Convivencia

AL RESCATE DEL PATRIMONIO CULTURAL Y MEDIOAMBIENTAL

14/12/16 por reveduc

La idea que impulsa la Escuela Palestina de Chillán, mediante sus talleres escolares, es acercar a sus alumnos a las raíces de la región, para que ellos no olviden su cultura, los orígenes, inculcándoles además, el respeto por el medio ambiente y su entorno. Este proyecto innovador hizo que desde este año el colegio sea parte de las 100 Escuelas Líderes de Educación en Pobreza, iniciativa que impulsa Fundación Educacional Arauco, Fundación Minera Escondida, Fundación Chile y diario El Mercurio.

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La Escuela Palestina data de 1949. Comenzó sus labores en una pequeña casa arrendada a don Luis Muñoz, por el Centro de Padres y la Junta Vecinal Nº 6  “Santa Elvira Barrio Patrimonial”, ubicada en la calle Sotomayor esquina Freire en el centro de Chillán. Al principio, eran apenas 42 alumnos. En 2001 la Municipalidad de Chillán postuló a la “Reposición con Ampliación de la Escuela”, en el contexto de la jornada escolar completa. Con este avance, mejoró su infraestructura y en 2008 inauguró el nuevo edificio que posee hasta hoy y que alberga a 200 alumnos.

Con el propósito de fortalecer y fomentar la valoración del patrimonio cultural y medio ambiental de su entorno, a partir de marzo del 2015 impulsó en sus aulas el proyecto “Unidos por el patrimonio y el medio ambiente”, que pretende restablecer el patrimonio local en la comunidad y a través de talleres y actividades relacionadas como visitas a museos y a lugares históricos.

Por la contribución de este proyecto a la región, el establecimiento seleccionado este año para integrarse a la Red de Escuelas Líderes de Educación es Pobreza, iniciativa impulsada por Fundación Educacional Arauco, Fundación Minera Escondida, Fundación Chile y el diario El Mercurio y que involucra a 100 establecimientos a lo largo del país.

Para la Escuela Palestina éste ha sido un premio a todos los esfuerzos y  trabajo para mejorar la calidad educativa. “Nos han abierto las puertas para conocer y compartir experiencias pedagógicas innovadoras entre colegios de similares características socioeconómicas”, relata Carlos Fernández Figueroa, director de la escuela.

AL RESCATE DE LA HISTORIA

La Unidad de Patrimonio de la Municipalidad de Chillán organiza, desde el 2012, durante el mes de mayo un encuentro para celebrar al  barrio Santa Elvira, el cual data de 1835, cuando las primeras familias emigraron desde zonas rurales, como San Nicolás, Ninhue y San Carlos entre otros. Se estima que en la actualidad, viven más de cuatro mil vecinos en ese sector.

En el evento los vecinos exponen fotos y registros antiguos del patrimonio tangible de la comunidad. Cabe señalar que el barrio es el vestigio arquitectónico más antiguo que queda después del terremoto de Chillán ocurrido en 1939. Y a partir de esa celebración nació la idea de la Escuela Palestina, de incorporar al currículum acciones  de rescate patrimonial y fortalecimiento de la identidad, ya que un 85% de sus estudiantes vive en esa zona.

Un grupo de estudiantes de 6º y 8º básico hacen las funciones de guías patrimoniales. Acompañados por docentes y apoderados,  se encargan de llevar a sus compañeros de prekínder, 1º y 2º básico al paseo llamado “Reconoce tú barrio”. En esta salida reconocen arquitectura típica, almacén las Panchas, canal de la luz, “Los coihueco”, capilla Santa Clara y el restaurante “Ondel’ Pala” que data desde 1967, y es famoso por su comida típica.

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En la misma línea, se organizan salidas ligadas a la historia regional, como por ejemplo, al Museo Claudio Arrau, Catedral de Chillán, Murales de Siqueiros, Iglesia San Francisco y Santo Domingo, Teatro Municipal museo Santuario Cuna de Prat, en Ninhue y Parque Isidora Cousiño (Parque de Lota), Museo Histórico del Carbón, Pueblito Minero del Siglo XIX y Mina El Chiflón del Diablo, en Lota etc.

“Para mí es importante conocer el patrimonio, porque es parte de nuestra historia y sin él no sabríamos quienes somos ni de dónde venimos”, señala Damaris Bugueño Cornejo, alumna de 6º básico.

Además, para acercar a los alumnos a su entorno y que aprendan a cuidar el medio ambiente, la escuela contempla dos talleres semanales, de dos horas pedagógicas, para los alumnos de 1º a 8º básico. “En esas horas hacen afiches para promover el cuidado y la prevención. Además tenemos una brigada escolar, que cultiva la tierra y cuida las plantas. Se implementó un vivero y una brigada ecológica que se dedica adornar el entorno de la escuela”, comenta el director.

Toda la comunidad educativa del colegio colabora en estos talleres, incluso cuentan con el apoyo de la Universidad del Bío-Bío, la junta de vecinos  nº6 y el Departamento de Educación Municipal y la Unidad de Patrimonio de Municipalidad de Chillán.

En alianza con la Universidad del Bío-Bío: un nuevo proyecto

La escuela solicitó, a la institución académica y al Departamento de Educación Municipal (DAEM) colaboración para hacer un estudio a las aguas de la antigua vertiente de Santa Elvira, con el fin de demostrar que al menos el agua de la vertiente posee las características químicas y microbiologías necesarias para ser bebidas sin riesgo para la salud de la población.

La Universidad del Bío-Bío proporcionó microscopios a los alumnos del taller de Ciencias y además, ha facilitado sus laboratorios para que los niños aprendan a hacer observaciones y comprendan la importancia que tiene preservar los recursos naturales. Esto ha facilitado la investigación sobre la existencia de contaminación en las aguas y si es factible o no el consumo por parte de la población.

“Estas aguas son protagonistas de muchos recuerdos de mi familia y de varias generaciones de familias de Chillán. Mi mamá me cuenta que antes se veían pececitos en él y muchas veces los vecinos  tomaban agua de la vertiente, cuando en sus casas no había”, comenta Noelia De la Fuente, estudiante de 8º básico.

El proyecto llamado “Calidad de las aguas no potables de Santa Elvira”, involucra a docentes de la carrera de Pedagogía en Ciencias Naturales y a dos doctores en Bioquímica de la Universidad del Bío-Bío, junto a la profesora de Ciencias de la Escuela Palestina, Paula Mangado.

Con estos talleres, los alumnos de la escuela han logrado cambiar sus hábitos y costumbres: respetan los espacios comunes; cuidan el mobiliario, sus materiales escolares y los libros de la biblioteca; y las salas están más limpias que antes.

Los apoderados han ayudado a mantener el desarrollo de los talleres. Colaboran con la donación del aserrín, el cual mantiene la humedad adecuada para la descomposición de los desechos orgánicos y además proporcionan desechos verdes desde sus casas, para las tres compoteras (tipo de tierra hecha a base de desechos orgánicos) de la escuela. “Esperamos mantener y potenciarlo porque es parte de nuestro sello como colegio, ya que somos una escuela pública inserta en un barrio patrimonial que respeta el medio ambiente y la convivencia de toda la comunidad escolar”, concluye Carlos Fernández.

 

 

 

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