Cultura

EL ANALFABETISMO Y EL LEGADO DE PAULO FREIRE

26/12/16 por reveduc

foto1webEn la última celebración del Día Internacional de la Alfabetización fue homenajeado el destacado educador brasilero Paulo Freire, autor de la “Pedagogía del Oprimido”, libro que ha dejado una marca indeleble en la educación chilena, en especial en cuanto al rol del docente y del alumno en el proceso educativo. “Hablar con el estudiante, versus hablarle al estudiante”, decía, quien construyó teoría dialogizante desde la reflexión de su propia práctica. Se le ha llamado el filósofo del diálogo.

A los 60 años la mujer pudo por primera vez escribir su nombre, ya nunca más pondría un escueto y deformado “Ana”, que eran las únicas letras que podía reconocer y que le servían para estampar su firma. Ahora, ella era capaz de leer, deletrear y escribir su nombre completo y muchas cosas más.

“Estoy muy feliz, es como volver a nacer”, dijo emocionada cuando le dieron su certificado de egreso del curso en que fue alfabetizada. Este breve testimonio habla por sí solo, una persona analfabeta es siempre alguien que vive “a medias” en nuestra sociedad. Ya sea hombre o mujer, quien no domina el lenguaje escrito queda automáticamente marginado de un sinfín de cosas y situaciones sociales importantes, también, por supuesto, de la capacidad de trabajar en condiciones aceptables para ganarse la vida.

Además de sentirse avergonzada por su condición, la señora aludida confiesa haber vivido en la soledad, en el miedo y en el esfuerzo constante de aparentar ante los demás, “haciendo como que entendía lo que en realidad no entendía, como que sabía lo que no sabía”. Ella incluso cargó por años una depresión silenciosa. “Sentía una rabia por dentro, mucha pena y me sentía siempre insegura, por eso me aislaba, no quería que nadie se diera cuenta de lo que me pasaba”.

Pero el milagro de su recuperación lo produjo el Programa Contigo Aprendo, implementado por el Ministerio de Educación, gracias a éste aprendió a leer y escribir, también cálculo matemático y nociones de otros conocimientos que le iluminaron el presente y el futuro a pesar de ser una persona mayor. Estuvo entre las 100 mil personas que pudieron certificar su cuarto año de educación básica, en una campaña que se llevó a efecto entre los años 2003 y 2009. Y que, a partir del 2015, la Coordinación Nacional de Educación de Personas Jóvenes y Adultas reanudó, instalando entre sus líneas de trabajo el Plan Nacional de Alfabetización en 11 regiones del país. Además, este año se incorporó Antofagasta y Magallanes y se planea abarcar la totalidad del territorio nacional el 2017.

Hasta la fecha, solamente en 2016 el mencionado plan logró una cobertura de 7 mil 470 estudiantes en 210 comunas.

Lo que se busca que los participantes desarrollen competencias básicas de lenguaje y matemática para mejorar su inserción en el mundo laboral, potenciando la autoestima y la valoración personal. La idea es que cumplan el primer ciclo básico y puedan luego continuar la enseñanza básica y media e integrarse a alguna modalidad ofrecida por la Educación de Personas Jóvenes y Adultas.

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Foto: Gentileza Colección Instituto Paulo Freire

La alfabetización nunca antes había sido tan necesaria

En su definición más simple, la alfabetización es la habilidad de usar un texto (palabra escrita) para comunicarse a través del espacio y del tiempo, es decir, saber utilizar el sistema de escritura para expresarse y entenderse con los demás miembros de una comunidad.

Aquello que parece tan sencillo decirlo, es un proceso indispensable para el despliegue de los dominios fundamentales de los seres humanos que viven en sociedad.

Se traduce en autonomía, incrementa la sensibilización e influye en forma decisiva en el comportamiento de las personas, las familias y las comunidades.

“La alfabetización nunca antes había sido tan necesaria para el desarrollo, dado que es vital para todo tipo de comunicaciones y aprendizajes y una condición sine qua non para acceder a la actual sociedad del conocimiento. Ante la profundización de las brechas socioeconómicas y las crisis mundiales del agua, el alimento y la energía, la alfabetización representa un instrumento de supervivencia en un mundo altamente competitivo”, advierte UNESCO.

Por ello es que la alfabetización –cuyo Día Internacional se viene celebrando en cientos de países hace cinco décadas cumple una función esencial en la agenda de la Educación Para Todos (EPT) liderada por el organismo mundial. Alfabetizarse es considerado hoy un derecho humano.

“Nuestra determinación de proporcionar a cada mujer y a cada hombre las competencias, las capacidades y las oportunidades necesarias para hacer realidad sus aspiraciones, en la dignidad y el respeto, sigue siendo inquebrantable. La alfabetización es la base para construir un futuro más sostenible para todos”, recordó Irina Bokova, directora general de UNESCO, al abrir la última efeméride, celebrada el 8 de septiembre pasado.

Mientras, ese mismo día, en el Museo de la Educación Gabriela Mistral, la ministra de Educación de nuestro país, Adriana Delpiano, reveló que actualmente había 500 mil personas en Chile que aún no saben leer ni escribir, cifra corroborada por la última Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN). “También hay personas, jóvenes y mayores, que por situaciones de la vida no tuvieron la oportunidad de estudiar en el colegio como todos los niños, por lo tanto, hay un analfabetismo funcional, es decir, aprendieron a leer y escribir en los primeros años, pero no practicaron la lectoescritura y por lo tanto, perdieron sus habilidades”, explicó la secretaria de Estado, y de paso hizo recuerdos: “En mi primer trabajo fui monitora de alfabetización. Yo enseñé a leer y escribir a muchísimos campesinos. Y pocas cosas pueden ser tan emocionantes, como cuando alguien te dice “las letras me hablan”.

Entre las actividades de este año destacó la realización del X Foro Internacional Paulo Freire, desarrollado entre el 7 y el 9 de septiembre, en Santiago. El encuentro fue organizado por el Ministerio de Educación, el Instituto Paulo Freire de Chile, el Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE) y la Universidad de Santiago. Fue patrocinado por la Universidad Metropolitana de

Ciencias de la Educación y contó con la cooperación de UNESCO.

El tema central del foro fue “Paulo Freire y la superación del neoliberalismo”. Éste culminó con la firma de una carta que se comprometió, en el bienio 2017-2018, a introducir y reinventar con fuerza el legado del destacado educador brasilero en aquellas sociedades amenazadas con “el regreso de la agenda neoliberal, que trata de anular los avances hechos por los gobiernos que le resistieron, implementando políticas de inclusión afirmativas, una clara demostración de que existen alternativas de desarrollo con justicia social y democracia, que muestran, por último, que el neoliberalismo no es la salida”, señalan los firmantes.

 

¿Quién fue Paulo Freire? ¿Cuál es su legado?

Junto con el aniversario del Día de la Alfabetización se cumplieron 50 años de la publicación de Pedagogía del Oprimido, cuyo autor es Paulo Freire. Lo que dio pie para relevar su figura y rescatar nuevamente su legado al mundo de la educación y la sociedad.

Este educador tiene el enorme valor de haber construido su teoría desde la reflexión de su propia práctica. Su pensamiento está influenciado por la fenomenología y centrado en la fuerza poderosa del diálogo. “El diálogo entre el profesor y el alumno lo transforma todo. Hay que educar para la conciencia y por lo tanto para la libertad”, sostenía.

El emblemático libro contiene las bases del método de alfabetización que aplicó tanto en Brasil, su país de origen, como en otros países y en Chile, donde vivió un exilio entre los años 1964 y 1971 a raíz de una dictadura impuesta en su tierra que primero lo encarceló y luego lo expulsó.

Paulo Freire luchó especialmente por dar voz a los campesinos, a los indígenas, a aquellos marginados que no conocían la escritura y transmitían su cultura de forma oral. Para ello crea una pedagogía para la conciencia que centra su metodología en el diálogo: profesor y alumno dialogan, así ambos se reconocen para sí y entre sí, de modo que no hay un dominante y un dominado o un opresor y un oprimido. Desprecia lo que él llama la educación bancaria, donde el educador es el único que sabe y los educandos son ignorantes, por lo que el conocimiento se “deposita” en la memoria de los discípulos anulándoles el poder creador del educando, estimulando su ingenuidad y no su capacidad de crítica.

“En la educación de adultos, por ejemplo, no interesa a esta visión “bancaria” proponer a los educandos el descubrimiento del mundo sino, por el contrario, preguntarles si “Ada dio el dedo al cuervo”, para después decirles, enfáticamente, que no, que “Ada dio el dedo al ave”, sostiene en su libro, ilustrando la concepción bancaria que concibe a los educandos como sujetos pasivos, sin reflexión propia.

Otro buen ejemplo. En cierta oportunidad, en uno de los círculos de cultura del trabajo en Chile, un campesino, al que la educación bancaria tildaría como “ignorante absoluto”, mientras se discutía el concepto de cultura, declaró: “Descubro ahora que no hay mundo sin hombre”. Y cuando el educador le dijo: “Admitamos, absurdamente, que murieran todos los hombres del mundo y quedase la tierra, los árboles, los pájaros, los animales, los ríos, el mar, las estrellas, ¿no sería todo esto el mundo?” No, respondió enfático, faltaría quien dijese: “Esto es el mundo”.

El campesino quiso decir que faltaría la conciencia del mundo que implica, necesariamente, el mundo de la conciencia.

En Pedagogía del Oprimido, Freire distingue la existencia de dos tipos de educación: la domesticadora y la libertadora. Él, por supuesto, propicia la segunda, que es la concepción humanista, que concibe el proceso educativo como una dinámica en la que las personas implicadas se educan y son educadas al mismo tiempo.

La idea de una verdadera educación liberadora es imponer el diálogo, de tal manera que en la sala de clases o donde se está dando el proceso educativo se dé la relación en términos del educador-educando con educando-educador. De modo que el educador ya no solo es el que educa sino aquel que, en tanto educa, es educado mediante el diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Los seres humanos se educan en comunión y el mundo es el mediador.

 

Su paso por Chile y su influencia pedagógica

El académico Rolando Pinto Contreras relata en “Paulo Freire: un educador humanista cristiano en Chile”, publicado en Pensamiento Educativo (Vol. 34, junio 2004), los pasos iniciales de Freire en nuestro país. Dice que la experiencia comienza con la creación del Programa Extraordinario de Educación de Adultos, en 1964, que necesitaba un especialista en alfabetización, ya que el gobierno reformista de Eduardo

Frei Montalva había prometido disminuir el analfabetismo nacional –particularmente extendido en la zona rural- del 24% al 10%.

El jefe del programa localizó al educador en INDAP y con el Ministerio de Educación se acordó realizar una campaña nacional de alfabetización de adultos con el método de la “palabra generadora” y que por su carácter concientizador y sociolingüístico que adopta en Chile, se le denomina: “Método Psicosocial de Alfabetización”.

En 1964 el gobierno creó una nueva institución, el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP), que prepararía a los profesores en un proceso de actualización pedagógica y disciplinaria que les permitiera enfrentar con éxito el cambio educativo que estaba en gestación.

El discurso pedagógico humanista de Freire se instala en la entidad docente, y los variados cursos que se dictan a partir de 1965, tienen como bibliografía obligada el libro “La educación como práctica de la libertad”. El propio Freire y miembros de su equipo ministerial son docentes invitados a estos cursos.

Lo mismo sucede a nivel de los centros superiores y universitarios que formaban profesores. En el Pedagógico de la Universidad de Chile, en el de la Universidad Técnica del Estado, en la Universidad de Concepción y en la Universidad Católica, Freire se convierte en un referente bibliográfico importante.

Esto hizo que su pensamiento trascendiera y años más tarde el movimiento de Educación Popular se nutriera profusamente de docentes formados y atraídos por la reflexión antropológica y la pedagogía freireana.

Su influencia también alcanzó a los sectores progresistas de la Iglesia Católica (en especial la Orden de Los Jesuitas y la de los Sagrados Corazones), quienes tomaron como referente su propuesta pedagógica que encaminaba a la libertad de los individuos y a la conciencia social.

La trayectoria de este connotado e influyente educador brasilero registra, aparte de su desarrollo práctico y teórico en Chile, un nombramiento como experto de la UNESCO y su designación posterior como profesor de la Universidad de Harvard. Fue también asesor de varios países africanos que habían sido recién liberados de la colonización europea, especialmente en Angola y Guinea.

En 1980 vuelve a su país y trabaja afanosamente por conseguir una escuela pública y de calidad para todos. Entre 1989 y 1992 asume la Secretaría de Educación de la Prefectura de Sao Paulo. A partir de 1992 dicta clases en la Universidad de Sao Paulo, da cursos y conferencias por todo el mundo.

Muere en 1997, de un infarto cardíaco a los 76 años de edad.

Paulo Freire confiaba en el pueblo, decía: “Pongo mi fe en la creación de un mundo en el que sea menos difícil amar”.

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