En la Escuela Normal de Preceptoras del Sur de Santiago

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Foto: Colección Museo Histórico Nacional

Después de su titulación, publicó su tesis en la Revista Médica (1886) y en los Anales de la Universidad de Chile (1887). Al mismo tiempo, dio sus primeros pasos en el mundo laboral:

“Había decidido especializarse en el área de Ginecología, por lo que una vez titulada se incorporó como ayudante a la Clínica Ginecológica del doctor Roberto Moericke en la Universidad de Chile. Además abrió un consultorio particular para poder atender a sus pacientes ancianas. En enero de 1891 se integró al equipo del Hospital San Francisco de Borja como médico de planta”.

(Daniela García P. y Cristián García B. Eloísa Díaz Insunza y su lucha por la salud escolar en Chile. En: Anales Chilenos de Historia de la Medicina. Año (Vol.) 17 Nº 1, mayo 2007)

 

En 1888 participó en el Primer Congreso Médico. Para ese encuentro, se inscribieron 128 profesionales de Santiago y 118 de provincia. En la lista de asistentes, se observa la participación de todas las grandes figuras chilenas de la medicina y la biología de la época. La única mujer era la doctora Díaz Insunza. (www.biografiadechile.cl)

Entre 1889 y 1897, se desempeñó como médico y profesora de Higiene en la Escuela Normal de Preceptores del Sur de Santiago. Analizaba las condiciones higiénicas de los establecimientos educacionales de Chile y proponía soluciones. Esto le valió ser nombrada, en 1898, Inspector Médico Escolar de Santiago, y luego del país, cargo en el que estuvo por cerca de 30 años.

Literalmente, dejó los pies en la calle. “Ella recorrió cada una de las escuelas para pobres y sus informes sobre los recintos fotografiaban la pestilencia, la oscuridad húmeda, el cansancio, el hambre y las cefaleas que agobiaban a maestros y alumnos de aquellas 121 escuelas. Anotaba las imágenes del lamentable estado de “retraso del desarrollo natural” de los proletarios escolares y del “decaimiento de sus energías físicas e intelectuales”, lo cual originaba las “perturbaciones nerviosas” que estaban dañando gravemente a la infancia chilena y que constituían “el principal factor del prematuro decaimiento que ya se nota en nuestra raza”. Exigía con urgencia lo más elemental para la sobrevivencia de los escolares en la urbe, en un tiempo de epidemia de tuberculosis que provocaba la tercera parte de las muertes en la población activa (10 a 50 años): ventiladores, claraboyas, ventanas, vidrios, que se tapasen las acequias donde nadaban cientos de ratones que a menudo se inundaban sobre el patio de juego y que causaban la viruela y tifoidea, que se mejorasen las letrinas y se instalasen escupideras y lavatorios y ojala algo más sofisticado como un baño y un galpón para clases de gimnasia”.

(María Angélica Illanes. “Ausente, Señorita”, El niño chileno, la escuela para pobres y el auxilio 1890 / 1990. Editado por la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB), Santiago de Chile, 1991. En: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0030454.pdf. Citando “Recopilación de Informes del Médico-Inspector de las Escuelas Públicas de Santiago”, Santiago, 1905. Informe No. 1, Santiago, 20 de enero de 1899)

 

Frente a la pobreza, epidemias y ausentismo escolar, Eloísa Díaz propuso en 1899 al ministro de Instrucción Pública, Enrique Matta Vial, crear una Sociedad Protectora de los Niños de las Escuelas Públicas, que incluyera “la instalación de un dispensario y de un servicio de botica con todos los medicamentos indispensables que requiera una asistencia médica seria y completa”. Asimismo, le manifestó que era necesario dar a los niños alimento, vestuario y medicamentos en caso de enfermedad, y veremos cómo los padres obligarían incuestionablemente a sus hijos a asistir a la escuela y sería este un medio preliminar para hacer más tarde obligatoria la instrucción”.

(Ibid. Citando “Recopilación de Informes del Médico-Inspector de las Escuelas Públicas de Santiago”, Santiago, 1905. Informe No. 2, Santiago, 20 de enero de 1899)

 

En esta etapa de su vida, Eloísa participó en congresos de importancia para la comunidad médica de América Latina. Fue justamente en uno de ellos, realizado en 1910 en Buenos Aires, donde se le distinguió como “Mujer Ilustre de América” por sus aportes a la medicina social.

En 1911, reorganizó el Servicio Médico Escolar, encargado de la salud de todos los estudiantes chilenos, y asumió su jefatura, con el objetivo de enfrentar las patologías que afectaban a los niños: el raquitismo, la deficiencia mental, las enfermedades bucales y la tuberculosis. Asimismo, impulsó el desayuno escolar obligatorio -destinando inicialmente para ello dinero propio- y la vacunación masiva de los estudiantes.

También creó los servicios médicos dentales en las escuelas, fundó jardines infantiles, policlínicos para personas de escasos recursos, y colonias vacacionales (campamentos) gratuitas”.

(Daniela García P. y Cristián García B. Eloísa Díaz Insunza y su lucha por la salud escolar en Chile. En: Anales Chilenos de Historia de la Medicina. Año (Vol.) 17 Nº 1, mayo 2007)

 

“Vive entregada a su causa”

Sus esfuerzos no pasaron desapercibidos para la sociedad de la época. En palabras del escritor Miguel Laborde, actual director de la Revista Universitaria de la Universidad Católica:

Solitaria, modesta, infatigable, crecía la admiración por su labor sin que ella pareciera darse cuenta del impacto que producía. Textos en la Revista Médica, acciones en numerosas instituciones en las que participaba, como la Liga Nacional de Higiene Social, la Sociedad Científica de Chile, la Sociedad Médica, el Consejo de Nutrición Primaria y la Cruz Roja, no le dejan tiempo para su vida privada; vive entregada a su causa”.

(Miguel Laborde, artículo titulado “Eloísa Díaz, Mujer Ilustre de América”. En: http://www.nuestro.cl/chilecronico/eloisa_diaz1.htm)

 

Después de jubilar en 1925, vivió con una modesta pensión, hasta morir en 1950 a los 84 años de edad, tras ser llevada al Hospital San Vicente de Paul.

En homenaje a ella, bien vale la pena recordar que en diversas publicaciones se ha mencionado que la doctora Eloísa Díaz conquistó una reivindicación muy importante para las mujeres, como es el derecho al desarrollo intelectual. Tal como Eloísa señaló al presentar su tesis para graduarse de médico:

Siento al reconcentrarme íntimamente que no he perdido instruyéndome y que no he rebajado mi dignidad de mujer, ni torcido el carácter de mi sexo. ¡No! La instrucción, como muchos pretenden, no es la perdición de la mujer: es su salvación”.

 

Principales publicaciones de Eloísa Díaz

1.- “Breves observaciones sobre la aparición de la pubertad en la mujer chilena y de las predisposiciones patológicas propias del sexo”, Memoria de prueba para optar al grado de Licenciado en la Facultad de Medicina y Farmacia. Escuela de Medicina, Universidad de Chile. Editorial Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1887. En: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-93587.html

2.- “Reorganización del Servicio Médico Escolar”. Primer Congreso Médico Latinoamericano. Santiago de Chile, 1901.

3.- “Disquisiciones sobre Higiene Escolar en Chile”. Actas y Trabajos. Segundo Congreso Médico Latinoamericano. Buenos Aires, Argentina, 1904. Editado en 1905.

4.- “La alimentación de los niños pobres en las escuelas públicas”. Anuario del Ministerio de Instrucción Pública. Santiago de Chile, 1906. En: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-93587.html

(Fuente: www.memoriachilena.cl)

 

 

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