Cultura

ARCHIVO PATRIMONIAL DE LA USACH: Un acercamiento a la memoria de Chile

22/06/17 por reveduc

 

La historia de la Universidad de Santiago y, de alguna manera, del país, está contenida en las más de 170 mil fotografías, 728 filmes, 200 U-matic y 91 metros lineales de texto que contiene este Archivo, en permanente actualización. Revista de Educación conversó con su director Andrés Zuñiga y la coordinadora Alejandra Pinto para conocer los alcances y perspectivas de esta acción patrimonial.

Reportaje completo que incluye fotos del Archivo Patrimonial de la USACH, en: Revista de Educación Nº 379.

Pocos saben que la Escuela de Artes y Oficios se fundó en 1849, en el gobierno del Presidente Manuel Bulnes, con el fin de impulsar la formación de trabajadores para la incipiente industria nacional enseñando cuatro oficios: carpintería, herrería, fundición y mecánica. Hay varias fotografías que nos trasladan a esa época y en una de ellas se puede observar a jóvenes reparando locomotoras, mientras un hombre de sombrero de copa se ubica al centro junto con otros caballeros. Es Rafael Puelma, director de la Escuela de Artes y Oficios entre 1898 y 1913.

Imagen que forma parte del álbum fotográfico “Vistas de la Escuela de Artes y Oficios”, de Máximo Dorlhiac. Fuente: Archivo Patrimonial de la Universidad de Santiago de Chile.

Material como ése forma parte del Archivo Patrimonial de la Universidad de Santiago de Chile, que nació oficialmente en 2009 con la misión de custodiar, conservar y poner en valor el patrimonio material e inmaterial de esta casa de estudios.

En el caso de la imagen aludida, su autor es Máximo Dorlhiac, un ingeniero civil francés, discípulo de Eiffel, que llegó a Chile a fines del siglo XIX contratado por el gobierno para ocuparse de la construcción de los ferrocarriles. Entre 1897 y 1906 se desempeñó como profesor de la Escuela de Artes y Oficios en los cursos de mecánica aplicada y resistencia de materiales. Y esa fotografía la incluyó en su álbum “Vistas de la Escuela de Artes y Oficios”, que regaló al Presidente de la República Germán Riesco luego de su visita a la Escuela en 1901.

Aquel álbum es parte del Archivo Fotográfico del Museo Histórico Nacional, mientras que las placas de vidrio de muchas de sus fotografías las conserva el Archivo Patrimonial de la Universidad de Santiago de Chile.

Más de 170 mil fotografías y 728 filmes

A través del portal web http://www.archivopatrimonial.usach.cl/ cualquier miembro de la comunidad ya puede tener acceso a parte de las más de 170 mil fotografías, 728 filmes, 200 U-matic y 91 metros lineales de texto de este Archivo. Una enorme cantidad de material que se explica porque aquí se reunieron tres fondos documentales que responden a las tres etapas de esa casa de estudios: Escuela de Artes y Oficios (EAO), Universidad Técnica del Estado (UTE) y Universidad de Santiago de Chile (USACH).

 

Fotografía: Equipo del Archivo Patrimonial de la USACH.

Revista de Educación conversó con su director Andrés Zuñiga y la coordinadora Alejandra Pinto para conocer los alcances y perspectivas de esta acción patrimonial.

¿Cómo surgió esta iniciativa? ¿En qué consiste?

Andrés Zuñiga (AZ): Este archivo en realidad no nace el 2007 cuando surge el Archivo Patrimonial ni en 2009, que es su fecha de nacimiento oficial. Tiene sus inicios mucho antes, junto con el comienzo de la universidad. Las primeras fotografías que custodiamos acá son del fotógrafo amateur Máximo Dorlhiac. Él era un ingeniero que llegó a Chile a trabajar en los ramales (vías ferroviarias) y se convirtió en profesor de la Escuela de Artes y Oficios.

Alejandra Pinto López (AP): En relación con esas fotografías (de Máximo Dorlhiac), lo que nosotros resguardamos son los negativos. Y el Museo Histórico resguarda el álbum. Son negativos en placas de vidrio, antiguos y valiosos.

¿Qué importancia tiene la EAO en la historia de la USACH?

Fuente: Archivo Patrimonial de la Universidad de Santiago de Chile.

AZ: La Escuela de Artes y Oficios marca el nacimiento de la Universidad de Santiago de Chile, que ahora cumple 168 años. Por casi un siglo tuvo ese nombre. La EAO respondía a las necesidades de una economía y una política estatal de ese momento, que apuntaba a profesionalizar el trabajo de artesanos y obreros. Las primeras fotos que nosotros encontramos son justamente las de Máximo Dorlhiac. Ése es el primer registro, el primer archivo propiamente tal, que da cuenta de la vida de esta universidad.

Desde ese instante la universidad partió con los registros de sus salas, de sus patios, de sus profesores. Esto se empezó a profesionalizar en los años 60, con la creación del Taller Gráfico de la Universidad Técnica del Estado, donde además de producir afiches comenzaron, en una forma muy primitiva si se quiere, a organizar el material que existía en sobres, con códigos o rótulos. Eso nosotros lo heredamos.

¿Cómo se ha logrado reunir todo ese material?

AZ: Después del Golpe de Estado, todos los profesionales que estaban en el Taller Gráfico fueron despedidos, exonerados, algunos se fueron al exilio. Y esta tarea de compilación quedó truncada.

En 2007 Catalina Jara (arquitecta de la Universidad de Santiago de Chile), que es la fundadora del Archivo, estaba haciendo su tesis de magíster en otra universidad (PUC) sobre la arquitectura de la UTE. Comenzó a pesquisar fotografías y no solo encontró las que estaba buscando sobre cómo se construyó ese campus, sino miles de otras, entre ellas las de Máximo Dorlhiac. A partir de ese momento se retoma la tarea de comenzar nuevamente a archivar todo esto.

Por eso, insisto, no podría decir que este Archivo Patrimonial nace el 2007. Hay una historia  detrás, mucha gente que tuvo la visión de conservar estas fotografías, de resguardarlas. No en las condiciones ideales, pero hay que considerar que muchas universidades sufrieron crisis importantes por lo que no tenían los recursos para invertir en almacenamiento o conservación. Desde el 2007 nosotros retomamos esa tarea.

Retrato grupal de estudiantes en uno de los patios de la Escuela de Artes y Oficios, 1901. Fuente: Archivo Patrimonial de la Universidad de Santiago de Chile.

¿Quién fue el primer director de este Archivo?

AZ: La primera directora fue justamente Catalina.

AP: Cuando ella encontró estas fotografías trabajaba en la vicerrectoría académica. Se decidió institucionalizar el archivo y postularon a una serie de proyectos Fondart para financiar la conservación del material y publicaciones que se pudieran hacer a partir de eso. El primer Fondart adjudicado fue el 2010. Es así como ese año entra a trabajar a la universidad un equipo de conservación y restauración de material fotográfico. Catalina Jara y Álvaro Gueny (licenciado en Arte) en una primera instancia hicieron un par de exposiciones con estas imágenes, las mostraron, pero en un circuito cerrado, en la universidad.

¿Cómo se fue adquiriendo nuevo material?

AP: Primero se hallaron 27.000 imágenes en distintos formatos y soportes, positivos y negativos.

AZ: Ése fue el primer hallazgo.

AP: Luego, el Departamento de Comunicaciones hizo un traspaso del material análogo que resguardaban, que correspondía al período del 73 en adelante. Entonces de un volumen de 27.000 pasamos a 170.000 imágenes. Además, desde que partió la conservación el 2010 a la fecha, ex funcionarios y otros departamentos han hecho donaciones, de menor volumen pero no por eso menos importantes, sino todo lo contrario. Se ha acercado con material gente que trabajó en el Taller Gráfico y personas que participaron del Teatro Teknos, que era un elenco artístico de la universidad.

De esas 170.000 fotografías, ¿cuántas están actualmente disponibles en el sitio web?

AZ: El sitio web es un repositorio de este material, una tarea de largo aliento. Desde que nació el Archivo, se pensó en una extensión a través de los medios digitales, pero pasando por distintas etapas. Actualmente, hay entre 2000 y 2500 archivos, entre fotografías, videos y textos, disponibles. Pero éste no es el límite al que queremos llegar, la meta es tenerlo todo arriba.

Nosotros resguardamos más de 170 mil fotografías, cerca de 1.000 películas en distintos formatos y 91 metros lineales de documentos textuales.

Fuente: Archivo Patrimonial de la Universidad de Santiago de Chile..

¿Cómo están trabajando actualmente para conservar y difundir ese material?

AZ: Desde distintos frentes. La digitalización de fotografías y conservación se hace acá, en nuestras oficinas, porque tenemos los equipos necesarios. En cambio, en cine no contamos con los equipos profesionales que se necesitan para eso, y por ello tenemos convenios de colaboración con otras instituciones como la Cineteca Nacional, que nos ha ayudado a rescatar algunos materiales. En el caso de los archivos textuales, hemos externalizado esa tarea a empresas que se dedican al rubro de la digitalización porque son documentos muy delicados, el más antiguo data de 1846.

Nuestra meta original era partir con 1.000 documentos. Lo logramos. Ahora el objetivo es que cada documento que se digitalice, se documente y se suba al sitio web. Hoy tenemos 2.500 archivos arriba y la próxima semana subiremos 300 más y así. Queremos que en algún momento el repositorio resguarde todo el Archivo. Es una meta ambiciosa porque, como decía Alejandra, nos siguen llegando cosas.

¿Qué encontramos en este archivo: la historia de la universidad solamente o también un período de la historia de Chile?

AZ: Dado que esta universidad tiene más de 160 años, el Archivo Patrimonial ciertamente habla del último siglo y medio del país.

Es importante recordar que esta universidad nace como un proyecto público, estatal. Primero tuvo lugar la Escuela de Artes y Oficios que mencioné al principio, pues la modernización del Estado en ese momento potenciaba distintos oficios. Parte de los requisitos para entrar a la EAO era que fueran justamente hijos de obreros y artesanos y que una vez que se formaran como profesionales pudieran responder a la comunidad abriendo talleres y enseñando a otros. Ésa era la política. Entraban muy niños, desde los 13 ó 14 años.

Después, cuando surgió la UTE en 1947, Chile ya es otro país. El Estado tiene otras necesidades, básicamente industriales. Y en ese momento la universidad abre sedes y subsedes regionales que abarcaban prácticamente todo el país. Tenemos fotografías de Valdivia, Copiapó, La Serena, Punta Arenas, etc. Resguardamos el archivo educativo, político, estudiantil, social de Chile. Eso le da un valor muy importante a este Archivo.

Pese a ser un registro institucional, podemos decir que esta universidad al estar siempre vinculada a lo que el Estado quería para ella se relaciona completamente con la historia del país. Tenemos material fotográfico y audiovisual sobre visitas de Presidentes, de personalidades extranjeras, líderes de movimientos estudiantiles de distintas épocas, etc. Es un retrato general de lo que ha sucedido en el país en los últimos 160 años.

Fuente: Archivo Patrimonial de la Universidad de Santiago de Chile.

La UTE tuvo un rol significativo en el proyecto educacional industrial chileno desde la década de 1950 hasta 1981, ¿eso se ve reflejado en este Archivo?

AZ: Por supuesto. Y queda de manifiesto no sólo en las fotografías, sino en los documentos textuales, en la gran producción académica que hizo esta universidad. Porque muchas eminencias de distintas disciplinas escribieron en publicaciones que se repartían entre docentes y estudiantes, eso habla de la inquietud no sólo política sino también académica de esa casa de estudios.

¿Me podrían dar ejemplos de material único que se encuentra en este Archivo Patrimonial?

AP: En el contexto del descubrimiento de las fotografías que estaban un poco desaparecidas dentro de la universidad, se encontró una colección del fotógrafo chileno Antonio Quintana. Su viuda donó ese material a la universidad. Tenemos parte sustancial de esa colección, que está distribuida solo en tres instituciones: la Biblioteca Nacional, el Archivo Bello de la Universidad de Chile y la Universidad de Santiago (…) Desde hace un par de años estamos abocados a un proyecto de investigación en torno a su archivo fotográfico, cuyos productos finales esperamos concretar en 2017. Se trata de un libro que recoge ese trabajo y pone en valor el archivo fotográfico, además de tres exposiciones que montaremos en el Centro Cultural GAM, La Serena y Valdivia.

AZ: En términos audiovisuales, estamos prácticamente seguros que tenemos la única copia de “Pulpo- momios a la chilena”, una película de animación del director argentino Antonio Ottone. Tiene dibujos de Oski, que en Argentina es tan popular como Kino en Chile. Contábamos con una copia de proyección, pero estaba muy enrojecida. Hace muy poco rescatamos el negativo y los colores aparecieron. La verdad es que es un pequeño hito dentro del cine chileno, porque cine de animación en los 70 no hay mucho.

A través de sus ilustraciones estáticas se aborda la nacionalización de la banca cuando se estatizó por parte de la Unidad Popular. Eso refleja el compromiso político que esta universidad tenía para hacer documentales que instruyeran a la ciudadanía sobre lo que estaba pasando. Tanto es así que desde Argentina nos pidió esta película el hijo del director, quien nunca la había visto, con el propósito de conmemorar los 40 años del golpe de Estado de Chile. La exhibió en la televisión pública argentina, junto a “La batalla de Chile” que es el gran documento de la época.

En el sitio web se encuentra material en fondos documentales, colecciones y minisitios. ¿Qué diferencia hay?

AZ: El sitio web pone a disposición de los usuarios un buscador libre, que permite encontrar una foto, un video o un texto en algún fondo documental, pero no necesariamente con un contexto amplio de qué es lo que es, salvo la documentación.

En el caso de los minisitios no tienen que ver con ninguna norma archivística de clasificación, sino que corresponden a una forma de editorializar ciertos contenidos. El de Artes Escénicas, por ejemplo, reúne todas las fotografías, textos y videos que tienen que ver con ese tema, acompañado además de una investigación sobre la historia de las artes escénicas en la UTE. Ésa es la diferencia. Por un lado está el buscador para acceder a archivos individuales y por otro, los minisitios que son el resultado de investigaciones hechas sobre un tema a partir de algunos archivos.

En cambio, las colecciones son registros que no se refieren a la institución. Las fotografías de Antonio Quintana, por ejemplo, no son sobre la universidad, son sus trabajos personales, de arquitectura moderna, de naturaleza, distintos encargos que él desarrolló.

Este año se cumplen 70 años de la fundación de la UTE, que fue en 1947. A partir de ese hito decidimos tener listos este año 10 minisitios, considerando los tres que ya están publicados. Todos ellos se refieren exclusivamente a la UTE, probablemente después vendrán otros sobre la EAO y la USACH.

¿Todo el tiempo se incorpora material a los minisitios existentes?

AZ: Nos ocurre con muchas de las fotografías que tenemos, las subimos en el portal o en las redes sociales e inmediatamente se genera feedback, comentarios, con valiosa información. Porque como esta universidad es tan antigua y la UTE tuvo sedes a lo largo del país, la cantidad de egresados es gigantesca, están repartidos por Chile y el mundo. Entonces, la documentación es un proceso infinito. Además, recibimos la visita de ex funcionarios y ex autoridades, que ven las fotos y nos entregan nuevos datos, que nosotros incorporamos. No podríamos decir que son temas cerrados. Lo digital, lo que está arriba en la web, siempre está cambiando.

¿Cuánta gente trabaja para llevar a cabo esta tarea?

AP: En este momento somos 11 personas y estamos divididos por área. Con Andrés estamos a cargo de la dirección y administración. También tenemos el área audiovisual donde está Reinaldo Barrios; el área de Diseño con Macarena Castillo; el área de Documentación donde trabajan Belén Fernández, Mariela Llancaqueo y Ninoshka Piagneri; y el área de conservación con Ximena Medina y María José Julio, que son conservadoras y Sebastián Sánchez, que es digitalizador.

El área de Diseño está principalmente enfocada en la página web y algunas publicaciones que estamos desarrollando a través de distintos proyectos.

AZ: Porque sabemos que hay que estar en lo digital y ahí estamos. Pero no hemos abandonado la materialidad, seguimos editando libros, postales y otros materiales físicos, además de organizar exposiciones.

¿Puede existir material de los minisitios que no estén presentes en un fondo documental?

AZ: No, salvo que sean colecciones como la de Antonio Quintana. Si el minisitio está asociado a la universidad va a estar sí o sí en alguno de esos fondos.

¿Cuáles son las metas a corto y mediano plazo del Archivo Patrimonial? ¿Qué se proyecta para este año y a futuro?

AZ: Este año queremos rendir un homenaje, un buen homenaje, a la UTE por la conmemoración de sus 70 años, con una exposición fotográfica itinerante por Chile. Vamos a devolver, en sentido simbólico, fotografías a las sedes regionales de la Universidad Técnica del Estado que hoy tienen otro nombre: Universidad de la Frontera, Universidad de Atacama, etc. Vamos a llevar su historia en 10 fotografías, en una exposición que será inaugurada en estas ex sedes.

¿Se les va a dejar ese material?

AZ: Sí. Es una exposición que ellos van a poder tener ahí permanente.

Además, editaremos un libro que conmemora los 70 años de la UTE. Y, por otro lado, ya comenzamos a trabajar en un proyecto que consiste en rescatar el trabajo de la dramaturga chilena Isidora Aguirre, que estuvo ligado a la Universidad Técnica del Estado en algún momento. Ella fue funcionaria de la universidad y trabajó aquí el teatro experimental, muy comprometido políticamente. Vamos a rescatar eso mediante un minisitio, pero más grande.

AP: Este año también vamos a editar una publicación asociada a la investigación que hicimos sobre Antonio Quintana y efectuaremos las tres exposiciones a las que me referí anteriormente. Por lo tanto, el 2017 tendremos un total de 2 publicaciones y 13 exposiciones.

AZ: Nuestra visión a mediano plazo es posicionarnos como un archivo relevante no solo a nivel nacional, sino latinoamericano. En este momento los archivos están teniendo como un segundo aire desde distintas disciplinas, no solamente desde la historia y las ciencias sociales están interesados, también desde el mundo artístico que busca crear obras a partir de ellos. Y ahí nosotros hemos trabajado distintas propuestas, que afortunadamente han tenido buena acogida.

No somos un archivo que se tome de modo literal el término custodiar, guardar. No restringuimos su acceso, sino que lo que queremos es mostrarlos para que se ocupen. Las fotografías no tienen marca de agua, se pueden bajar en una excelente resolución. Cuando recibimos solicitudes de archivos, generalmente decimos que sí, porque son proyectos que nos interesan y en el fondo no solamente ponemos a disposición los archivos, sino que fomentamos que se cree nuevo material a partir de ellos. Ésa es una posición que si bien en otras partes se ha trabajado desde hace mucho tiempo, acá en Chile cuesta un poco. Y a nivel latinoamericano nos hemos dado cuenta que es un tema candente.

Documentalistas de Hungría, España y otros países están fascinados de trabajar con nosotros en forma de colaboración. Por ejemplo, nosotros les facilitamos un minuto de video de nuestro archivo y ellos saben que eso vale dinero, porque en otras partes les han cobrado. Entonces, por ejemplo, nos entregan discos duros o se hacen cargo de digitalizar una película.

¿A qué público está dirigido el Archivo Patrimonial?

AZ: Hay un público objetivo inmediato, que es la comunidad universitaria, que en este momento es de 23 mil personas. Pero a eso agregaría los egresados, que son muy importantes para nosotros. Porque al final estos archivos los retratan a ellos, entonces siempre han estado interesados en lo que hacemos.

Por otro lado, hay un público que tiene que ver con la academia, investigadores de diversas universidades y países porque, como dije, nuestros archivos si bien hablan de la historia de esta casa de estudios (USACH), también hablan sobre el país, el contexto chileno y latinoamericano.

Y además contamos con un público más ligado a las artes visuales, sobre todo cineastas y artistas de un corte más experimental, que trabajan con las imágenes desde otra óptica.

Entonces, es un público variado que es necesario conocer más, en profundidad, y ésa es una de nuestras metas este año. Los usuarios de redes sociales son muy distintos a los académicos que nos envían solicitudes formales y nosotros queremos estar con todos.

¿Cuál es su opinión acerca de la conservación patrimonial en Chile?

AZ: Difícil pregunta. Nosotros tenemos la particularidad de que nuestros materiales son multiformato, a diferencia de otras universidades que tienen un archivo fotográfico, otro audiovisual, etc. Los profesionales de nuestro equipo se contrataron con la especificidad que se requiere para su trabajo, pero entre todos hemos tenido que aprender cómo llevar un Archivo. Alejandra (Pinto) entró como conservadora y hoy día está de coordinadora y administra la parte financiera de los proyectos. Por supuesto, hay que respetar los procesos de conservación y archivística, ésa es una parte importante del Archivo, pero también lo es saber cómo administrarlo, cómo manejarlo y cómo difundirlo. No podemos quedarnos en la discusión bizantina sobre qué papel usamos, sin pasar a la siguiente etapa: qué hacemos con esa foto, dónde la subimos, qué investigación efectuamos a partir de ella.

Lo que está haciendo actualmente el Museo Histórico Nacional con su nuevo director es fantástico, están tomando sus colecciones, sacándoles el polvo y resignificándolas con otras lecturas. La exposición que hicieron sobre los guachos básicamente consistió en tomar esa iconografía de la historia chilena y darle un nuevo significado. Para allá tiene que ir el tema del patrimonio, resignificándolo y haciéndolo más accesible a la comunidad.

¿En Chile falta conciencia sobre la importancia de la conservación patrimonial?

AP: No muchas personas están conscientes de cuánto cuesta la conservación y cuán importante es. Algunas personas resguardan en sus propias casas colecciones fotográficas o audiovisuales y no tienen ninguna precaución al respecto. Y ese material después nos va a ir contando la historia. Lo importante es que no solo se tome conciencia de cuáles son las precauciones o las metodologías de conservación, sino de la importancia de difundirlo.

AZ: Es complejo, todos los años tenemos que concursar para obtener fondos y así financiar proyectos de conservación del patrimonio. Ya ponerlo en un concurso es un poco siniestro, porque son pocas las instituciones que trabajan en esto y al final, competimos entre nosotros. Entonces, sí, encuentro que hay un abandono en la toma de conciencia, pero a nivel práctico. Porque en lo teórico todos estamos muy conscientes de que el patrimonio es importante, sobre todo luego de la discusión que vino después del Bicentenario y que coincidió con la inauguración de nuevas instituciones para resguardar el patrimonio, esa discusión está más que instalada. El tema es que en la práctica hacer trabajos de conservación es caro, requiere de profesionales muy especializados. Desde ese sentido, se echa de menos un aporte más directo.

Pero prefiero quedarme con lo positivo. Hemos ido a muchos seminarios de archivos y las primeras dos horas se conversa de los problemas, de la falta de plata. Pero también vemos que hay instituciones que han logrado instalar el tema y que están haciendo trabajos fantásticos. Destaco a la Cineteca Nacional, que comprendió rápidamente que no sacaba nada con resguardar las películas y exhibirlas en una sala, hoy en día tienen un repositorio digital donde se pueden ver prácticamente todas sus colecciones y en excelente calidad. La Universidad de Chile hizo lo suyo y ya cuentan con más de 500 películas online. Son iniciativas más bien particulares, de gente muy entusiasta, pero que las instituciones han abrazado y han dejado que funcionen.

¿Por qué el patrimonio es un aporte? ¿Y qué es lo más valioso que rescatas de este Archivo?

AZ: El patrimonio es importante no por lo que defina una institución o lo que diga una definición formal, sino en la medida que lo valide la comunidad. Cuando un edificio, una foto o una película significa algo para ellos, no necesita la denominación de patrimonio oficial para que sea importante porque la misma comunidad lo protege.

El material del Archivo Patrimonial de la USACH es relevante porque relata una historia, una vida institucional, y retrata personajes famosos. Pero quienes realmente le dan el rótulo de patrimonio, es decir, le asignan valor y estiman que debe conservarse para siempre, es la comunidad.

Afortunadamente al tener nosotros esta lógica de compartir los archivos, de hacer diálogo con ellos, de producir nuevas obras, nos hemos dado cuenta que éstos son valorados por la comunidad. Porque la fotografía puede estar desenfocada o con un dedo encima, mal resuelta técnicamente, pero de repente alguien dice: “Aquí aparece tal cosa o tal otra” o “es el único retrato de tal persona”. Y comienzan a rescatarla, a crear un relato a partir de ahí. Y eso no lo hacemos necesariamente nosotros. Somos obreros, trabajadores, que estamos poniendo ese material a disposición y es la comunidad la que empieza a valorarlo.

La primera vez que exhibimos películas institucionales en la universidad, documentales de los 70, eran muy expositivos, uno podría cuestionar su valor cinematográfico. Pero la comunidad se vio reflejada en ellos. Entonces se armaron debates, discusiones y las películas cobraron otro significado. Y ahí está el real concepto de patrimonio. Lo que pueden hacer las autoridades o especialistas es sugerir, pero los que le dan significado son los otros.

Respecto del material que subimos al sitio web, tenemos un link de contacto y muchas fotografías son replicadas a través de Facebook y Twitter. Nos han contactado personas para darnos información sobre nombres de sujetos que están en una imagen y que de otro modo no hubiésemos podido saber. Así, hemos enriquecido nuestro conocimiento respecto al material que tenemos y, al mismo tiempo, hemos comprendido las formas de trabajo que se daban en el pasado en la universidad. Eso nos ha inspirado para tener ese nivel de compañerismo y de creación colectiva que existía antes en instituciones del Estado y que hoy día con la división en los trabajos, con toda la especificidad, se ha perdido.

Es muy gratificante para nosotros cuando gente del antiguo Taller Gráfico o de la Secretaría de Extensión y Comunicaciones de la UTE, nos dicen: “Ustedes son la continuación de nosotros. Después de más de 40 años, podemos decir que tomaron la posta”. Eso para nosotros es el mayor halago que existe. Por eso no podría decir que este Archivo nació el 2007, sino mucho antes, gracias al trabajo de todas estas personas.

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