En el Aula

Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infantil: “LAS TECNOLOGÍAS ESTÁN CAMBIANDO EL CEREBRO Y LA MENTE DE LOS CHICOS”

26/05/16 por reveduc

Palabras de la directora general del Instituto de Capacitación AGL y presidente del Instituto de Neurociencias Aplicadas a la Educación y Salud Mental del Niño (INASMED) en el seminario “Cerebros en la era digital”, efectuado el  12 de mayo de 2016 en Fundación Telefónica y organizado por Grupo Educar.

Simón 2

¿Qué hay de cierto en que las tecnologías digitales están transformando el cerebro?

“Estamos inmersos en el fenómeno de la revolución digital, que ha crecido de manera exponencial y nos ha dejado una evidencia: la vida no pasa delante de nosotros. La vida nos penetra y nos transforma. Esta nueva cultura digital nos está transformando, pero ¿qué es lo que transforma? Indudablemente nos transforma enteros, pero sobre todo nuestro cerebro.

Si un abuelo de 80 y tantos años decide subirse al carro digital todavía tiene la oportunidad de transformar su cerebro y si se vuelve un ávido consumidor de tecnologías digitales, a los 90 su cerebro ya no será el mismo.

Pero quien transforma su cerebro más rápidamente es el niño. Esa transformación es más veloz, más radical y probablemente más indeleble mientras más pequeño sea el consumidor de tecnología digital. Esto es muy importante tenerlo presente”.

¿Es un fenómeno que alcanza a todos?

“Nosotros estamos inmersos en esta revolución digital, desde el momento que tuvimos en nuestra cartera, o los varones en su bolsillo, el pesado ladrillo Nokia hasta ahora que tenemos un ligero Samsung 7s o un Iphone. No han pasado tantos años, pero se ha transformado el mundo.

Sin embargo, aún hay un 60% de la población mundial que no está en este carro, que todavía no participa de la revolución digital. Alrededor de 4.000 millones de personas no tienen acceso a internet y, por lo tanto, es muy importante y quisiera aquí enfatizar esta idea: el fenómeno de la revolución digital está contribuyendo a la inequidad.

Me parecen interesantes los esfuerzos que están haciendo los gobiernos de distintos países, incluido el nuestro, en inclusión digital de manera de disminuir la brecha y no aumentarla, porque de lo contrario vamos a tener niños en el planeta que ignoran completamente lo que es internet y que van a tener un cerebro muy primigenio, de pre-siglo 21, y otros con un cerebro siglo 21. Ése es un fenómeno que nos debiera hacer pensar”.

¿Para qué sirven las tecnologías digitales?

“Aquí tenemos que considerar dos vertientes: la primera es la entretención, podríamos decir que tenemos un equipo de “nanas muy eficientes” que entretienen a los niños en casa y que son las diversas tecnologías digitales. Pero, existe otra vertiente que es la educativa, que hoy día está haciendo una verdadera revolución y contribuyendo ampliamente a la inclusión, no solo en cuanto a la diversidad de niños, sino en términos de acortar las brechas entre niños, docentes y adultos.

Estamos ante un fenómeno maravillosamente democrático: los niños son docentes de sus docentes. En otros momentos, el docente sigue siendo un docente.

En esta transformación digital, indudablemente el adulto es un mediador. Quisiera insistir en la necesidad de que no desaparezca de escena. En la medida que sea un mediador intencionado, creo que las cosas van a ser más amables. Quisiera poner énfasis en esto: el peligro en el cambio cerebral del niño pequeño está en que este cambio se dé a solas, vale decir, que el niño haga una inmersión digital solitaria porque ese proceso va a ser deshilvanado, fragmentado y quizá tenga un impacto más negativo que positivo en su mente”.

¿Qué pueden provocar las tecnologías digitales en el cerebro de niños pequeños? ¿Qué factores se deben considerar?

“Las mamás siempre me preguntan: “Doctora, ¿cuántas horas lo dejo con videojuegos? ¿Le compro la Xbox o no? ¿Lo meto en un curso extraprogramático de inglés o en un encuentro de robótica? ¿Qué será lo mejor para él?” Ella está pensando a nivel preconsciente que su niño va a ser un adulto en el 2040 ó 2050. Ésa es una pregunta válida para la cual no siempre tengo respuestas. Ninguno de nosotros las tiene, porque estamos inmersos en este fenómeno de la revolución digital. Y como dijo alguien: “Los árboles no dejan ver el bosque, si tomamos distancia lo podemos ver”. Entonces, tratemos de ver algo en este escenario un poco confuso en el cual estamos.

¿De qué factores dependen estos cambios cerebrales? Sin duda, de la edad. Todo lo que le ocurre a un niño pequeño, es indeleble y radical. En esto insisto mucho cuando hago clases a los profesores, sobre todo a las educadoras de párvulos: deben tener presente que cada segundo en que ellas actúan e interactúan con sus niños están produciendo cambios radicales e indelebles. ¡Qué tremenda responsabilidad!

Cuando yo tenía 8 ó 9 años, mi exposición a una pantalla era el domingo a las 3.00 de la tarde en el cine parroquial, y de allí hasta la próxima semana. Si yo veo hoy día la exposición a la pantalla de un niño, indudablemente ha crecido de manera exponencial. Ya no es a las 3.00 de la tarde en el cine parroquial, es cuando él quiera, cuando él lo decida y cuando sus padres se lo permitan. Por lo tanto, aquí vemos un gran cambio en los tiempos de exposición.

¿Cuáles son los peores tiempos? Aquellos que rompen el ciclo circadiano, vale decir, que rompen el esquema natural cíclico del día y la noche. En el niño -y en el adulto también- la noche es muy importante y está hecha para dormir, apagar la luz y ojalá que todo lo luminoso quede lejos de los ojos. ¿Por qué razón? Porque cuando nos vamos a dormir, el sueño es favorecido por la liberación activa de melatonina y la melatonina se libera por la glándula pineal sólo si hay oscuridad. En cambio, cuando tenemos una pantalla luminosa frente a nuestros ojos, la melatonina inmediatamente se inhibe, la glándula pineal ya no la produce.

Por lo tanto, si apagamos la luz después de haber tenido mucha exposición a una fuente luminosa, nos va a costar enormemente quedarnos dormidos. Y lo más grave: vamos a dormir con poca melatonina. Eso significa dormir a saltos, en un sueño superficial y lo peor, la función détox de la melatonina, que es arrastrar los radicales libres y sacarlos fuera del organismo, no va a funcionar y nos vamos a levantar llenos de toxinas. Si tengo 7 u 8 años, eso puede ser más complicado que si le pasa a mi mamá o mi papá, porque a esa edad estoy sometido a un esfuerzo físico e intelectual mayor que el de ellos. El colegio exige mucho más a un niño que el trabajo a un adulto, aunque ustedes no lo crean. Por lo tanto, el tiempo de exposición es fundamental”.

Amanda Céspedesok

¿Qué rol juegan los adultos en esto?

“Quiero poner énfasis en lo siguiente: los adultos debemos prepararnos para hacer acompañamiento intencionado a los niños. Llevo 30 y tantos años de profesión y si tuviera que dar una opinión negativa, pesimista, de lo que es la educación, diría: lo peor son los adultos.

Ocho de 10 adultos no saben hacer acompañamiento intencionado a los niños en ningún área, ni en la educación emocional y por eso escribí hace algunos años el libro “Niños con Pataletas” sobre cómo educar las emociones. No saben hacer acompañamiento cognitivo ni acompañamiento adecuado a la edad.

Aquí, en el ámbito de las tecnologías digitales, es imprescindible hacer un acompañamiento adulto intencionado”.

¿Qué tan riesgosa es la exposición temprana a pantallas digitales?

“En primer lugar, es necesario preguntarnos qué está ocurriendo en el cerebro del niño antes de los cinco años. Esto es clave, porque cuando se transforma el cerebro, vale decir, el órgano, se transforma la mente. Y el cerebro es dinámico, hace sinapsis, poda sinapsis, de manera que lo que le ocurre al cerebro le ocurre a la mente. ¡Las tecnologías están cambiando el cerebro y la mente de los chicos!

Se calcula que el menor de cinco años tiene 300 billones de neuronas. ¿Dónde está la mayoría de ellas? En el hemisferio derecho. Si dictara clases en pregrado en las escuelas de párvulos, haría una asignatura de por lo menos dos o tres semestres llamada: “El hemisferio derecho en el párvulo”. No puede ser que las educadoras de párvulos salgan muchas veces de la universidad sin conocer esta maravilla de órgano cerebral. Allí está la mayoría de las neuronas. ¿Y están al servicio de qué? De las metas cognitivas. Uno de los impactos importantes de la tecnología digital es sobre la mente cognitiva y obviamente también sobre la mente socioemocional, pero la mente cognitiva cambia muchísimo.

Veamos algunos de estos impactos. ¿A qué ha venido el niño los primeros cinco años de la vida? Su meta es enriquecer la capacidad comunicativa, que es un patrimonio humano. Y ese patrimonio no debiera perderse, debiera continuar siglo tras siglo. Dentro de la capacidad comunicativa uno de los códigos es el verbal y es muy útil, muy importante. Para los niños con parálisis cerebral y con otros trastornos neurológicos severos, es una felicidad tener un código alternativo que, en muchos casos, es un código digital. Pero los niños sanos necesitan desarrollar el lenguaje verbal y aquí un elemento fundamental es el derecho del párvulo a aprender de la experiencia directa.

Acerca de enriquecer la capacidad comunicativa podemos decir lo siguiente: el niño nace y ya es experto en usar la mirada para leer claves de contexto. El recién nacido tiene un solo contexto: la mamá y ¿qué es lo que más mira?, su rostro. Es impresionante la cantidad de información que obtiene para la vida mirando el rostro de la mamá. El primer libro que lee al nacer es el rostro de la madre. ¡Ése es su primer texto! Y lo hace a través de la mirada, de manera que el uso de la mirada para leer claves de contexto es crucial. Luego, viene el ajuste de la conducta al contexto. A partir de los tres años, ya se puede llevar a un niño a Misa y no dejar exasperado al curita corriendo por el altar.

Un exceso de exposición temprana a una pantalla, ya sea una tablet o smartphone, altera el uso de la mirada como código comunicativo. El niño que comienza a mirar la pantalla por horas, empieza a perder la capacidad maravillosa de hacer sinapsis en la corteza parietal del hemisferio derecho y en la corteza occipital para poder mirar rostros. Eso es lo que necesita el niño: ¡mirar muchos rostros!

A mayor cantidad de horas que un niño antes de los cinco años de edad mira pantallas, es probable que pierda la capacidad de leer claves comunicativas de contexto. Y entonces nos estamos encontrando con un aumento impresionante de niños diagnosticados como Asperger, que no leen claves de contexto, no mentalizan. El elemento central del Asperger es precisamente la dificultad de mentalización.

Muchos niños llamados Asperger hoy día corresponden, según el nuevo DSN 5 (sigla en inglés del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), a trastornos de la comunicación social”.

¿Dónde se están generando los miles y miles de niños con trastornos de la comunicación social?

“No tengo respuesta, pero tengo hipótesis. ¿Con quién se aprende a compartir? Con otro, con el hermano en la casa o el par en el aula. ¿Con quién se aprende a respetar turnos? Con otro, que me permite desarrollar habilidades para ello.

El lenguaje verbal es un tema que me apasiona. Uno de los temas que más he investigado en educación es la emergencia del lenguaje verbal. La lectura exitosa o dicho de otra manera, la alfabetización exitosa de un niño que ingresa a primero básico se labra 2.000 días antes de entrar a la escuela. El entrar a primero básico es el segundo tomo del libro, porque el primero se escribió 2000 días antes. ¿Y cómo se escribió? Con elementos muy particulares.

¿Cuáles son esos elementos? Me refiero a las narraciones, los cuentos, las rimas, las canciones. De esta forma, el niño aprende antes de cumplir 5 años que los adultos hablan dos lenguas:

  1. La fáctica: “vaya a lavarse las manos”, “vaya a acostarse”, “apague eso” o “entre que hace frío”. Ésa es una lengua de los hechos, fáctico.
  2. La lengua del relato o del cuento: “Érase una vez en una comarca muy lejana…”. Aquí el niño entra en la comarca de la fantasía. Aquí se está gestando un éxito académico.

 

Yo siempre digo: “Qué absurdo es que un papá le exija a una profesora que enseñe a su hijo a comprender El Quijote si él le regala las siete versiones del play station”. Entonces desde que llega del colegio, a las 4.00 ó 5.00 de la tarde, hasta las 11.00 de la noche está jugando play station. Y luego el papá reclama porque se sacó un 3.0 en El Quijote. La profesora debería decirle: “Ayudándolo a sentir, señor. Usted es el que cometió el error”. Tenemos que equilibrar. Yo no digo fuera la revolución digital porque ya llegó y llegó para quedarse y nos está transformando.

Les aseguro que un niño a los 4 años, si el papá lo invita a subir el cerro, va a preferir eso en vez de jugar al Xbox o play station. Ahora si el papá lo acosa a preguntas incómodas durante la subida al cerro: ¿cómo te fue en matemáticas?, ¿por qué te sacaste esa nota?, etc. no va a querer ir más. A menor actividad física, se resiente el aparato músculo esquelético y lamentablemente, la inteligencia”.

¿Cómo se puede motivar a los alumnos en la sala de clase?

“El núcleo Accumbens -ubicado en la base del cerebro, en la corteza temporal profunda- es el circuito responsable de que nosotros seamos capaces de disfrutar. A mayor evolución en la escala zoológica, las fuentes de disfrute son más sofisticadas. Una tortuga disfruta un tomate y nosotros, una conversación o una fiesta.

¿Qué pasa cuando vivimos una experiencia placentera? Se activa el núcleo Accumbens, liberamos una sustancia llamada dopamina y nos dan ganas de repetir la experiencia. ¿Por qué? Porque es muy gratificante.

Niveles adecuados de actividad del núcleo Accumbens hacen que los niños estén tremendamente motivados por algo.

Ésta es la tragedia de muchos profesores: ¿cómo motivo a mis alumnos? Yo les digo:

– Dales dopamina.

– ¿Dónde se vende?, me preguntan.

– No, tú eres una maravillosa fuente de dopamina, sólo que no lo sabes. Tienes que cambiar la forma de hacer clases, tienes que preguntarte por qué enseñas, qué se te pasó por la mente cuando decidiste ser profesor. Y cuando te respondas esas cosas vas a ser un liberador de dopamina en tus alumnos.

Las tecnologías digitales estimulan intensamente la liberación de dopamina, pero su uso excesivo conlleva el riesgo de sobreactivar el circuito de la recompensa y se produce la adicción. He visto niños sentados en la punta de la silla, comiéndose las uñas en forma compulsiva. Les digo: “Yo sé lo que te está pasando, te quieres ir a jugar videojuegos”; aquí el núcleo Accumbens está muy activado en un momento en que ya se está gestando la adicción.

El problema es que toda adicción agota las reservas de dopamina. Eso mismo pasa con los juegos de azar. ¿Y qué aparece? Una enfermedad psiquiátrica muy grave, a veces irreversible: la distimia. Sólo en el último tiempo, los psiquiatras han empezado a reconocer que es una enfermedad social, no biológica. La sociedad actual está creando legiones de distímicos y las redes sociales pudieran estar haciéndolo también”.

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