Zona pedagógica

Cómo potenciar el éxito de “todos” los alumnos

20/04/21 por reveduc

Un modelo llamado “diferenciación”, que significa que el docente debe hacer el mejor esfuerzo para identificar a los estudiantes de su clase, en vez de considerar a la clase como un todo, es el expuesto por Carol Ann Tomlinson, docente en la Escuela de Educación de la Universidad de Virginia, EE.UU., en una reciente charla online organizada por el CPEIP del Ministerio de Educación y la Fundación Educacional Seminarium.

“Hoy, Emma, una estudiante de inglés, tiene problemas para entender una palabra de un texto y se siente frustrada. Su compañera de equipo, Lily, se da cuenta de que Emma está empantanada e intenta ayudarla. Sin embargo, Lily sabe que no debe darle la respuesta a Emma, ya que eso no la ayudaría a aprender. Entonces Lily, le hace una secuencia de preguntas de sondeo a Emma, esperando en silencio su respuesta después de cada una. Otros miembros del equipo también agregan comentarios útiles, incluido un recordatorio para dar pistas de contexto que podrían ayudarla a entender la palabra. La Sra. Bellamy (la profesora) observa el intercambio desde la distancia, complacida de ver que la lucha productiva de Emma al final profundiza su aprendizaje, ya que no solo descubre el significado de la palabra en su texto, sino que también se da cuenta de que ha tenido éxito en un desafío que parecía inalcanzable hace un par de minutos atrás”.

Esta estrategia, propuesta por la docente Carol Ann Tomlinson -quien además el jueves 13 de mayo próximo expondrá en el “VI Seminario de Inclusión: La igualdad de las oportunidades educativas como base”, organizado por Fundación Educacional Seminarium y que se impartirá en modalidad onlineimplica enseñar a los estudiantes cómo deben explicar un contenido a otro compañero/a que no lo entendió bien, dándole pistas para que realmente piense y aprenda. Y está encaminada a crear una comunidad de respeto y colaboración, necesaria para que “todos” los alumnos y alumnas tengan éxito.

Pero obviamente no basta solo con la estrategia descrita. Para responder a las necesidades de “todos” los estudiantes de un curso, el docente debe conocerlos lo mejor posible y saber acerca de sus habilidades, sus sueños y las dificultades que viven en el día a día. Y es aquí donde la experta pone el acento en un modelo llamado “diferenciación” o “instrucción diferenciada”, que significa “intentar hacer nuestro mejor esfuerzo para identificar a los individuos en una clase, en vez de considerar a la clase como un todo”.

Conferencia completa de Carol Ann Tomlinson, en charla online organizada por el CPEIP del Ministerio de Educación y la Fundación Educacional Seminarium, en el siguiente video:

LA DIFERENCIACIÓN, UN DESAFÍO POSIBLE

“Muchos de nosotros tenemos estudiantes que luchan un poco por el aprendizaje, que vienen con problemas por falta de ingresos familiares, porque no cuentan con alguien que los apoye en su casa o porque tienen dificultades emocionales o traumas. Aun así, a pesar de todas estas diferencias que vemos y que impactan en la calidad del aprendizaje, tendemos a enseñarles a todos como si fueran similares cuando no lo son. Y lo que sabemos desde la psicología, desde la investigación cerebral, es que las clases no aprenden, son los individuos, así que nuestro desafío es poder enseñarles cada vez más de forma individual”, explicó la docente.

Obviamente eso exige esfuerzo, destacó, pues requiere conocer las habilidades, sueños y dificultades que ellos viven en el día a día. “Recuerdo a Golden, que a los 15 años estaba en 7° básico, y no conocía el alfabeto, no sabía leer. A Geoff, que estaba en el mismo curso de Golden, y un día me pidió que lo disculpara de las sesiones de clase ‘no importantes’ para poder estudiar las teorías actuales de extinción de los dinosaurios. Y los profesores tienen que decir que todas las clases son importantes, pero la verdad es que Geoff estaba utilizando las habilidades que yo quería que utilizara y también su cerebro y su pasión por el aprendizaje. Y, sin duda, necesitaba algo muy distinto que Golden (…) Todos los estudiantes me necesitaban. ¿Es posible que yo pueda saber todo de estos niños todos los días? Por supuesto que no. Pero mientras más lo intentaba, iba teniendo una percepción más adecuada del curso, más atenta a las necesidades de cada uno de los alumnos”.

En ese contexto, agregó, siempre es útil pedir a los alumnos/as que contesten una encuesta simple, con preguntas como las siguientes:

Algo positivo que dice la gente de mí es: ______

Cuando me siento bien en la escuela probablemente sea porque ______

Un sueño que tengo para mí es ______

Una cosa en la que me gusta pasar el tiempo: ______

Algo que captura mi imaginación: ______

Lo mejor de mi familia es: ______

Mi fortaleza como aprendiz es: ______

Lo que puedo aportar al aula es: ______

Una cosa que desearía que la gente supiera sobre mí: ______

Estoy orgulloso de: ______

Este tipo de cuestionario lo aplicó un profesor con su curso y tiene la ventaja de que puede ser utilizado por cualquier docente, incluso se puede modificar, señaló Carol Ann Tomlinson. Pero es solo el comienzo de la tarea de averiguar a quiénes les hacemos clase y cómo es su realidad cotidiana.  

EN SÍNTESIS, LOS PRINCIPALES CAMBIOS QUE EXIGE LA DIFERENCIACIÓN SON:

Pide a los profesores enseñarle a “cada” estudiante, no solo a “los” estudiantes o al grupo. Y para que esa tarea resulte fructífera, es necesario estar muy en sintonía con la realidad que vive cada uno de ellos.

Pide a los profesores crear comunidades de respeto y colaboración. Y una estrategia útil en esa línea es formar equipos de alumnos/as que fomenten el aprendizaje entre ellos.

Pide a los profesores evaluar más a menudo a sus alumnos/as para así enseñarles mejor y apoyarlos en su aprendizaje. Esto demanda no solo hacer evaluaciones formativas, sino también aprovechar esas instancias para dialogar con los estudiantes, haciéndoles preguntas como las siguientes: “Veamos qué hiciste bien”, “¿cómo supiste hacer esto?”, “¿cuál es el próximo paso?”, “¿haces preguntas cuando no entiendes algo y estás frustrado?”, “¿cómo crees que podrías salir de una situación en que estás atascado si te sientes frustrado?”

Los “equipos de corrección de pruebas” son otra excelente estrategia en esta línea. Consiste básicamente en formar grupos reducidos de alumnos –cada uno de ellos compuesto por al menos cuatro estudiantes, donde uno de ellos haya mostrado dominio en la rendición de la prueba-, para que revisen sus pruebas en base a una rúbrica, discutan en conjunto los problemas que se plantearon y finalmente descifren qué hicieron mal y qué les faltó hacer para dar con la respuesta correcta. De esta forma, el docente los motiva a pensar, reflexionar y analizar su propio desempeño como estudiantes.

Pide a los profesores que enseñen de la forma en que los estudiantes aprenden. Esto a veces es muy difícil. “Hay una visión tradicional de la enseñanza con el profesor al mando y los estudiantes observando, donde el profesor parece pensar que la gestión o administración de una sala de clases es el control, que la enseñanza es una narración, que la instrucción es una práctica o ejercicio, y que la evaluación es juzgar a los estudiantes. Y el rol de los estudiantes en ese escenario es cumplir, prestar atención y retener (recordar estas cosas y devolverlas en una prueba). Es cierto que algunos niños hacen esto muy bien, pero si vemos la totalidad del grupo al que le enseñamos, muchos de ellos no. Y lo que nos pide la diferenciación es que el profesor y el estudiante funcionen como un equipo que trabaja juntos, no como el profesor arriba y el estudiante abajo”, señaló Tomlinson.

Pide a los profesores y estudiantes que creen aulas con “carreteras” y “rampas de salida”. “Las clases tienen que ser como carreteras donde los alumnos/as puedan moverse y desde las cuales tengan oportunidades de salir, es decir, tiempo para hacer alguna actividad o para mejorar en algo”, agregó. Algunas actividades propias de las aulas con “carreteras”, donde los alumnos necesitan estar unidos como clase, serían: presentar nuevas ideas y temas para trabajarlos en conjunto; realizar una minilectura entre todos; reflexionar sobre una lección, por ejemplo, hacer un plenario para ver qué preguntas hay y qué se puede hacer mejor el día de mañana; discutir sobre grandes ideas y problemas; entre otras. Mientras que “las rampas de salida” se refieren a otro tipo de actividades, como: apoyar a grupos pequeños de alumnos a quienes les falta más contexto para entender lo que deben hacer; fomentar prácticas individuales a la medida de cada estudiante y también trabajos en grupos reducidos; y conversar con cada uno de los alumnos para resolver sus inquietudes.

“Al final la diferenciación nos pide que maximicemos nuestra capacidad como profesores”, concluye la experta.

Inscripciones al “VI Seminario de Inclusión: La igualdad de las oportunidades educativas como base”: aquí.

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