Historia

Amanda Labarca: EDUCADORA, FEMINISTA Y EMBAJADORA CHILENA

12/04/16 por reveduc

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Primera mujer en ser profesora titular de una universidad y una luchadora incansable por el sufragio femenino, Amanda Labarca ha realizado una nueva conquista. La calle céntrica Almirante Gotuzzo –continuación de Valentín Letelier, en pleno Barrio Cívico y a metros del Palacio de La Moneda-, desde el 7 de marzo lleva su nombre gracias a una iniciativa del Ministerio de Educación.

“Yo quería ser médico, pese a que lo que más me gustaba era la historia. Alcancé a llegar hasta la puerta del antiguo edificio de la Escuela de Medicina. Me encontré tan chica, joven, niña aún, que pedí a mi padre que me matriculara en el Instituto Pedagógico (de la Universidad de Chile) hasta cumplir los 16 años”.

Con estas palabras, publicadas en “El Mercurio” en febrero de 1969, Amanda Pinto Sepúlveda, más tarde conocida como Amanda Labarca Huberstone, recuerda sus inicios en la pedagogía. Una época en la cual recién aparecían las primeras mujeres profesionales, a pesar de que ya habían pasado más de 25 años desde que se dictó el Decreto Amunátegui, que señalaba que “que las mujeres deben ser admitidas a rendir exámenes para obtener títulos profesionales con tal que ellas se sometan a las mismas disposiciones a que están sujetos los hombres”.

En el Instituto Pedagógico –ubicado en la esquina de calle Cumming con Alameda- se relacionó muy bien con la gente. En Castellano, eran seis alumnos, de los cuales sólo tres eran mujeres. En los otros cursos, el número de alumnas era más bajo, nunca más de dos.

“De las compañeras de época, recuerdo a Isaura Dinator de Guzmán, luego directora del Liceo de Aplicación de Niñas, y a Hayra Guerrero de Sommerville, directora del Liceo 3 de Niñas, ambas de cursos superiores. Del mío, recuerdo a Rosa Araneda, que fue directora de liceos del sur (…) Entre los profesores, los que más me impresionaron, están Rodolfo Lenz, de lingüística y Enrique Nercasseaux y Morán, hispanófilo eminente en literatura”, declaró a “El Mercurio”.

Pero su primer año de estudios fue complicado. Tal como señaló en esa misma publicación, le molestaba demasiado tener que ir acompañada por una “carabina” o dama de compañía. Por esa razón, al año siguiente protagonizó una rebelión familiar y anunció que no aceptaría se la enviase acompañada a la universidad. Logró su objetivo.

 

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Foto: Gentileza Museo de la Educación Gabriela Mistral

Inicio de su carrera docente

A pesar de no haber sido una alumna brillante en el colegio –estudió en un establecimiento de la calle San Isidro; luego en el Colegio Americano y finalmente en el Liceo de Isabel Le Brun de Pinochet-, la pedagogía era lo suyo. Desde muy niña devoraba cuánto libro cayera en sus manos, afición que sin duda influyó a la hora de elegir una profesión: Pedagogía en Castellano.

Cuando cursaba el tercer y último año de esa carrera, comenzó a trabajar en el Santiago College, donde –según “El Mercurio”- se la conoció como “Miss Pintito”, ya que Pinto era su verdadero apellido, y Labarca el de su esposo, con quien se casó en esta misma época. El posterior cambio de apellido, relató ella misma a ese diario, estuvo influenciado por las norteamericanas que conoció en el Santiago College quienes no conservaban su apellido de soltera.

En diciembre de 1905 obtuvo su título y a partir de ese momento, su carrera avanzó meteóricamente. Entre 1906 y 1909 se desempeñó como subdirectora de la Escuela Normal No. 3 de Niñas en Santiago. Y en 1909, hizo clases de Castellano en el Liceo Nº 2 de Niñas de Santiago, año en el que participó, junto a otros educadores, en la fundación de la Sociedad Nacional de Profesores.

En 1910, viajó con su marido a Estados Unidos y estudió en Nueva York, en el Teachers College de la Universidad de Columbia, donde entre sus profesores se encontraba John Dewey, quien ejerció gran influencia sobre su posterior práctica político-educativa. En 1912 viajó a Francia y allí también continuó especializándose, ahora en París, en la Universidad de La Sorbonne.

“Son estos viajes los que la enfrentan a la discusión internacional en torno a la problemática de la mujer, en un momento histórico de gran efervescencia en relación al tema”.

Diamela Eltit, “Crónica del Sufragio Femenino en Chile”, SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer), 1994.

 

“Círculo de Lectura”

Una vez de regreso en Chile, en 1915, Amanda Labarca creó esta instancia de encuentro, que marcó un cambio radical en los movimientos femeninos. Hasta entonces, las mujeres se agrupaban en torno a labores de beneficencia en organizaciones como la Cruz Roja o la Fundación Gotas de Leche, que ayudaba a los más necesitados.

En cambio, el “Círculo de Lectura” nació según las normas de los “Readings Clubs” existentes en Estados Unidos y, según la autora del libro mencionado anteriormente, “promovía el perfeccionamiento cultural de la mujer, mediante charlas y conferencias para así ubicarla en el panorama de las problemáticas contemporáneas. A estas reuniones llegaban mujeres pertenecientes a sectores medios y acomodados de la capital”.

La escritora Diamela Eltit cuenta que en el interior del “Círculo de Lectura” surgieron diferencias entre sus miembros:

“Es así como en 1916, una fracción crea el “Club Social de Señoras”, bajo el liderazgo de Delia Matte de Izquierdo, que convoca a mujeres de clase alta, preocupadas por las limitaciones culturales y sociales que les impone su rol. Entre las participantes destacadas está la escritora Inés Echeverría Larraín, conocida bajo el seudónimo de Iris, quien señala así las motivaciones que mueven al Club de Señoras: “Con nuestra mayor sorpresa han aparecido unas mujeres perfectamente educadas, con títulos profesionales, mientras nosotras apenas sabemos los misterios del Rosario”. “Entonces, sentimos el terror de que si la ignorancia en nuestra clase se mantenía dos generaciones más, nuestros nietos caerían en el pueblo y viceversa…” y añade “Se está realizando una rápida evolución dentro de mi propia generación, y a nosotras nos cabe la honra de ser las primeras mujeres que abrimos la vieja jaula colonial”

Diamela Eltit, “Crónica del Sufragio Femenino en Chile”, SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer), 1994.

 

En este libro, explica que “tanto el Círculo de Lectura como el Club Social de Señoras incorporarían temas inéditos hasta entonces en las organizaciones femeninas, como la preocupación por las condiciones específicas en las que se desenvolvía la mujer y la desigualdad ante la ley imperante”. Incluso el Círculo llegó a tener un periódico llamado “Acción Femenina”, que tuvo una destacada participación en la lucha por la obtención del sufragio universal.

Así en 1916 comenzaba a gestarse un nuevo escenario para la mujer. Y en ese mismo año, Amanda Labarca era nombrada directora del Liceo de Niñas N°5 “Rosario Orrego” de Santiago, designación que rechazó el Partido Conservador por considerar que tenía un carácter liberal e independiente. Pese a ello, fue ratificada por el Presidente Juan Luis Sanfuentes.

Tres años después fundó el Consejo Nacional de Mujeres, cuya preocupación central era la obtención de una mayor justicia social para ellas. Como su presidenta, Labarca solicitó formalmente los derechos civiles y políticos. Cumplió, en parte, su objetivo con la promulgación del decreto ley del 12 de marzo de 1925 que levantó las incapacidades legales de las mujeres, pues hasta ese momento la condición de las chilenas era equivalente a la de un menor de edad.

 

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Foto: Gentileza Museo de la Educación Gabriela Mistral

Primera académica universitaria

Cuando Amanda tenía 36 años, consiguió lo que ninguna mujer en Chile ni en Latinoamérica había logrado: hacer clases en una universidad. En 1922, fue nombrada profesora extraordinaria de Sicología de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación de la Universidad de Chile.

La importancia del cargo fue celebrada en un homenaje que le brindaron académicos, mujeres y estudiantes, acto al que asistió el Presidente de la República, Arturo Alessandri Palma, y el entonces presidente de la Sociedad Nacional de Profesores, Pedro Aguirre Cerda.

Al año siguiente, fue ascendida al cargo de profesora ordinaria de la Facultad de Filosofía y Humanidades y, por lo tanto, pasó a ser miembro activo de la comunidad educativa. Ideó las Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile, las que hasta hoy permanecen vigentes, y formó parte del Consejo de esa casa de estudios.

Más tarde, en mayo de 1931, fue nombrada delegada del Presidente de la República en el Consejo, cargo que ejerció durante 20 años. Ese mismo año asumió como Directora General de Educación Secundaria. Su labor fue próspera: impulsó la fundación, el 28 de marzo de 1932, del Liceo Experimental Manuel de Salas, el cual estuvo presidido por un Consejo integrado por ella misma, Irma Salas, Guillermo Mann, Darío Salas y Arturo Piga. Este Liceo -el primero en admitir de manera mixta a varones y mujeres a la enseñanza secundaria en Chile- pasó a depender de la Universidad de Chile en 1942.

 

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Foto: Gentileza Museo de la Educación Gabriela Mistral

Defensora del sufragio femenino

La vida de Amanda Labarca transcurrió entre la actividad docente y la causa por la emancipación de la mujer chilena. Diamela Eltit en “Crónica del Sufragio Femenino en Chile” señala en forma muy asertiva que ella fue “representante de lo que hoy se podría denominar feminismo igualitario”, es decir, paridad social entre hombres y mujeres.

Militante del Partido Radical, fue vicepresidenta de la Asociación de las Mujeres Universitarias, en 1932, y al año siguiente se convirtió en una de las fundadoras del Comité Nacional pro Derechos de la Mujer, creado junto a Elena Caffarena y otras mujeres.

Desde instancias como éstas promovía la lucha por la obtención del voto femenino, cuyo primer logro fue el derecho a voto en las elecciones municipales, otorgado en 1934.

En 1944 fue electa Presidenta de la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), organización que aglutinaba a todos los movimientos y agrupaciones femeninas del país, con miras a la obtención del voto amplio para las chilenas.

En esa época comenzó a gestarse su libro “Feminismo Contemporáneo”, publicado en 1947 por la Editorial Zig Zag, en el cual señaló:

”Mientras menos personas acudan a los comicios, porque son analfabetos, indiferentes o ausentistas, o, porque a la mitad de la población –constituida por los elementos femeninos- se le prohíbe votar, más febles serán las bases del gobierno y más próximo estará a convertirse en dictadura de unos pocos. Los intereses de un grupo reducido acallarán los anhelos generales (…) EI hábito no hace al monje. No basta rotularse de república democrática. Precisa que lo sea de verdad, aumentando y mejorando continuamente sus bases, ampliando el sufragio a un número siempre creciente de ciudadanos y educándolos a todos hombres y mujeres- en sus responsabilidades ante la vida nacional.

Si con la participación femenina, la mayoría tendiese hacia la derecha, lo deploraríamos todos cuantos somos izquierdistas; más, acatando los principios y fundamentos democráticos, trabajaríamos por superarla por medio de una acción inteligente, de una persuasión traducida en hechos que aliviasen el sufrimiento popular y que proveyesen al bienestar de todos para atraernos de nuevo el favor perdido. En esa lucha correcta y legal entre las mayorías y minorías radica la posibilidad de progreso de una democracia”.

La conquista del sufragio femenino tuvo lugar en 1949, año en el que se les concedió el derecho a voto para las elecciones presidenciales y parlamentarias. Participaron por primera vez en una elección presidencial en 1952, oportunidad en la que fue electo Carlos Ibáñez de Campo.

Embajadora en Naciones Unidas

Amanda Labarca también tuvo una destacada presencia a nivel internacional. En 1925 asumió la tarea de ser la representante chilena ante el Consejo Interamericano de Mujeres. En 1946, durante el gobierno de Gabriel González Videla, Chile la acreditó como delegada plenipotenciaria a la Primera Asamblea de las Naciones Unidas, y en 1948 y 1949 fue jefa de la Comisión Estatus de la Mujer, en el mismo organismo internacional.

Durante todo este tiempo, estuvo ligada estrechamente a la Universidad de Chile hasta que jubiló, en diciembre de 1955. Ocho años después sería designada Profesora Emérita de la Facultad de Filosofía y Educación, un importante grado académico sólo concedido a muy destacados profesionales. En todo caso, continuó con sus actividades políticas: en 1961 creó la Liga Cívica Femenina y, en 1967, la Confederación de Organizaciones Femeninas, que presidió hasta 1970.

En 1969 fue designada miembro de la Academia de Ciencias Políticas, Sociales y Morales del Instituto de Chile, y en 1971 fue designada directora honoraria de la Comisión Nacional Chilena de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Cultura y la Ciencia (UNESCO).

La Universidad de Chile en 1976 –un año después de su muerte- fundó en su memoria el Premio “Amanda Labarca”, destinado a reconocer los méritos de una mujer universitaria una vez por año.

Su antiguo jefe, el ex rector de la Universidad de Chile, Juvenal Hernández, la describió en 1975 como sigue: “Es una de las mujeres de más talento que ha producido este país… fue historiadora de la educación, gran maestra, profesora de Filosofía y de Psicología, escribía en la prensa permanentemente, intervenía en el Partido Radical, recibía en su casa. No había profesor eminente que llegara a Chile que no estuviera en la tertulia de Amanda Labarca… Es una mujer extraordinaria. Yo espero que la historia de esta mujer tendrá que hacerle justicia en la forma que merece”.

(www.memoriachilena.cl/ Jaime Caiceo Escudero, “AMANDA LABARCA: SU PREOCUPACIÓN POR LA LITERATURA, LA EDUCACIÓN Y LA MUJER”, Revista HISTEDBR On-line, Campinas, nº 64, p. 4-20, set2015 – ISSN: 1676-2584)

 

Amanda Labarca y su pensamiento educativo

A partir de su obra –escribió numerosos textos sobre pedagogía (Nuevas Orientaciones de la Enseñanza, Evolución de la Segunda Enseñanza, Historia de la Enseñanza en Chile, Bases para una Política Educacional, Nuevo Silabario Americano, entre otros)- se puede concluir que su preocupación permanente fue la educación de su país.

“Su interés está en hacer que la educación en Chile sea más democrática, es decir, se universalice, especialmente la educación secundaria; que haya experimentación educativa en el país para mejorar las metodologías de enseñanza; que los estudiantes reciban una sólida formación moral libertaria y laica. Para comprender mejor lo anterior recurre a la historia de la educación -tanto en Chile como en Estados Unidos- y aspira a que gracias a la educación la sociedad se fortifique en los ideales democráticos, sea más colaboracionista y que sus miembros, al estar más educados, sean agentes de progreso en fraternidad social, cooperativa y solidaria y alcancen un desarrollo físico y moral íntegro. Postula que el fin de la educación es la consecución de la felicidad colectiva. Como se puede desprender de lo anterior, la pedagogía de la Escuela Nueva, especialmente de Dewey, está claramente presente, como, al mismo tiempo, sus principios masónicos.

Amanda Labarca debe ser considerada como una de las mujeres más sobresalientes del siglo XX. Mujer de ideales progresistas, democráticos y laicos, por ende, de tendencias radicales, aspiró y ayudó al progreso de una educación para todos, así como por una sociedad igualitaria”.

(Jaime Caiceo Escudero, “AMANDA LABARCA, IRMA SALAS Y MABEL CONDEMARÍN, TRES EDUCADORAS LAICAS Y FEMINISTAS DEL SIGLO XX EN CHILE”, Rev. Teoria e Prática da Educação, v. 13, n. 1, p. 105-116, jan./abr. 2010)
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