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¿CÓMO INFLUYEN LAS EMOCIONES EN EL PROCESO DEL APRENDIZAJE?

12/06/18 por consuelo.agusti

Durante el V Congreso de Educación, organizado por Seminarium Certificación, destacó la excelente presentación del doctor en biología Humberto Maturana, quien habló sobre los intereses y las emociones de los alumnos de hoy.

El filósofo de 89 años y Premio Nacional de Ciencias 1994, cofundador con Ximena Dávila, de la Matriztica y profesor titular del departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, dictó una charla sobre las implicancias de las emociones ligadas al aprendizaje en los escolares de este tiempo, junto a los psicólogos españoles César Coll y Carles Monereo.

Durante el congreso, el investigador chileno ahondó sobre lo fundamental que son las emociones en la vida humana, porque según él, estas determinan el espacio en el cual cada uno reacciona de una determinada, es decir, nos guían y define nuestro actuar ante los variados cursos de la vida; “Muchas veces se dice que los seres humanos somos racionales, pero yo creo que en realidad somos seres emocionales, que podemos recapacitar para escoger lo que podemos hacer en distintas circunstancias de la vida”, comenta.

Un ejemplo de aquello le ocurrió a él con un alumno de medicina que le preguntó: “Usted dice que los seres vivos comenzaron hace 3.800 millones de años, ¿qué certeza tiene que los seres vivos comenzaron en ese momento?”.

El doctor en biología comentó que celebró esa pregunta, porque más allá de lo que su estudiante preguntó, el curso entero reflexionó ante aquella interrogante. Momento trascendental para el investigador, ya que él cree que el verdadero fundamento de nuestro vivir tiene que ver con escucharse y reflexionar. “De modo que me dediqué a ver que se decía en ese momento en el ámbito biológico sobre los seres vivos para elaborar una pregunta”, señaló.

LA ENSEÑANZA Y LAS TECNOLOGÍAS

Humberto Maturana define el enseñar como un aspecto que guía la atención hacia cosas que a otro le parecen importantes. Sin embargo, la incipiente aparición de la tecnología en la sociedad, según el investigador, ha traído grandes modificaciones en el espacio de convivencia dentro de la familia, porque el ser humano se ha vuelto dependiente de ella, olvidando por completo el convivir con su entorno.

Pone énfasis en que los adultos deben tener atención en los intereses de los niños, sobre todo durante los primeros 7 años, porque en esa etapa comenzamos a tener uso de la razón. “En este período las personas son como los pies y los zapatos. ¿Han oído escuchar ese dicho que dice, nada más cómodo que un zapato viejo?, esto tiene relación con que las personas se van transformando con la convivencia, con la educación, el entorno,” señala.

La información adquirida a lo largo de la vida debe ser incorporada y reflexionada con las personas porque, si un niño le pregunta a su padre algo que le inquieta, y éste le contesta: “Después te explico, no tengo tiempo”, no es bueno para el menor. La respuesta debiera ser, “te voy a explicar, pero no en este instante, en un momento más te lo explico”.

A esta situación Maturana agrega, “En edades tempranas el niño va aprendiendo acerca del mundo a través de los mayores que componen su entorno. Por eso es tan trascendental que esos adultos se den a respetar y que los ayuden a ser creativos. En estos tiempos el celular los separa del encuentro padre e hijo, en ese aspecto es negativo”.

El investigador pone mucho énfasis en la atención desde niños, porque si en las familias no se escuchan, no se presta atención a los niños y no se toman en cuenta las emociones, estamos tomando un camino equivocado, ya que son los niños los que van transformándose con los adultos: “Si no somos capaces de escuchar a los niños no van a estar capacitados de hacerlo de forma diaria”, advierte.

Frente a esta realidad, el vínculo paterno con los hijos produce respeto mutuo. “Hay un libro que escribí junto a Francisco Varela llamado “El árbol del conocimiento”. En él hablamos del “conocer”, como algo que se asigna a otro cuando acepta lo que el otro hace: “¿Tú sabes, tienes conocimiento?”, pero en la relación eso no es todo, tiene que haber reflexión. Si no lo merece, digo que no ha establecido un vínculo, porque no estoy encadenado, no lo controlo”, explica.

Por lo tanto, el desafío lo tienen las familias, la comunidad educativa y también los docentes en general. Y esto Maturana lo entiende muy bien, él reflexiona acerca de cómo interesar a estos jóvenes tremendamente inmersos en la tecnología.

“No sirve estar delante de un curso para ejercer un sistema autoritario del siglo XIX, hoy hay que invitar a los niños y jóvenes a recapacitar y luego accionar, porque el estudiante no gana nada al buscar la información en internet, el maestro es quien tiene la responsabilidad de enseñarle qué hacer con esa información, eso debe producir frente a sus alumnos”.

Y concluye destacando que todos los seres humanos, hombres y mujeres, somos igualmente inteligentes, a menos que tengamos una historia de traumatismo que haya dañado nuestro sistema nervioso.

“Todas las personas somos igualmente inteligentes, con distintas historias, distintos gustos, distintas teorías, distintas preferencias, pero no hay diferencia, nos movemos en este maravilloso sistema de coordinaciones conductuales y consensuales, en la consensualidad del lenguaje y la recursividad, que hace que esto sea gigantesco, así es que los problemas humanos no son de la inteligencia sino que son de las emociones, conflictos de deseos, conflictos de propósitos, conflictos de intenciones”.

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