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Desirée López de Maturana, vicepresidenta ejecutiva de JUNJI: “PENAS QUE ABRIGAN” PONE LAS EMOCIONES EN EL DIÁLOGO COTIDIANO CON LOS NIÑOS”

13/06/16 por reveduc

Entrevista a la vicepresidenta ejecutiva de JUNJI (Junta Nacional de Jardines Infantiles) sobre el libro “Penas que Abrigan”, publicado recientemente por Ediciones de la JUNJI. 

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Foto: Gentileza JUNJI. 

¿Cuál es el propósito del libro “Penas que abrigan” y por qué le interesó a la JUNJI publicarlo?

Una suma de factores influyó en esta decisión. Por una parte, la propuesta estética era distinta, con láminas de color negro que representaban cada escena jugando con la luz y la oscuridad. Nosotros tenemos colores específicos para trabajar con los niños, el color negro no entraba en esa concepción. Y, por otro lado, aborda un tema inusual: la pena de los niños.

Pareciera ser que ellos tienen que ser felices, sólo los adultos podemos tener pena. Hay ciertos mitos respecto de la niñez y vimos este libro como una oportunidad para avanzar en esa desmitificación. Esto se alinea de manera muy coherente con el concepto mismo de una Reforma, que no es sólo por decreto. Es cómo me reformo yo a nivel paradigmático, cómo miro la educación de una manera distinta, cómo miro a los niños y niñas en su rol de sujetos, de personas, que viven emociones y se constituyen a través de ellas.

Los niños y las niñas viven sus emociones de forma genuina: su rabia es su rabia de verdad, su pena es su pena de verdad, su alegría es su alegría de verdad. No tienen mayor disfraz para eso. Pero cuando les decimos: “no tienes para qué llorar” o “seca las lágrimas porque tú eres feliz, mira todo lo que tienes”, les quitamos la posibilidad de expresar esa pena porque tenemos en la cabeza la idea de que tienen que ser “sólo felices” y la felicidad pasa por la negación de una emoción tan hermosa también, porque da los matices en la vida, que es sentir pena por algo o alguien.

¿Qué es lo más valioso de este texto?

Uno de sus méritos es que pone el tema de las emociones en el diálogo cotidiano con los niños, ya sea en el jardín infantil o en la casa. Afortunadamente están todavía en una edad, en un período de la vida, en que no tienen muchas corazas frente a esto. Ellos se expresan libremente y si tienen pena lo dicen. Ahí se manifiesta el ser humano en toda su dimensión, pero los adultos los inhibimos, diciéndoles: “esto no es motivo para llorar” o “pareces niñita llorando”. Con este libro, lo que queríamos decir es: “acá todos podemos tener pena y conversar sobre ello”. Lo que es maravilloso porque permite que cada uno se reconozca a través de las emociones que lo constituyen.

Lo que me sorprendió es que la obra significó también un aprendizaje para los adultos, que tenemos que empezar a sacarnos un poco la coraza y aprender de esta posibilidad de ser.

¿Coincide con Marion Acuña, quien señala que su libro contribuye a “validar el llanto y mostrar a los niños que el valiente no es el que no llora, sino el que se atreve a mirarse profundamente”?

Creo que hubo una coincidencia absoluta en lo que me imagino llevó a Marion a escribir “Penas que abrigan”. Ella contó en el lanzamiento el momento en que encontró a un niño llorando escondido debajo de un escritorio. Él se transformó en el protagonista de su obra, él tiene un rostro. Entonces, escribió este libro a partir de un hecho real.

La negación de una emoción como la pena es porque ésta se asocia a la debilidad, a algo de mujeres o equivocadamente a cualquier otra razón externa a lo que le pasa al propio sujeto.

¿Qué recepción ha tenido “Penas que abrigan” entre las educadoras de párvulos?

Desde el momento que se lanzó hasta ahora no he tenido la posibilidad de ver cómo se ha trabajado con los niños y niñas, ni recoger la impresión de las educadoras de forma sistematizada. Más bien he podido percibir lo que a los adultos les pasa con el libro. Esto que a todos nos parecía que era un cuento infantil, con quien primero se trabaja es con los adultos y eso es fantástico.

Ellos pueden mediar bien este libro y trabajar con los niños, pero deben ser capaces de manifestar sus emociones genuinamente y sin culpa, por lo que tiene que haber una experiencia previa. Cuando en el lanzamiento se leyó este libro, hubo inmediatamente una reacción en los adultos, abrió un canal para que todos sintieran que empatizaban con Valentín, el protagonista, y da lo mismo cuál era su pena, porque la gracia que tiene el texto es que no estereotipa ninguna situación que amerite la pena. El lector no sabe por qué siente eso, pero igual puede decir: “Yo lo entiendo porque he tenido mi propia pena”. Cada uno se conecta con esa emoción, que por lo general se oculta ya que está asociada al concepto de debilidad. Vivimos en una sociedad que se ha alejado de las emociones.

¿Y cómo fue la reacción de los niños presentes en el lanzamiento?

Estaban encantados, tenían 3 años y medio y 4 años. Iban a estar sólo al principio de la actividad y luego regresarían a su jardín, pero estaban tan fascinados que no se querían ir.

Al final, escucharon la historia completa. El espacio estaba totalmente oscuro y se jugó con las luces y sombras de las láminas que acompañaron el relato. También la forma en que se narró fue muy importante; eso lo trabajamos mucho en educación parvularia, la prosodia, cada vez que relatas un cuento lo tienes que contar muy bien, no es una cosa plana, porque hay matices, hay emociones.

¿Sirve este libro para ser trabajado a nivel de jardín infantil (NT1 o NT2) o lo recomendaría desde nivel preescolar en adelante?

Todos los cuentos tienen sus complejidades y se pueden trabajar con niños de dos años hasta cuarto medio y a lo mejor en una reunión de padres. La intencionalidad o lo que se va a generar, el feedback que voy a tener, va a ser distinto. A propósito de “Penas que abrigan”, un niño de tres años podría decir “yo también lloré cuando…” y a partir de ahí el adulto puede referirse a que todas las personas tenemos emociones y decirles: “contemos una pena”, “contemos una alegría” y así ir trabajando las manifestaciones vinculadas a este tema.

Ediciones de la JUNJI: “Penas que abrigan” es el libro Nº 20

La Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) históricamente ha realizado publicaciones sobre educación parvularia, pero sólo desde mayo de 2014 cuenta con un área editorial propia: Ediciones de la JUNJI, dedicada de manera exclusiva a la producción de libros sobre educación e infancia. “Penas que abrigan” es el libro Nº 20 publicado por esta editorial.

¿Cómo nació Ediciones de la JUNJI y qué trabajo está desarrollando?

Ediciones de la JUNJI partió el año 2014, aunque la JUNJI ha publicado desde siempre. Más allá de las convicciones que cada uno pueda tener, en el marco de la Reforma Educativa actual había que replantearse el sentido de varias tareas.

Una institución educativa debiera generar conocimiento. Si estamos diciendo que la JUNJI es una entidad pública, con 45 años de trayectoria, que se concentra en entregar educación parvularia y que es un referente a nivel nacional e internacional por la experiencia que tiene, entonces era necesario contar con una editorial donde las personas pudieran llegar directamente a consultar por temas relacionados con educación parvularia. Así surgió Ediciones de la JUNJI, que funciona en la Casa de la Ciudadanía, un lugar de puertas abiertas ubicado en Marchant Pereira 1030.

Este lugar hoy tiene la connotación de estar dentro del marco del programa de gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Es un espacio que busca acercar el servicio público a la gente. Allí convergen distintas unidades: el SIAC (Sistema Integral de Atención Ciudadana), que hoy funciona con la mirada de transformar el reclamo en una oportunidad de mejora y una herramienta de gestión; la Editorial de la JUNJI y vamos a poner una biblioteca central que complementa el área de documentación. Allí se convoca, además, el Consejo de la Sociedad Civil y se hacen los coloquios de educación parvularia.

¿La Editorial publica sólo libros propios o también externos?

Quisimos aportar de lleno a la calidad educativa y, como parte de eso, entramos al mundo editorial. Además de libros propios, estamos abiertos a recibir y evaluar proyectos externos. Así fue como llegó “Penas que abrigan”. Marion Acuña (autora del libro) tenía este proyecto, lo evaluamos con el equipo técnico y sus fortalezas para nosotros eran importantes. De alguna manera, era una manera de hacer reforma dentro de los típicos libros orientados a niños y niñas.

En este caso, el proyecto inicialmente era mucho más caro porque el croquelado de las láminas que se proyectan con la luz había prácticamente que mandarlo a hacer a China, aquí no existía esa posibilidad, menos si pensábamos en un tiraje de 3.000 ejemplares. Tuvimos que buscar la fórmula para hacerlo de un modo más económico sin que perdiera calidad.

Así como ése, hemos recibido otras propuestas que ahora estamos evaluando.

¿Qué tipo de libros están publicando?

La gama es bien amplia porque hay algunos más documentales como “Los niños del 70” y otros como “Del Buen Salvaje al Ciudadano”, donde personas de distintos ámbitos se refieren al concepto de niño. En este último, el gran paragua es la educación y abordamos cómo repensarla, se alude a un concepto que ha sido muy usado y a veces interpretado de distintas maneras que es desescolarizar la escuela. Creo que la nueva educación pública apunta precisamente a que los años de escolaridad sean en una escuela que educa y no que escolariza.

Entonces, la invitación es a volver a revisar: cuando nosotros estamos hablando de un niño, ¿cómo lo estamos definiendo? Depende de cómo yo los defino, como actúo con ellos después. ¿Creo que son personas, que traen una historia y un conocimiento previo? o ¿creo que están vacíos y en la escuela tengo que enseñarles todo? Ese libro aborda ese tema.

Ese libro, ¿realza el rol educativo de la JUNJI en términos que lo que significa realmente educar?

Exacto, en términos de cómo definimos a ese niño como sujeto. A partir de esa definición de niño como sujeto que tiene una familia, una cultura y un entorno, tengo que pensar cómo definimos una educación para él.

Volviendo a “Penas que abrigan”, en pocas palabras, ¿qué es lo más rescatable de esta obra?

Acerca a la naturaleza más genuina de las personas, invita a entrar un poco más allá de lo aparente.

Tal como señalé en la introducción del libro:

“Las penas, como las sombras, muchas veces no se ven. Probablemente las primeras están tan adentro que lleva tiempo reconocerlas para ordenarlas como madejas de lana. Las sombras, por su parte, si bien están ocultas, basta que las iluminemos y abramos nuestros ojos para darnos cuenta de que están ahí, que siempre han estado ahí, y que pueden ser fuente de cuentos e historias: sólo falta advertir que cada uno es la luz que se necesita para develarlas.

“Penas que abrigan” es una invitación a los pequeños a apagar la luz del interruptor y encender la de la imaginación y del asombro para que, acompañados por sus papás o educadores, conozcan la historia de Valentín y le den un sentido propio. Así notarán que la oscuridad más negra puede dar luces que reconforten el alma y abriguen el corazón”.

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