Historia

Elena Caffarena y el voto femenino en Chile

20/07/20 por reveduc

Elena Caffarena haciendo campaña radial del Memch, 1938. Fuente: Crónica del sufragio femenino en Chile / Diamela Eltit. Santiago: SERNAM, 1994 ([Santiago]: Servimpres) 122 pág. Colección Biblioteca Nacional de Chile, disponible en Memoria Chilena. Gentileza: Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld.

Este mes se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Elena Caffarena, una pionera que luchó junto a otras hasta lograr que la mujer tuviera derecho a voto. No descansó hasta que, por primera vez, participaron en la elección presidencial de 1952, en donde fue electo Carlos Ibáñez del Campo. ¿Quién fue esta líder femenina y quiénes la acompañaron en su hazaña?

“Desde que Santiago comienza a dar señales de animación en las mañanas, las empleadas de las grandes tiendas, almacenes, fábricas santiaguinas salen de sus casas a la calle buscando el camino de sus labores. ¿Hay algo más noble o digno que ellas?…  Es la luchadora infatigable, la mujer que combate con la vida y que sabe encontrar fuerzas en el desastre, aliento en la desgracia, confianza en el desengaño (…) Y si las mujeres son nuestras iguales, ¿no sería justo acordarles lo que tanto anhelan, ¿no sería justo asociarlas a la vida pública y concederles el derecho a sufragio?”[1]

En 1924 una mujer moderna ya conducía, aunque a algunos les pareciera raro, e incluso era capaz de cambiar un neumático. Hay fotos en la revista Zig Zag que dan muestran de ello. Y para ese entonces, ya había un número creciente de mujeres con títulos universitarios en áreas que antes estaban reservadas para los hombres. Una de ellas fue justamente Elena Caffarena.

ESTUDIANTE DE LEYES Y DEFENSORA DE LOS DERECHOS DE LA MUJER

En 1903, en Iquique, nació Elena Caffarena, hija de inmigrantes italianos. Cuando su familia se trasladó a Santiago, terminó sus estudios secundarios en el Liceo N° 4 de Niñas. Posteriormente estudió leyes en la Universidad de Chile y obtuvo su título de “abogado” en 1926. En rigor, esto fue posible gracias al Decreto Amunátegui, dictado en 1877, que permitió a las mujeres acceder a la enseñanza universitaria.

“Fui la abogada número 15 en Chile. Fue, precisamente, el conocimiento que obtuve en mis estudios de leyes, cuando me percaté de la inferioridad en que se encontraban las mujeres frente a la ley. Eso hizo nacer mi vocación feminista”.[2]

Ya siendo universitaria, se comprometió con la defensa de los derechos de la mujer y formó variadas organizaciones femeninas como la Asociación de Mujeres Universitarias, en la cual se desempeñó como vicepresidenta en varios períodos. Fundó el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), siendo su secretaria general desde 1935 hasta 1941.

Pero, ¿qué era el MEMCH? Básicamente, una organización pluralista, que convocaba a mujeres de todas las clases sociales y a todas las unía una causa común: conseguir la emancipación de la mujer a nivel económico, social y jurídico. Paulatinamente, el grupo se abocó a la tarea de la obtención del voto político (en elecciones presidenciales y parlamentarias) para la mujer chilena sin restricciones.

PRIMERO, EL VOTO EN LAS ELECCIONES MUNICIPALES

Mujeres votando en las elecciones municipales de 1945. Fuente: Crónica del sufragio femenino en Chile / Diamela Eltit. Santiago: SERNAM, 1994 ([Santiago]: Servimpres) 122 páginas. Colección Biblioteca Nacional de Chile, disponible en Memoria Chilena. Gentileza: Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld.

En 1934, durante la segunda administración de Arturo Alessandri Palma, se otorgó a las mujeres el derecho a voto en las elecciones municipales. La Ley 5.357 introdujo el siguiente artículo a la Ley de Elecciones:

“Tienen derecho a inscribirse en el Registro Municipal:

  1. Las mujeres de nacionalidad chilena, mayores de 21 años, que sepan leer y escribir y residan en la comuna correspondiente; y
  2. Los extranjeros, varones y mujeres mayores de 21 años, con más de cinco años consecutivos de residencia en el país, que sepan leer y escribir y que residan en la comuna correspondiente”.[3]

En las elecciones municipales de 1935, se inscribieron 76.049 mujeres, que representaban el 20% del total de electores.

Elena Caffarena recordaría en una entrevista publicada en el libro “Crónica del Sufragio Femenino” (de Diamela Eltit), que no existía mucho interés por parte de los partidos políticos en aprobar el voto político  (en elecciones presidenciales y parlamentarias) para la mujer, “pues, para los partidos, la respuesta electoral de la mujer era una incógnita, a pesar de que el voto municipal era un antecedente. Mire una cosa curiosa; el voto municipal se obtuvo después de un año de lucha, mientras que el voto político después de más de 20 años”.[4]

Incluso estaba convencida que el voto municipal fue concedido porque “los partidos querían ver el comportamiento de las mujeres frente al sufragio”.[5]

Efectivamente, tal como se señala en esa misma publicación, “los partidos políticos de los diversos espectros, se atemorizan ante la incertidumbre electoral que significa incorporar a las mujeres a esos procesos. Mientras los sectores conservadores proyectan la imagen de la mujer centrada en la familia, y por ende, distante de lo público y de lo político, los grupos de centro y de izquierda, luego del voto municipal, observan que el voto femenino va a incrementar las filas de la derecha política. De hecho los partidos, sin excepción, no son proclives a legislar sobre el sufragio para la mujer”.[6]

El único intento serio lo tuvo el Presidente Pedro Aguirre Cerda. El 8 de enero de 1941, envió a la Cámara de Diputados un proyecto de ley para apoyar la idea de legislar en torno al voto femenino. Sin embargo, la repentina muerte del Presidente truncó este sueño que parecía estar a punto de ser una realidad.


Elena Caffarena en campaña presidencial de Pedro Aguirre Cerda, 1938. Fuente: Crónica del sufragio femenino en Chile / Diamela Eltit. Santiago: SERNAM, 1994 ([Santiago]: Servimpres) 122 páginas. Colección Biblioteca Nacional de Chile, disponible en Memoria Chilena. Gentileza: Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld.

LA MÁS FAMOSA DEL MEMCH: LA MUJER NUEVA

Una de las publicaciones de esa organización fue el periódico La Mujer Nueva, editado entre los años 1935 y 1941. Desde su primer número dio cabida a las aspiraciones relacionadas con la obtención y ampliación de los derechos civiles y políticos, incluidos el sufragio femenino universal y las demandas sociales que inspiraron a ese movimiento. Temas como el trabajo femenino, especialmente el trabajo industrial, formaron parte importante de sus preocupaciones.

“Portada de La Mujer Nueva Nº 8, julio de 1936”, Boletín del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile. Santiago: El Movimiento, 1935-1941 (Santiago: Imprenta Gutenberg), 27 números. Colección Biblioteca Nacional de Chile, disponible en Memoria Chilena (descargar e ir a pág. 33).
“Unidas lucharán por sus derechos”. Fuente: La Mujer Nueva / boletín del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile. Santiago: El Movimiento, 1935-1941 (Santiago: Imprenta Gutenberg) 27 números, año 2, número 23, (1 julio 1939). Colección Biblioteca Nacional de Chile, disponible en Memoria Chilena.

Por ejemplo, el número de julio de 1936 exhibe en su portada la fotografía de una mujer de rodillas limpiando el piso, con una breve lectura que evocaba los problemas de la época: “La mujer primer animal doméstico”. Esto en el marco de una crónica titulada “Lo que no se exhibiría en Valparaíso” y que se refería a la desigualdad laboral que afectaba al género femenino.

Mientras, en su edición de julio de 1939, convocaba a una gran concentración en el Teatro Victoria, con frases cargadas de contenido: “La mujer acomodada que se expresa en varios idiomas, que ha alternado con sabios y artistas y que, sin embargo, está en peores condiciones que un analfabeto”; “La mujer modesta que trabaja lo mismo que el hombre, que es inteligente y preparada y que, sin embargo, no tiene esperanzas, por ahora, de poder desempeñar los altos cargos de la Administración Pública”; “La obrera que hace un trabajo similar al de sus compañeros de la fábrica, pero que, por el hecho de ser mujer, gana la mitad del salario, ya pequeño, que a éstos se les asigna”; “La campesina de quien nadie ha pensado que su vida es tan vegetativa como la de las plantas, las aves y los animales que la rodean”. Para concluir con “¡TODAS JUNTAS ESTARÁN el DOMINGO 16 en el TEATRO VICTORIA!”

El Segundo Congreso del MEMCH reunió, en octubre de ese año, a dirigentes de la capital con las de provincias. “Los temas tratados en este encuentro y cubiertos por La Mujer Nueva –el voto político, protección a la mujer trabajadora, la paz y la democracia y la relación con otras instituciones femeninas- reflejaron la madurez que había alcanzado la organización”[7].

DEL CLUB SOCIAL DE SEÑORAS A LA FECHIF

Pero mucho antes que Elena Caffarena fundara el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), hubo otras organizaciones sociales que pusieron en el debate público temas inéditos en ese entonces como la desigualdad de la mujer ante la ley.

Uno de los primeros fueron los Centros Femeninos Belén de Sárraga, que tuvieron especial eco en la zona norte del país. Después, en 1915, surgiría el Círculo de Lectura, encabezado por Amanda Labarca (1886-1975), que promovía el perfeccionamiento cultural de la mujer; y al año siguiente haría su estreno el Club Social de Señoras, presidido por Delia Matte de Izquierdo (1886-1941), que convocaba a mujeres de clase alta con fines culturales y no de beneficiencia, algo impensado en la época. Para ello organizaban conferencias, cursos y conciertos, que “constituyeron programas bien nutridos y que contaron con figuras tan destacadas como Vicente Blasco Ibáñez, Ramón Menéndez Pidal y el conde Keyserling”.[8]

Al pasar el tiempo, fueron surgiendo más y más instituciones en pro de los derechos de la mujer. Por ejemplo, el Consejo Nacional de Mujeres, fundado en 1919, trabajó para mejorar los derechos civiles, políticos y jurídicos de las mujeres, que dentro del Código Civil de Chile estaban restringidos. Como su presidenta, Amanda Labarca cumplió en parte ese objetivo con la promulgación del Decreto Ley del 12 de marzo de 1925, más conocido como la “Ley Maza” (por el nombre del senador José Maza), que habilitó a las mujeres para atestiguar ante la ley y reconoció a la mujer casada algunas atribuciones en materia de patria potestad, junto con autorizarla para administrar los frutos de su trabajo, a través del régimen conyugal de separación de bienes.

En Valparaíso, tres años más tarde, en 1928, surgiría la Unión Femenina de Chile. “Esta institución nació al calor de la propuesta de Graciela Lacoste en una reunión convocada por Aurora Argomedo para celebrar el cincuentenario del Decreto Amunátegui. La institución abogó principalmente por los derechos políticos femeninos, pero también incluyó en su programa numerosas estrategias en pos del mejoramiento de la salud y subsistencia de toda la sociedad”.[9]

En 1935 surgió el MEMCH que, como ya se ha señalado paulatinamente se abocó a la tarea de la obtención del voto político sin restricciones, y en 1944 se dio un paso más allá, con la creación de la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), cuya presidenta fue Amanda Labarca, educadora e intelectual chilena que tenía una larga trayectoria de lucha en favor de los derechos de la mujer.

Un dato curioso para tener en cuenta, registrado en el libro “Crónica del Sufragio Femenino” de Diamela Eltit, es el siguiente: Gabriela Mistral obtuvo el Premio Nobel de Literatura para Latinoamérica en 1945, fecha en la cual -al igual que las demás mujeres de su país- estaba incapacitada para votar en elecciones parlamentarias y/o presidenciales.[10] 

En 1946, se creó el Partido Femenino de Chile, formado en su mayoría por mujeres de sectores acomodados, y cuya principal demanda era lograr el derecho a voto en las elecciones parlamentarias y presidenciales. Entre sus líderes estuvo María de la Cruz Toledo (1912-1995), quien llegó a ser la primera senadora del país.

AMANDA LABARCA Y SU LUCHA POR EL VOTO FEMENINO

Es indiscutible que a la cabeza de la FECHIF, Amanda Labarca fue una ferviente impulsora del tan ansiado sufragio femenino. 

Según Elena Caffarena, “con la creación de esta federación (FECHIF), la más poderosa de la historia del movimiento de mujeres en Chile, el tono en el cual se demandan los cambios civiles y políticos se hace más enérgico y enfático. Ya no es el tono de la súplica o de la persuasión el que define las peticiones, sino el de la urgencia averiada por la legitimidad de los argumentos esgrimidos”.[11]

En 1945, la FECHIF presentó al Senado un proyecto de ley para modificar la Ley General de Elecciones, que contaba con el apoyo de senadores de distintos partidos políticos. Después de pasar por varios trámites legislativos, es aprobado por la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados el 28 de noviembre de 1948. El 15 de diciembre se aprobó en general el proyecto de ley que permitía el sufragio femenino y el 21 de diciembre pasó su último trámite en el Senado.

ACTO PÚBLICO EN EL TEATRO MUNICIPAL

8 de enero de 1949: “El Presidente de la República, González Videla, firmó, en un acto solemne verificado en el Teatro Municipal, el decreto que promulga la ley que concede voto político a la mujer chilena. También firmaron el ministro del Interior, Almirante Inmanuel Holger, y el ministro de Justicia, Luis Felipe Letelier Icaza. Se ha producido así el caso curioso de que esta ley trascendental lleva la firma de un Jefe de Estado que pertenece al Partido Radical y de un ministro que representa las filas del Partido Conservador”,[12] señala la Revista Zig Zag junto a una foto del histórico momento.

Y en una crónica reciente, publicada en el sitio web del Senado de la República de Chile, se recuerda que “el acto en sí tuvo características épicas y contó con una masiva asistencia de mujeres de todas las clases sociales, que inundaron los palcos y galerías de gasas, treviras, paños multicolores y coquetos peinados y sombreros, además de ministros y autoridades”.[13]

¿Dónde estaba Elena Caffarena cuando se promulgó la ley? Ella misma respondió a esa pregunta en el libro de Diamela Eltit:

“Lo curioso es que a mí, que había luchado tanto por el voto, no me invitaron. Gabriel González Videla lo único que hizo fue promulgar la ley, como corresponde a todos los Presidentes cuando se aprueba en la Cámara. Pero lo hizo con gran aparato, de tal manera que todavía hay gente que dice que Gabriel González Videla nos concedió el voto. Y la verdad no es ésa. El voto se obtuvo con la lucha de más de 20 años que sostuvieron miles de mujeres chilenas. Así es que ese día yo estaba en mi casa. Soy una persona que no va a ninguna parte donde no la invitan”.[14]

Al igual que otras dirigentes, no fue invitada por motivos políticos. Este hecho, sin embargo, no resta valor al triunfo que significó la aprobación del derecho a voto de la mujer chilena para todas las elecciones: municipales, parlamentarias y presidenciales. La primera vez que sufragaron en una elección presidencial fue en 1952, cuando fue electo Carlos Ibáñez del Campo (segundo período de gobierno).

CÓMO FUE CAMBIANDO LA LEGISLACIÓN EN PRO DE LA MUJER

1884: La Ley Electoral en su artículo 40 prohibía expresamente el voto para la mujer por el hecho de “encontrarse sometida al yugo del esposo quien podía ejercer su poder e influencia sobre su esposa”.

1877: El Ministro de Instrucción Pública, Miguel Amunátegui, hizo efectivo el “Decreto Amunátegui”, que otorgaba derecho a las mujeres para acceder a la universidad. Diez años más tarde se titularon como médicos Eloísa Díaz Insunza y Ernestina Pérez Barahona, primeras mujeres americanas en obtener esta titulación.

1931: Durante el primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, se aprobó el Decreto con Fuerza de Ley N° 320 que permitió la inscripción en el Registro Municipal de Electores, en particular en el Registro de la Segunda Categoría, a: las mujeres de nacionalidad chilena, mayores de 25 años, que sepan leer y escribir, y sean propietarias de un bien raíz situado en la comuna de su residencia, figurando inscrito a su nombre en el respectivo Rol de Propietarios de la comuna, y acrediten el pago de la contribución fiscal correspondiente a lo menos por dos semestres inmediatamente anteriores a la fecha de su inscripción. ​Pero en esos años no se estaban realizando elecciones democráticas.

1934: Bajo la segunda administración de Arturo Alessandri Palma, se aprobó la Ley N° 5.357 que concedió el voto femenino solo para las elecciones municipales​, en parte gracias a la influencia de la Unión Femenina de Chile. La norma debutó en los comicios de 1935.

1949: Promulgación del sufragio universal femenino durante el gobierno de Gabriel González Videla. Se autorizó finalmente el derecho a voto político para la mujer en todas las elecciones: municipales, parlamentarias y presidenciales, mediante la Ley N° 9.292 del 8 de enero de ese año.


[1] EMPRESA EDITORA ZIGZAG. “Así lo vio Zig Zag”. Santiago, Chile. Pág. 56.

[2] ELTIT, Diamela. Crónica del Sufragio Femenino en Chile. Servicio Nacional de la Mujer, 1994. Pág. 97.

[3] Historia del Sufragio en Chile. En sitio web: https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_sufragio_en_Chile#Sufragio_femenino

[4] ELTIT, Diamela. Crónica del Sufragio Femenino en Chile. Servicio Nacional de la Mujer, 1994. Pág. 102.

[5] ELTIT, Diamela. Crónica del Sufragio Femenino en Chile. Servicio Nacional de la Mujer, 1994. Pág. 102.

[6] ELTIT, Diamela. Crónica del Sufragio Femenino en Chile. Servicio Nacional de la Mujer, 1994. Pág. 47.

[7] La Mujer Nueva (1935-1941): Segundo Congreso del MEMCH de 1940. En: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-96264.html

[8] VILLALOBOS, SERGIO. Historia de los Chilenos, Tomo 4. Editorial Taurus. Chile, 2010. Pág. 85.

[9] Publicaciones periódicas femeninas (1865-1950): Nosotras (1931-1935) y Unión Femenina de Chile (1934-1935). En: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-95374.html

[10] ELTIT, Diamela. Crónica del Sufragio Femenino en Chile. Servicio Nacional de la Mujer, 1994. Pág. 48.

[11] ELTIT, Diamela. Crónica del Sufragio Femenino en Chile. Servicio Nacional de la Mujer, 1994. Pág. 59.

[12] EMPRESA EDITORA ZIG ZAG. “Así lo vio Zig Zag”. Santiago, Chile. Pág. 149.

[13] “Mujeres en política: los derechos con corsé, el voto femenino y su participación en cargos de poder”. 22 de enero 2020. En sitio web: https://www.senado.cl/mujeres-en-politica-los-derechos-con-corse-el-voto-femenino-y-su/senado/2013-12-13/120728.html

[14] ELTIT, Diamela. Crónica del Sufragio Femenino en Chile. Servicio Nacional de la Mujer, 1994. Pág. 106.

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